9 may. 2012

Flores a María

Consuelo nos ha regalado esta preciosa oración para que recemos a María en este mes de mayo. ¡GRACIAS!

Purísima e Inmaculada Virgen María, presentes ante tu Trono tus hijos. Ante tu altar, derramando con amor las flores de nuestros obsequios. Queremos contemplarte muy de cerca todos los días de este mes bendito, para que la fragancia de tus virtudes perfume nuestras vidas, para que el calor de tu mirada maternal nos aliente en nuestras luchas, nos consuele en nuestras penas, nos fortalezca de nuestros desfallecimientos.
De nuevo nos consagramos a ti. Tuyos somos, tuyos queremos ser. Tuyos nuestros alientos de conquista Tuyos nuestro ímpetus de combate. Tuyos nuestros ardientes deseos de pureza inmaculada. Tuyos nuestros ardorosos anhelos de ferviente apostolado.


Nuestro más santo orgullo, Virgen María.
Tenerte a Ti por Madre.
Nuestra más honda alegría.
Cantar siempre tus glorias.
Nuestro más ardoroso anhelo.
Prender almas de joven en tu manto azul reluciente de estrellas.
Al brillar el sol de oriente.
Abre su cáliz la flor.
Y ábrese el alma que siente.
Las miradas de tu amor.
Cantemos, Madre, tus glorias, guiados por la Iglesia Santa en este mes de ensueño.
Toda hermosa eres María.
Y no hay en Ti mancha de pecado.
Tú, gloria de Jerusalén.
Tú, alegría de Israel.
Tú, honor de nuestro pueblo.
Tú, abogada de los pecadores.
¡Oh, María! Virgen prudentísima, Madre clementísima.
Intercede por nosotros al Padre, cuyo Hijo nos diste.

Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tú habitas.
Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve María…

Reina y Madre de los apóstoles, siembra en nuestros corazones semillas de cielo, que rompan alegremente en rosas de apostolado de conquista, a la mayor gloria de Dios.
Santa Madre de Cristo joven. Que nuestras vidas unidas a la de Jesús en Nazaret, ofrecidas con alegría por la conquista de nuestros hermanos atraigan las bendiciones del Cielo sobre nuestro/a...
Madre Nuestra, María. Que un destello de luz, irradiando de Nazaret, ilumine nuestras vidas, que contemplemos en Jesús, obediente y humilde, el modelo de nuestra vida de familia, trabajo y estudio.


En este mes de las Flores, alas te pido, Madre.
Alas para volar.
Alto, muy alto.
Sin descansar.
No me dejes plegar.
Las alas que Tú me diste.
Hasta que llegue a esa tu Luz.
Donde las sombras terminan.
Donde estás Tú.
Alas te pido Madre.
Alas cargadas de almas.
Que vuelen también a Ti.


Almas, Madre, de mirada clara y profunda, que fija la vista en la altura, puedan cantar con nosotros.
No he nacido para el suelo, que es morada de dolor; yo he nacido para el cielo, yo he nacido para Dios.
Tú, honor de nuestro pueblo.
Tú, abogada de los pecadores.
¡Oh, María! Virgen prudentísima, Madre clementísima.
Intercede por nosotros al Padre, cuyo Hijo nos diste.
Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tú habitas.
Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve María…
Almas que serán perlas para engastar en tu corona de Madre, de Virgen, de Reina.
De Madre la más tierna, de Virgen la más pura, de Reina la más misericordiosa.
Almas que unidas con nosotros en eternidad de eternidades te contemplen para siempre a la mayor gloria de Dios.
Amén.

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