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2 abr 2015

Oración Jueves Santo: Bajas Señor



BAJAS, SEÑOR 
A nuestros pies; para, con tus manos,
decirnos que el camino del servicio
es el preferido y el más privilegiado
para encontrarnos con Dios.

A nuestros corazones; para con tus palabras
infundirnos valor en la lucha
constancia en las obras
alegría en la generosidad
y audacia en nuestros senderos.

BAJAS, SEÑOR
A nuestras manos; para con las tuyas
darles fuerza y decisión
apertura sin fronteras y desprendimiento
ternura, comprensión y afabilidad
acogida, perdón y reconciliación.

BAJAS, SEÑOR
A nuestros ojos; para darles luz y claridad
horizontes despiertos y evangelio vivo
visión de los nuevos cristos  a los que servir
y, los nazarenos rotos, a los cuales recomponer.

BAJAS, SEÑOR
A nuestra mesa; para dejarnos la Eucaristía
y, con ella, quedarte con nosotros para siempre.
Para ser fuerza en la debilidad
alimento en la escasez
y fraternidad en la división.

BAJAS, SEÑOR
A nuestros sacerdotes; para hacerte presente
con tu Cuerpo y tu Sangre en el pan y en el vino.
Para perdonarnos cuando nuestra vida se desvía
consolarnos en nuestras soledades
animarnos con la firmeza de tu Palabra
y dirigirnos al cielo más allá de esta tierra.

BAJAS, SEÑOR, EN JUEVES SANTO
A nuestros pies y a nuestras manos,
a nuestros sacerdotes y a nuestras mesas
a nuestros desencuentros con tus amores
y nuestras traiciones con tu mejilla siempre dispuesta.

BAJAS, SEÑOR, EN JUEVES SANTO
A nuestras manos cuando se cierran
y a nuestros hombros cuando se pliegan.
A nuestros ojos cuando no quieren ver
y a nuestros corazones cuando se envilecen.
A nuestros caminos cuando a Ti ya no conducen
y a nuestras entrañas cuando en Ti ya no piensan.

BAJAS, SEÑOR, EN JUEVES SANTO
Haz que nosotros, descendiendo Tú tanto,
no dejemos de ascender hasta el lugar donde Tú habitas.

Amén
Javier Leoz









Reflexión de nuestro Obispo D. Luis para este Jueves Santo: JUEVES SANTO “DÍA DEL AMOR FRATERNO”


JUEVES SANTO “DÍA DEL AMOR FRATERNO”

(Semana Santa de 2015)

Es en esta celebración de la pascua judía cuando Jesús se reúne con sus discípulos para despedirse de ellos en la cercanía de su pasión, muerte y resurrección. Y es este el momento por Él escogido para la institución de la Eucaristía.

«Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios  por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquel que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (cf. Jn 15,13)1.

La Eucaristía es el sacramento de los sacramentos, porque contiene al mismo Cristo. Mientras los demás sacramentos comunican la gracia, la Eucaristía comunica al mismo Cristo. «En la Eucaristía Jesús nos  hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio Eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco»2.

Para las primeras comunidades cristianas vivir la Eucaristía era el corazón de la vida cristiana; celebraban y vivían eucarísticamente. Así también nosotros estamos llamados a eucaristizar nuestra vida. En palabras de san Juan Pablo II: «Las palabras de la institución de la Eucaristía no deben ser para nosotros únicamente una fórmula consagratoria, sino también una “fórmula de vida”»3.   

La celebración de este Jueves Santo viene enmarcada en un contexto de crisis global. Una crisis que afecta a todos, personas e instituciones, y que de forma dramática tiene su  repercusión en las clases sociales más pobres. La Eucaristía nunca nos aísla, siempre nos proyecta hacia los demás, porque implica y toca con su acción a toda la humanidad. Por ello, una celebración eucarística no manifestaría la verdad que contiene si no conduce  al encuentro con el amor de Dios. «Los gestos de compartir crean comunión, renuevan el tejido  de las relaciones interpersonales, inclinándolas a la gratuidad  y al don,  y permiten la construcción de la civilización del amor»4. «Estar en comunión con Jesucristo, nos hace participar en su ser «para todos», hace que este sea nuestro modo de ser. Nos compromete a favor de los demás, pero sólo estando en comunión con Él podemos realmente llegar a ser para los demás, para todos»5. Resulta inconcebible celebrar la Eucaristía desde la exclusión, la prepotencia, el despilfarro, la ostentación o el poder que da la fama o el dinero. ¡Esto no es la Eucaristía del Señor!, diría San Pablo. «La Eucaristía impulsa a todo el que cree en Jesucristo a hacerse «pan partido» para los demás, y por tanto,  a trabajar por un mundo más justo y fraterno»6.

En este entrañable día del Jueves Santo, dejemos que el Espíritu actúe  en nuestro interior, nos haga partícipes del Amor de Dios y nos ayude, como dice el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma, a «tener un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no  caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia».


                                                          Luis Quinteiro Fiuza
                                                            Obispo de Tui-Vigo


1. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis,1
2. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 88
3. Juan Pablo II, Jueves Santo 2000
4. Benedicto XVI, discurso en la apertura del congreso de la diócesis de Roma sobre el tema  “La Eucaristía dominical y el testimonio de la caridad” junio 2010.
5.  Benedicto XVI, Spe salvi, 28

6.  Benedicto XVI, Sacramentum caritatis 88

Fuente: http://www.diocesetuivigo.org

16 abr 2014

Jueves Santo - Reflexión


La última Cena. Por la mañana del Jueves, Pedro y Juan se adelantan para preparar la cena en Jerusalén. A la tarde llegaron al Cenáculo. Allí Jesús lavó los pies uno a uno. Luego, sentados a la mesa celebra la primera Misa: les da a comer su Cuerpo y su Sangre y les ordena sacerdotes a los Apóstoles para que, en adelante, ellos celebren la Misa. Judas salió del Cenáculo antes, para entregarle. Jesús se despidió de su Madre y se fue al huerto de los Olivos. Allí sudó sangre, viendo lo que le esperaba. Los discípulos se durmieron. Llegó Judas con todos los de la sinagoga y le da un beso. Entonces, le cogieron preso y todos los Apóstoles huyeron. Lo llevan al Palacio de Caifás, el Sumo Sacerdote. Le interrogan durante toda la noche: no duerme nada.

Hazle tú hoy compañía al Señor, que está solo. Haz el propósito de no abandonarle nunca, y de visitarle con frecuencia en el sagrario.









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