19 ago. 2012

El apostolado... ¿una obligación?


San Marcos nos narra que el día de la Ascensión, Jesucristo dijo a sus discípulos: Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a todas las criaturas (Mc 16,15).

Jesús no lo dijo solamente para los once apóstoles que estaban ahí presentes, sino para todos los cristianos de todas las épocas. El Señor nos envía, a cada uno de nosotros, a evangelizar a los pueblos.

"Apóstol" significa “enviado”, así que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que todos los cristianos, por haber sido enviados a predicar el Evangelio, estamos llamados a ser apóstoles.

Tenemos la obligación de ser apóstoles desde el día de nuestro Bautismo y reafirmamos este compromiso el día que recibimos el Sacramento de la Confirmación. Que debemos ser apóstoles, no hay duda. Otra cosa es si de verdad lo somos.

¿Qué es lo que debe hacer un apóstol?

 Conocer

Un apóstol, como enviado, no debe representar sus propios intereses, sino los de Aquél quien lo envió. Como enviados de Jesucristo debemos, antes que nada, conocer qué es lo que a Él le interesa: a través del Evangelio, del Magisterio de la Iglesia, del Catecismo, de la oración. Cuanto mejor conozcamos a Jesucristo y su mensaje, mejor podremos cumplir nuestra misión.

 Vivir

No basta con conocer el Evangelio, también debemos ponerlo en práctica. Los cristianos tenemos que proclamar el Evangelio, ante todo, viviéndolo. El testimonio es lo que convence a los hombres y es el mejor medio para anunciar el mensaje de Cristo.

Transmitir

Transmitir, es la tercera misión del apóstol. Con nuestro ejemplo, con los hechos, y por la palabra, hablando de Jesucristo, predicándole a los hombres: enseñándoles cuán feliz puede uno ser, siendo seguidor de Cristo.

Conocer el Evangelio, vivirlo, transmitirlo, son las tres misiones del apóstol.

Si el mundo entero todavía no es cristiano al cabo de 2000 años, no se debe a que el cristianismo sea una religión falsa. Se debe solamente a que no todos los cristianos hemos sabido dar testimonio de lo que realmente somos.

¿Quieres ser un verdadero apóstol? No es necesario que hagas tu maleta y te compres un billete de avión rumbo a Sudáfrica. Para hablar del Evangelio no se necesita ir lejos. Debemos lograr que Cristo llegue, a través de mí y de ti, a nuestras familias, a nuestros ambientes de trabajo, de estudio, de entretenimiento. Y entonces, el mundo irá volviendo su mirada insatisfecha hacia la Verdad y se iluminará con la felicidad que sólo el Dios verdadero puede dar.

Fuente: Catholic.net
Autor: Lucrecia Rego de Planas

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