16 mar. 2014

Oración San José del Padre Javier Léoz


No dijiste palabra alguna,
pero tus obras te delataron.
Tuviste espléndida esposa,
más, como hombre de fe,
la quisiste dejar para Dios.


En el horizonte de tu vida,
con singular belleza
con nítida luz
irradió la estrella de María;
pero, también la humildad de tu candil,
iluminó con el aceite de la sencillez,
con el destello de tu obediencia,
con el fuego de tu pobreza,
con la llama de la verdad.


Sí, José; ¡qué bien hablaste!
Te escuchó el cielo,
y a partir de ese momento,
Dios comenzó a escribir tranquilo:
el amor se hacía hombre en María,
el amor era custodiado por tu mano,
el amor era educado por tu inteligencia,
el amor era trabajado,
a golpe de cincel y martillo,
en el banco de tu ser carpintero.

Sí, José; ¡qué bien hablaste!
Nunca, un ángel,
llevó tan grata respuesta al cielo:
José cree y calla,
José espera y duerme,
José se fía y camina,
José obedece y despierta.
Nunca, un ángel de las alturas,
en un intento de descender sosiego,
recibió en respuesta
tu serenidad y tu paz como consuelo.


Tomaste a María como esposa.
Recibiste a Jesús como hijo.
Fuiste hombre de pocas palabras,
pero tus obras hablaron.

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