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24 jun 2015

Oración San Juan Bautista


QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE ANUNCIE
 Por mis senderos y mis propias calles,
llevando a los que me rodean a tu CAMINO
y te conozcan y te amen
al igual que yo lo hago contigo.

Que en medio de tantos desiertos,
de los que te buscan y no te encuentran,
de los que andan perdidos y no quieren dar contigo,
de los que te conocieron y te olvidaron,
nunca me eche atrás, oh Señor,
y siga siendo heraldo de tu Evangelio
pregonero de tus gracias y de tu presencia
altavoz de tus verdades grandes y ciertas.


QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE ANUNCIE
Con mis palabras, pero sobre todo, con mi vida.
Con mi alegría, pero ante todo, con mi corazón.
Con mi fuerza, pero siempre, con tu Espíritu.
Con mi convencimiento, pero con tu auxilio.


QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE ANUNCIE
Que sea profeta en este mundo incierto
en el que sobra la palabrería
y echamos en falta palabras de amor y de consuelo.

Que sea un pequeño profeta, oh Señor,
y, como Juan Bautista, comunique tu llegada
que, hoy y aquí, sigues vivo entre nosotros
empujando y sosteniendo a tu Iglesia,
alimentando las esperanzas de tu pueblo,
dando testimonio de que, Tú, eres el Hijo de Dios.

Tú, Cordero de Dios,  que vienes a salvarnos
bendícenos con tu mano siempre abierta
y que, lejos de fatigarnos,
nos des la fuerza del Espíritu Santo
para seguir siendo voces de tu Reino.
Amén.
Javier Leoz

4 dic 2013

Reflexión Segundo Domingo de Adviento

juan
 
Juan Bautista fue “un primer espada” (como se dice en la jerga taurina). Pero, sin embargo, supo estar en su lugar, un segundo lugar. Él era, como diría Jesús: “el mayor de los nacidos de mujer”; pero supo estar en su lugar sin arrogarse protagonismos que no le correspondían. Como él mismo dijo, refiriéndose a Jesús: “no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias”, y aquello de “conviene que yo disminuya, y él crezca”.
 
Su misión fue la de preparar la llegada del Mesías, y mostrárselo a la gente:”Ese es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
 
Y, una vez que lo ha señalado, desaparece de la escena, aunque como profeta, no cerrará la boca; denunciará lo que está mal; e, incluso, se atreverá a recriminar al poderoso y caprichoso rey Herodes, diciéndole que no le era lícito que viviera con la mujer de su hermano. Eso le costó la cárcel y después la vida (sería degollado).
 
La figura del Bautista es de alguien muy austero. Se dice que se alimentaba de saltamontes y langostas; que iba vestido con piel de camello; y que vivía en lugares desérticos. Una austeridad a prueba.
 
¿Quién eres tú? , le preguntan. ¿Eres el Mesías? Y lo negará. Dirá que sólo es la voz que grita: “en el desierto, preparad el camino del Señor”. Buen heraldo, buen precursor, buen vocero ara  que tantos siglos esperaron: Jesús.
 
Juan, el Bautizador, predicaba la conversión. Y su bautismo no era sino un signo de esa conversión. Más adelante, con la Iglesia, llegaría el Sacramento del Bautismo, que nos incorpora a la comunidad, a la gran familia, de la Iglesia; y nos pone en camino del seguimiento de Cristo.
 
El Adviento que estamos viviendo, o tratando de vivir, es, también, una llamada a la conversión, para llenarnos de Cristo. Ese Jesús que vino en la Navidad, y que viene constantemente a nuestra vida, para llenarla de amor a Dios y a los hombres.
 
Sin llegar al extremo de Juan, sí que podríamos ser un poco más austeros, tanto en el gasto de ropa como en los alimentos, sobre todo en estas fechas en que los gastos se disparan. Y esa austeridad, no debe ser obligada por la crisis, sino por las necesidades de otros.

Félix González
 

28 ago 2012

Martirio de San Juan Bautista


El evangelio de San Marcos nos narra de la siguiente manera la muerte del gran precursor, San Juan Bautista: "Herodes había mandado poner preso a Juan Bautista, y lo había llevado encadenado a la prisión, por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipos, con la cual Herodes se había ido a vivir en unión libre. Porque Juan le decía a Herodes: "No le está permitido irse a vivir con la mujer de su hermano". Herodías le tenía un gran odio por esto a Juan Bautista y quería hacerlo matar, pero no podía porque Herodes le tenía un profundo respeto a Juan y lo consideraba un hombre santo, y lo protegía y al oírlo hablar se quedaba pensativo y temeroso, y lo escuchaba con gusto".

"Pero llegó el día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños dio un gran banquete a todos los principales de la ciudad. Entró a la fiesta la hija de Herodías y bailó, el baile le gustó mucho a Herodes, y le prometió con juramento: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".

La muchacha fue donde su madre y le preguntó: "¿Qué debo pedir?". Ella le dijo: "Pide la cabeza de Juan Bautista". Ella entró corriendo a donde estaba el rey y le dijo: "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista".

El rey se llenó de tristeza, pero para no contrariar a la muchacha y porque se imaginaba que debía cumplir ese vano juramento, mandó a uno de su guardia a que fuera a la cárcel y le trajera la cabeza de Juan. El otro fue a la prisión, le cortó la cabeza y la trajo en una bandeja y se la dio a la muchacha y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse los discípulos de Juan vinieron y le dieron sepultura (S. Marcos 6,17).

Herodes Antipas había cometido un pecado que escandalizaba a los judíos porque esta muy prohibido por la Santa Biblia y por la ley moral. Se había ido a vivir con la esposa de su hermano. Juan Bautista lo denunció públicamente. Se necesitaba mucho valor para hacer una denuncia como esta porque esos reyes de oriente eran muy déspotas y mandaban matar sin más ni más a quien se atrevía a echarles en cara sus errores.

Herodes al principio se contentó solamente con poner preso a Juan, porque sentía un gran respeto por él. Pero la adúltera Herodías estaba alerta para mandar matar en la primera ocasión que se le presentara, al que le decía a su concubino que era pecado esa vida que estaban llevando.

Cuando pidieron la cabeza de Juan Bautista el rey sintió enorme tristeza porque estimaba mucho a Juan y estaba convencido de que era un santo y cada vez que le oía hablar de Dios y del alma se sentía profundamente conmovido. Pero por no quedar mal con sus compinches que le habían oído su tonto juramento (que en verdad no le podía obligar, porque al que jura hacer algo malo, nunca le obliga a cumplir eso que ha jurado) y por no disgustar a esa malvada, mandó matar al santo precursor.

Este es un caso típico de cómo un pecado lleva a cometer otro pecado. Herodes y Herodías empezaron siendo adúlteros y terminaron siendo asesinos. El pecado del adulterio los llevó al crimen, al asesinato de un santo.

Juan murió mártir de su deber, porque él había leído la recomendación que el profeta Isaías hace a los predicadores: "Cuidado: no vayan a ser perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar". El Bautista vio que llegaban los enemigos del alma a robarse la salvación de Herodes y de su concubina y habló fuertemente. Ese era su deber. Y tuvo la enorme dicha de morir por proclamar que es necesario cumplir las leyes de Dios y de la moral. Fue un verdadero mártir.

Una antigua tradición cuenta que Herodías años más tarde estaba caminando sobre un río congelado y el hielo se abrió y ella se consumió hasta el cuello y el hielo se cerró y la mató. Puede haber sido así o no. Pero lo que sí es histórico es que Herodes Antipas fue desterrado después a un país lejano, con su concubina. Y que el padre de su primera esposa (a la cual él había alejado para quedarse con Herodías) invadió con sus Nabateos el territorio de Antipas y le hizo enormes daños. Es que no hay pecado que se quede sin su respectivo castigo.


Fuente: Catholic.net
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