8 ago. 2013

¡A tiempo y a destiempo!

 
 
Elevaré mis ojos hacia el cielo
buscando, lo que en la tierra, los sentidos
no me dejan ver o percibir con claridad:
tu presencia, Señor.
 
Levantaré mis manos hacia Ti
porque, si las utilizo sólo para el mundo,
caeré en la simple actividad vacía de contenido,
pero sin señales de eternidad.
 
Abriré mi corazón y, con él, mis entrañas
para que, en diálogo sincero contigo,
me digas qué camino elegir,
por dónde y cuándo avanzar,
de que equivocaciones retornar,
y  en qué he de cimentar mi vivir.
 
¡A tiempo y a destiempo!
Aunque, a primera vista no exista respuesta,
seguiré rezando y hablando contigo.
 
Aunque, pasen los días, y las nubes sigan presentes.
Aunque, discurran las noches, y las estrellas no brillen.
 
Aunque, amanezca la aurora, y el rocío no me sorprenda.
Aunque pida calma, y las tormentas, asolen mi alma.
 
¡A tiempo y a destiempo!
Confiaré en Ti, Señor, porque eres palabra que nunca falla.
Eres tesoro y eres vida, eres ilusión y eres esperanza.
 
Eres futuro y eres presente.
Eres amigo que, en la oración, consuela, levanta,
anima, recompone, fortalece y se entrega.
 
Contigo, Señor, hasta la muerte.
Contigo, Señor, a tiempo y destiempo.
Amén.
 
P. Javier Leoz

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