5 ago. 2013

Escritos de Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein


Hoy queremos recordar a Edith Stein, un ejemplo de entrega al Señor, un ejemplo de entrega a la Cruz.  

Queremos recordar el fondo mismo de su corazón en el que brotaba la semilla de la generosidad y servicio a la humanidad. Un corazón que revelaba la búsqueda de un alma buena, de un alma que en sus primeros años de vida no conocía a Dios pero que, sin embargo, ante el sufrimiento ajeno, se hace solidaria. 


 La muerte le causaba siempre un impacto interior muy grande, porque le hacía sentir la urgencia de dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida. Sus estudios filosóficos no eran capaces de llenar su alma, ni de calmar su deseo de una verdad más profunda, más completa. 

Al leer la biografía de Santa Teresa de Jesús, Edith Stein que era judía se convierte al catolicismo. Ella reconoce, admirablemente, que su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como Católica, lejos de robarle su identidad como Judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser Católica se siente mas Judía; encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como Judía. Este doble aspecto, crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones. 


Edith empieza un periodo de apostolado fecundo y de un alcance impresionante.

La situación en Alemania empeora y después de varios tormentos y humillaciones indescriptibles, el 7 de agosto, apenas salido el sol, Edith y su hermana, junto con unos mil judíos, son trasladados una vez más. Su destino es Auschwitz. Llegan al campo de concentración el mismo 9 de agosto y los prisioneros son conducidos inmediatamente a la cámara de gas. Es ahí donde Edith encuentra la culminación de su ofrecimiento como Esposa de Cristo. Muere como mártir, ofreciéndose como holocausto para la salvación de las almas, por la liberación de su pueblo y por la conversión de Alemania. Con la oración de un Padrenuestro en los labios, Edith da el sentido mas pleno a su vida, entregándose por todos, por amor...


La cruz es el camino que conduce de la tierra al cielo.

Quien se abraza a ella con fe, amor y esperanza se siente transportado a lo alto, hasta el seno de la Trinidad.

El mundo está en llamas: ¿Deseas apagarlas?

Contempla la cruz: del Corazón abierto brota la sangre del Redentor, sangre capaz de extinguir las mismas llamas del infierno. Mediante la fiel observancia de los votos, mantén tu corazón libre y abierto; entonces rebosarán sobre él los torrentes del amor divino, haciéndolo desbordar fecundamente hasta los confines de la tierra.


Gracias al poder de la cruz puedes estar presente en todos los lugares del dolor a donde te lleve tu caridad compasiva, una caridad que dimana del Corazón Divino, y que te hace capaz de derramar en todas partes su preciosísima sangre para mitigar, salvar y redimir.

El Crucificado clava en ti los ojos interrogándote, interpelándote. ¿Quieres volver a pactar en serio con Él la alianza? Tú sólo tienes palabras de vida eterna. ¡Salve, Cruz, única esperanza!

Santa Teresa Benedicta de la Cruz

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