6 may. 2013

En Mayo con María - Reflexión y Flor Día 7


Nada más cierto que el pecado original, decía el gran convertido Chesterton; basta ver las consecuencias físicas y morales en el mundo. No hay necesidad de comprobarlo. Cuando hay cualquier desgracia, desastre podemos siempre decir; es la causa del pecado original.

La concepción de María fue inmaculada. La Virgen María fue concebida por Joaquín y Ana, los padres según una antiquísima tradición.
A la Virgen María, en el momento de su concepción, Dios impidió que el pecado original manchase a aquella criatura de excepción por la excepcional misión que el Señor le confiaría.





El "Ángelus" 

El rezo del Ángelus es muy antiguo; data del tiempo de Las Cruzadas, en los siglos XI y XII, en que los cristianos que marchaban a reconquistar la Tierra Santa se encomendaban a la Santísima Virgen rezando tres Avemarías por la mañana, al mediodía y al atardecer.

Más tarde, se introdujeron delante de cada Avemaría unas jaculatorias que recuerdan el momento más excelso de la historia, la Encarnación del Hijo de Dios.

Durante el tiempo Pascual (los días que siguen al Domingo de Resurrección) en lugar del Ángelus se reza el "Reina del Cielo", que nos recuerda la alegría de la Santísima Virgen por la Resurrección de su Hijo.

¡Qué gozada, a las doce en punto, en el momento central del día, unirte al Papa y a todos los cristianos, desde donde estés, para recordar a María el momento más grande de su vida! ¡Es un gran detalle con Ella! Ponte la alarma del reloj o algo que te lo recuerde, y dale esa alegría.

¡Madre mía, hasta las doce de todos los días!

Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.


Texto escrito por José Pedro Manglano Castellary (Sacerdote)



Adornar con esta sugerente flor el rostro de María es saber dar gusto con las cosas pequeñas de cada día. Es sacar chispa y jugo a cada hora y en cada minuto de cada día con el que Dios nos despierta.

El “pendiente de reina” simboliza el detalle y el buen hacer. Aquellos que nos decimos cristianos sabemos que lo extraordinario no reside en la apariencia ni en el escaparate sino que, por el contrario, intuimos y vemos que en la sencillez descansa el secreto de lo extraordinario.

María, con su pequeñez y humildad, supo señalarnos el camino que hemos de seguir los aventureros de Cristo para ser sus testigos: queriendo y amando las cosas de cada día como un servicio a los demás. Lo contrario nos llevaría simplemente a un hacer lo que queremos.

Por cierto, esta flor, cuando llega la noche se repliega sobre sí misma. Ojalá que el fruto de este mes de mayo sea precisamente lo contrario en nuestra vida cristiana: desplegarnos para ser testimonio de lo que llevamos y sentimos dentro.

Pidamos a María: NO AVERGONZARNOS DE MANIFESTAR NUESTRA FE



“La fe de los hombres queda sellada en sus  acciones, 
les modela sus facciones y les resplandece la mirada” 

(Santo Tomás de Aquino)


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