26 nov 2012

Una palabra para cada día de la Segunda Semana de Adviento 2012



2ª Semana de adviento: ¡CAMBIAD!



Lunes:  Cambia de actitud
 Hoy, al llegar del trabajo, mi hijo me abrazó y luego muy serio me preguntó:
 - Papá, ¿Dónde está Dios? 
 -En mi familia, en mis compañeros de trabajo, en el médico que me atendió en la clínica. En una persona me hizo un gran favor y se interesó por mí.
-Hoy Dios se hizo presente, cuando sentí la necesidad de confesarme
-Hoy Dios me vino a la memoria cuando ayudé a empujar una silla de ruedas. Cuando, me llamaron para ayudar económicamente. Al visitar un enfermo.
-Dios está en todas partes. Descubramos la presencia de Dios en todo lo que nos rodea y demos gracias a diario por su infinito amor. Es cuestión de no ser tan negativos, y en lo sencillo, darnos cuenta que el Señor anda muy cerca de nosotros.

“Hoy hemos visto cosas admirables”
(Lc 5,17-26)



Martes: Cambia de dirección.
El mundo de la técnica, nunca como hasta ahora, nos dado tantas oportunidades  para situarnos y no andar perdidos. Pero sorprende, por otra parte, como cada día en la prensa, surgen noticias de personas que se sienten desilusionadas, perdidas, sin horizontes: tienen de todo…y están perdidos. ¿Cómo puede ser posible con tanta brújula del bienestar, tantos seres humanos insatisfechos?
Llama la Navidad a nuestras puertas. Dejémonos encontrar por el Señor. Cambiemos de rumbo en aquello que sólo nos trae desdicha, mal humor, impaciencia o desencanto. Acordémonos de aquel viejo proverbio: “déjate querer y te querré” o “déjate encontrar y te encontrarás”
Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”
(Mt 18,12-14)
    

Miércoles: Cambia el cansancio.
Recientemente nos sorprendía una encuesta: un alto porcentaje de jóvenes no tienen motivaciones para seguir estudiando. Esto es serio. ¿En qué estamos fallando? Nos agobia la sociedad de la opulencia (¡tenemos todo tan fácil y tan al alcance de la mano!). Nos cansa el ocio, las fiestas, las idas y venidas, los amigos y el estudio, el trabajo. Hasta el vivir nos puede llegar a aburrir y cansar.
El Adviento es un tiempo de esperanza. Estas semanas nos ofrecen una serie de vitaminas que son imprescindibles para ser felices: la alegría (que no es la del payaso), el regalo de la paz interior (que no es el regalo del Corté Inglés), el optimismo de la fe (que no es la ilusión ni los maniquís de los escaparates).
Vamos a cambiar el cansancio por la paz que, Jesús, nos ofrece en su descendimiento hasta nosotros en Navidad. ¡Gracias, Señor! ¡Necesitamos tu venida! ¡Nos encontramos un poco hartos y agotados en este mundo!

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”
(Mt 11,28-30)


Jueves: Cambia de estatura.
Ser grande, a los ojos del mundo, no significa tener las puertas abiertas en el cielo. Al contrario: a mayor responsabilidad en la tierra, ¡más nos ha de exigir Dios por aquello que hicimos o no en su nombre o en favor de los demás! ¿En qué somos grandes? ¿Nos lo hemos preguntado alguna vez? ¿En qué somos pequeños? ¿Nos lo hemos planteado? ¿Queremos ser grandes para Dios o gigantes para el mundo?
En Belén, en la basílica de la Natividad, la puerta es tan pequeña que, para entrar, hay que agacharse, doblarse, humillarse, inclinarse. Y, sino, te quedas fuera.
La próxima Navidad, será grandiosa, no por las luces ni los dulces; será singular no por los belenes o adornos que ponemos en nuestras casas o calles. La Navidad será única e irrepetible y agradable ante los ojos de Dios si, como Juan Bautista, nos hacemos pequeños para reconocer su llegada. Pero…nosotros nos empeñamos en aparentar ser gigantones y, a veces, manejados, bailados y utilizados por el “don consumo”.


“El más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Por Juan Bautista)
Mt 11,11-




Viernes: Cambia de felicidad. ¡Para que pides!...Si no tienes fe en ti mismo... en la vida...¡ni en Dios!
¿Para qué felicidad y maravillas? Si tienes el mundo, que es un libro de sabiduría...
¡Y no sabes leerlo!
¿Para qué quieres estrellas...Si te falta la luz?
¿Para que pides felicidad….Si no te conviertes a ellas, si se te regateas la fe, si no le das lugar a Dios, si le reduces el espacio de tu corazón?
¿Si andas el camino y los acontecimientos, con las antenas cerradas?
Para qué decir: Señor... dame la felicidad...¿si no estas dispuesto a ser feliz...?
Es Adviento, dejemos que Dios nos envíe, con Jesús, un poco de felicidad.
Y que, la Navidad, sea una razón para dejar que, el corazón, baile, disfrute y pueda ser una gruta donde Dios nazca de verdad. ¿Lo intentamos? ¡Vamos a ello!

¿A quién se parece esta generación? …pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios”
Mt 11,16-19


Sábado: Cambia de “radar”.
Siempre y sobre todo, desde el carné por puntos, supone un riesgo el no respetar las reglas de juego que intervienen en el código de circulación.
Dios se duele una y otra vez, de la falta de sabiduría del ser humano para reconocer su presencia. Los profetas fueron maltratados, ninguneados,  algunos aniquilados y, Jesús mismo, llevado a una cruz.
El Adviento nos invita a comprar el “radar de Dios”. ¿Qué es el radar de Dios? Es aquella sensibilidad especial que nos hace percatarnos de que, el Señor, viene a nuestro encuentro. Que lo tenemos delante. Que va a nacer en una cuna.  Que, el amor que Dios nos trae, es la mejor medicina para un mundo enfermo.
Se acercó un discípulo a su maestro espiritual y le pregunto; ¿si subo a la montaña podré ver a Dios? ¿Sabéis lo que le contestó el maestro? Quita la montaña de tus ojos, la tierra de tus ojos, las piedras de tus ojos…y verás a Dios.
¿Qué debemos de quitar de nosotros para vivir de verdad el espíritu de la Navidad?

“Os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron….Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos”
Mt 17.10-13
         



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