8 jul 2012

ROSARIO DE LOS MISTERIOS MARIANOS

Ayer, recibí este precioso regalo. ¡Qué bonito sentir que alguién se acuerda de nosotros en sus oraciones, y más en el rezo del Rosario! Se trata del Rosario de los Misterios Marianos, que los añado aquí en el blog, para que cuando tengáis que hacer un regalo de cumpleaños... ¿por qué no regalar esta oración a la Virgen pidiendo por él o ella? ¡Mi más enorme agradecimiento a quien lo ha hecho conmigo!
ROSARIO  DE LOS
MISTERIOS MARIANOS
 EN HONOR
DE LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA
PARA EL MES DE MAYO
O PARA TODOS LOS DÍAS O DÍAS ESPECIALES: 

TE OFREZCO
LOS MISTERIOS MARIANOS,
(PARA LA DEVOCIÓN PRIVADA).
1. Hacer el signo de la cruz
 y el acto de contrición
 2. Anunciar el misterio.
 Rezar el Padrenuestro,
 diez Avemarías, Gloria y Jaculatoria:
María, Madre de gracia,
Madre de misericordia.
 Defiéndenos de nuestros enemigos
y ampáranos ahora
 y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
O también:
Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno
lleva a todas las almas al Cielo,
 especialmente a las más necesitadas.
 (Oración de Fátima).

 Primer Misterio
 La Virgen en el misterio de
su Inmaculada Concepción.
En este primer misterio
a la Virgen contemplamos:
purísima, inmaculada,
concebida sin pecado.


 Segundo Misterio
 La Virgen en el Misterio de
su Maternidad Divina
En este segundo misterio
a la Virgen contemplamos:
Madre del Divino Verbo
que, en su seno, se ha encerrado.


 Tercer Misterio
 La Virgen en el Misterio de
su perpetua virginidad
En el misterio tercero
a la Virgen contemplamos:
Perpetua Virginidad,
antes, en, y después del parto.


 Cuarto Misterio
 La Virgen en el Misterio de
su Asunción al cielo
Coronada, Reina y Señora
En este cuarto misterio
a la Virgen contemplamos:
Asunta al Cielo y, cual Reina,
coronada entre los Santos.


 Quinto Misterio
 La Virgen en el Misterio de
ser Medianera de todas las gracias
En este quinto misterio
a la Virgen contemplamos:
Mediadora de la gracia.
que nos viene por su mano.

Terminados los misterios,
 Rezar tres Avemarías y Gloria.
A continuación las
LETANÍAS LAURETANAS.
Al final.
LA SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
 A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro
 muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas
 de Nuestro Señor Jesucristo.
 Amén 
 D. Ignacio Domínguez 

El rezo del rosario es la mejor ofrenda
que le podemos hacer diariamente
a la Santísima Virgen.
Un verdadero ramo de las mejores
y más bellas rosas de nuestro jardín.
FRANJA
http://santamariadebaionadiocesistuy-vigo.blogspot.com.es/2012/05/rosario-de-los-misterios-marianos.html

6 jul 2012

UTENSILIOS PARA UN VERANO COMO DIOS MANDA

La pala. Para arrancar de nosotros mismos lo que durante el resto del año nos hizo sufrir.

El cubo. Para recoger en estos próximos días el agua del amor, de la alegría, de la calma, de la comprensión. 


Silla. Para sentarnos y perder nuestra mirada en el horizonte. Para plantearnos lo qué hemos de ajustar y no seguir con los mismos defectos de ayer.


Sombrilla. Para evitar el quemarnos con la complicada vida. Para saber diferenciar la palabra que hiere de aquella otra que ayuda.


La arena. Para enterrar viejos prejuicios. Para levantar castillos de ilusión, de vida. Para limar asperezas en el corazón. Para limpiarnos los pies de aquellos caminos por donde anduvimos equivocados.


La toalla. Para no dejar nunca de hacer el bien. Para detenernos ante quien pueda necesitar nuestro apoyo.


Gafas. Para protegernos, no solamente del sol, y sí de aquellas otras sensaciones que pueden romper nuestra paz interior, nuestra vida matrimonial, nuestro equilibrio y hasta nuestra forma de ser.
 Barbacoa. Para quemar todo lo que, el día a día, ha dejado en los extremos de nuestros corazones. Para cocinar lo mejor de nosotros mismos: paciencia, esperanza y optimismo.

 Tapones. Para que el ruido no nos impida seguir escuchando el rumor de Dios. Para que, la música ensordecedora, no nos impida sentir el latido de nuestro corazón.

Agua. Para dejar en la orilla del mar, en el río o en la piscina, aquello que ensucia nuestra vida; para refrescar nuestras ideas y situar de nuevo nuestros ideales. Para sentirnos más limpios y mejores hijos de Dios. Agua para, límpidamente, comenzar de nuevo.


 http://www.javierleoz.org/

UNA MALETA CRISTIANA PARA EL VERANO

 1.  Encima de todo el equipaje, que no falte la Palabra de Dios. ¿No buscamos amigos con los que hablar y entablar conversación? Dios, te lo aseguro, es el mejor confidente.  

2.  Junto a los utensilios de aseo, procura añadir “el silencio”. Es un buen tonificante. Nos hace sentirnos más oxigenados y, como si fuera un espejo, la calma nos enfrenta a la verdad de nuestras vidas y de nuestras personas. 
 3.    A un lado de los diversos libros de lectura, incluye alguno que tenga identidad cristiana. El pensamiento de autores cristianos nos da pistas para situarnos en diferentes cuestiones que se nos presentan en el día a día. 

4. Además de cerrar bien la maleta, procura sellar también los momentos de amargura y de contrariedades que has podido tener en los últimos meses. Al verano hay que ir con dos necesidades: la del descanso y la del olvidar las ofensas. 


5.    Lleva ropa ligera pero, eso sí, no te desprendas de aquella otra que es imprescindible para no mudarte de lo esencial; que nadie te despoje de la belleza de tu interior; que nada –especialmente lo efímero de estos meses- te hagan arrojar lo que, en una persona, es grande: su dignidad. Es un traje que, luego, cuesta mucho recuperar. No se puede comprar. 

6. Si marchas lejos, utiliza el pasaporte de tu universalidad. Tu impronta viaja contigo. ¿Por qué renegar de ella? ¿Eres cristiano? Que, en tu pensar y obrar, en tus actuaciones y consejos, alguien pueda decir: “se nota que, éste, viene de un país católico”. 


7.   Como calzado, además del que protege los pies, no olvides el de la caridad. Estos meses son positivos para buscar el bienestar de uno mismo. Pero, al mismo tiempo, pueden ser un trampolín para intentar hacer felices a los demás. 

8.  Si utilizas maquinilla de afeitar, corta los signos de antipatía que hay en tu rostro; si, usas, productos de belleza, que no enfunden o distorsionen la espontaneidad que hay en ti. 


9.   Cuando desdobles los planos y los mapas de los lugares o ciudades que visitas, no olvides poner una “crucecita” en la más cercana Iglesia. Un cristiano, por si lo has olvidado,  ha de vivir y sentir la eucaristía como si fuera el mejor refresco y el mejor chapuzón veraniego.  


10.  Finalmente, cuando instales la maleta en la parte superior del coche, en el avión, en el barco, en el tren o en el autobús…no dejes de lado, en ese mismo momento, de mirar hacia el cielo: Dios te acompaña. Y, cuando emprendas el viaje, además de decir “nos vamos de vacaciones”, recites una oración al Señor para que, por lo menos, volváis tan contentos y tan saludables como os marcháis. 


J.Leoz (Delegado para la Religiosidad Popular de Pamplona)
http://www.javierleoz.org/

5 jul 2012

VERANO CON CRISTO

1.Un cristiano, en el verano, no esconde ni guarda su fe como quien deja en el armario el abrigo de invierno. Somos cristianos siempre y, por lo tanto, nuestra comunión con Cristo ha de ser consciente y constante.

2.La vida cristiana no se sostiene solamente en el “ser buenos”. Bondadoso, al cien por cien, sólo Dios. Por ello mismo este tiempo es propicio para  no olvidar a Dios y ser rostros vivos de su presencia. Las prisas son enemigas de la caridad sin ruido. 

3.Sin oración, un cristiano, es un molino paralizado. Muchos de nuestros fracasos y deserciones se deben  a que hemos roto  la “línea” telefónica con el Señor. La oración nos hace fuertes, nos clarifica, nos hace reflexionar y llevar a cabo la voluntad del Padre.

4.La Eucaristía (además de obligación moral) es una necesidad física y espiritual. Si ya con ella nos resulta llevar una vida relativamente cristiana, sin ella nos convertimos en marionetas del mundo. Quedamos a merced del único alimento material que el mundo ofrece o que el escaparate efímero nos presenta.
5.En el verano vamos buscando el sol. El culto al cuerpo no puede estar por encima de la adoración a Dios. Él sí que es el único Sol de justicia. Es quien broncea de verdad aquellas entrañas que, sin verlas, sabemos que son importantes para ser solidarios con los demás y amantes de Dios: el corazón y el alma.

6.”Dime lo qué lees y te diré cómo piensas”. ¿Acaso un cristiano no ha de nutrirse con palabras de esperanza? Un buen libro, con criterios cristianos, será garantía de un pensamiento recto, de una conciencia lúcida.

7.La Creación la ha puesto Dios para nuestro deleite. Nuestra tierra está sometida a una constante alteración y degradación fruto de las ansias de disfrute del hombre. Respetemos el entorno donde descansamos y gocemos de tantas cosas buenas que el Señor pone a nuestro alcance. Cuesta siglos repoblar la tierra, horas el incendiarla.

8.La belleza, el arte, la música clásica…nos puede llevar al encuentro y al disfrute personal de Dios. Un santuario es una puerta abierta a la ve. María Virgen es una mano que nos empuja hacia el Señor. La grandiosidad de un templo es un aperitivo de la gloria que nos aguarda en el cielo. ¡Disfruta de la huella que el hombre ha dejado través del arte y como fruto de su fe!

9.El silencio y la contemplación junto al mar. La escalada de montañas como signo de nuestro esfuerzo por llegar al cielo. Nuestro descanso como antesala de lo que un día desea Dios para cada uno de nosotros…pueden ser reflexiones que nos ayuden a vivir este tiempo estival con sentido cristiano.
10.En el valle o en el mar, en la montaña o en una aldea, adentrados en el bosque o perdidos en un desierto. Frente a una catedral o por las calles de una gran ciudad: no olvidemos que somos cristianos. No olvidemos que, Dios, va con nosotros. 

 Javier Leoz 2012

Baredo: Fiestas en honor a la Virgen de la Cela

Siguiéndola, no te extravías.
Invocándola, no te desesperas.
Pensando en Ella, no divagas.
Apoyado en Ella, no caes.
Guiado por Ella, avanzas tranquilo.
Escudado con Ella, no temas.
Con su favor, llegas hasta el fin.





Préstame Madre tus ojos
para con ellos mirar,
porque si con ellos miro
nunca volveré a pecar.
Préstame Madre tus labios
para con ellos rezar,
porque si con ellos rezo
Jesús me podrá escuchar.
Préstame Madre tu lengua
para poder comulgar,
pues es tu lengua materna
de amor y de santidad.
Préstame Madre tus brazos
para poder trabajar,
que así rendirá mi trabajo
una y mil veces más.
Préstame Madre tu manto
para cubrir mi maldad,
pues cubierta con tu manto
al Cielo he de llegar.
Préstame Madre a tu Hijo
para poderlo yo amar,
pues si me das a Jesús
¿qué más puedo yo desear?
Así será esta mi dicha
por toda la eternidad.
Amén.

3 jul 2012

Reflexión "La Confesión"


 
D. Javier que ayer nos acompañó en la Eucaristía en honor a Nuestra Madre la Virgen de la Cela con su órgano y su voz, nos invita a leer esta reflexión sobre el sacramento de la Reconciliación. ¡Muchísimas gracias, D. Javier por enriquecernos con sus aportaciones desde su blog y sus comentarios en el nuestro!

La CONFESIÓN (EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA) A EXAMEN.

Y tú, lector...
¿Para cuándo la vas a dejar?
La CONFESIÓN
(EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA)
A EXAMEN.
Algunos “motivos”
para no confesarse
Eduardo Volpacchio
Cuando se trata de acercarse al sacramento de la confesión es muy común escuchar algunos de los siguientes “motivos”. Lee con atención y ve si alguna vez los has recurrido a ellos.
Alegría de la reconciliación.
- ¿Quién es el señor cura
para perdonar los pecados?
Sólo Dios puede perdonarlos Sabemos que el Señor les dio ese poder a los Apóstoles; además, ese argumento lo he leído antes… precisamente en el Evangelio: lo decían los fariseos, indignados, cuando Jesús perdonaba los pecados… (consúltese Mt 9, 1-8).



- Yo me confieso directamente con Dios,
sin intermediarios.
Genial … pero hay algunos “peros” que se tienen que considerar… ¿Cómo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ¿Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma? ¿Cómo sabes que estás en condiciones de ser perdonado? Te darás cuenta de que la cosa no es tan sencilla… Una persona que roba un banco y se niega a devolver el dinero, por más que se confiese directamente con Dios o con un sacerdote, si no tiene intención de reparar el daño hecho -en este caso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada… porque ella misma no quiere “deshacerse” del pecado.
Por otro lado, este argumento no es nuevo: hace casi 1600 años, San Agustín replicaba a quien argumentaba del mismo modo: “Nadie piense: yo obro privadamente, de cara a Dios… ¿Es que sin motivo el Señor dijo: «lo que atareis en la tierra, será atado en el Cielo»? ¿Acaso les fueron dadas a la Iglesia las llaves del Reino de los Cielos sin necesidad? Al proceder así, frustramos el Evangelio de Dios, hacemos inútil la palabra de Cristo”.



- ¿Por qué le voy a decir mis pecados
a un hombre como yo?
Porque ese hombre no es un hombre cualquiera: tiene el poder especial para perdonar los pecados (el Sacramento del Orden). Esa es la razón por la que tienes que acudir a él.
¿Recuerdas las confesiones de la JMJ?
- ¿Por qué le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?
El problema no radica en la «cantidad» de pecados: si es menos, igual o más pecador que tú…. No vas a confesarte porque sea santo e inmaculado, sino porque te puede dar la absolución, un poder que tiene por el Sacramento del Orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidad, una disposición de la sabiduría divina- que el poder de perdonar los pecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que sería terrible, ya que uno nunca sabría quién sería suficientemente santo como para perdonar. Además, el hecho de que sea un hombre y que como tal tenga pecados, facilita la confesión: precisamente porque sabe en carne propia lo que es ser débil, te puede entender mejor.
La experiencia es de alivio y libertad
- Me da vergüenza
Es lógico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobado universalmente: cuanto más te cueste decir algo, tanto mayor será la paz interior que consigas después de decirlo. Y cuesta, precisamente, porque te confiesas poco; en cuanto lo hagas con frecuencia, verás como superarás esa vergüenza.
Asimismo, no creas que eres tan original…. Lo que vas a decir, el sacerdote ya lo ha escuchado miles de veces. A estas alturas de la historia, es difícil creer que puedas inventar pecados nuevos.
Por último, no te olvides de lo que nos enseñó un gran santo: el Diablo quita la vergüenza para pecar, y la devuelve aumentada para pedir perdón. No caigas en su trampa.
Confianza en el perdón
- Siempre me confieso de lo mismo
Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido, y es bastante lógico que nuestros defectos sean siempre más o menos los mismos. Sería terrible ir cambiando constantemente de defectos; además, cuando te bañas o lavas la ropa, no esperas que aparezcan manchas nuevas, que nunca antes habías tenido; la suciedad es más o menos siempre del mismo tipo. Para desear estar limpio basta con querer remover la mugre… independientemente de cuán original u ordinaria sea.
Yo, Cristo, te absuelvo...
- Siempre confieso los mismos pecados
No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son diferentes, aunque sean de la misma especie. Si yo insulto a mi madre diez veces, no se trata del mismo insulto, cada vez es uno distinto; así como no es lo mismo matar a una persona que a diez: si asesiné a diez no es el mismo pecado, sino diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sido perdonados, ahora necesito el perdón de los “nuevos”, es decir, de los cometidos desde la última confesión.
Confesión clara, concisa, concreta y completa
- Confesarme no sirve de nada,
sigo cometiendo los pecados
que confieso
El desánimo puede hacer que pienses: “es lo mismo si me confieso o no, total, nada cambia, todo sigue igual”. No es verdad. El hecho de que uno se ensucie, no hace concluir que es inútil bañarse. Alguien que se baña todos los día, se ensucia igual todos los días. Pero gracias a que se baña, no va acumulando mugre, y puede lucir limpio. Lo mismo pasa con la confesión. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sacándose de encima los pecados hace que sea mejor. Es mejor pedir perdón, que no pedirlo. Pedirlo nos hace mejores.
Confianza desde la Primera confesión
- Sé que voy a volver a pecar,lo que muestra que no estoy arrepentido
Depende… Lo único que Dios me pide es que esté arrepentido del pecado cometido y que ahora, en este momento, esté dispuesto a luchar por no volver a cometerlo. Nadie pide que empeñemos el futuro que ignoramos. ¿Qué va a pasar en quince días? No lo sé. Se me pide que tenga la decisión sincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro hay que dejarlo en las manos de Dios.
Un niño no tiene miedo nunca al confesor.
Algunos mayores...
- ¿Y si el confesor piensa mal de mí ?
El sacerdote está para perdonar. Si pensara mal, sería un problema suyo del que tendría que confesarse. De hecho, siempre tiende a pensar bien: valora tu fe (sabe que si estás ahí contando tus pecados, no es por él, sino porque crees que él representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas de mejorar, etcétera. Supongo que te darás cuenta de que sentarse a escuchar pecados, gratuitamente -sin ganar un peso-, durante horas, si no se hace por amor a las almas, no se hace. De ahí que, si te dedica tiempo, te escucha con atención, es porque quiere ayudarte y le importas. Aunque no te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir al Cielo.
S. Pío de Pietrelcina, confesor
- ¿Y si el sacerdote después
le cuenta a alguien mis pecados?
No te preocupes por eso. La Iglesia cuida tanto este asunto que aplica la pena más grande que existe en el Derecho Canónico -la excomunión- al sacerdote que se atreviera a decir algo que conoce por la confesión. De hecho hay mártires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por no revelar el contenido de la confesión.
- Me da flojera
Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obstáculo verdadero, puesto que es bastante fácil de superar. Es como si uno dijese que hace un año que no se baña porque le da flojera…
- No tengo tiempo
No creo que te creas que en los últimos meses no hayas tenido disponibles diez minutos para confesarte. ¿Te animarías a comparar cuántas horas de televisión has visto en ese tiempo… (multiplica el número de horas diarias que ves por el número de días)?

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