24 oct 2012

Presencia de Jesús y de María en nuestra vida



Hay que invitarlos a todas las cosas de nuestra vida, seguros de que accederán con gusto. Su presencia transforma las realidades humanas, las alegres y las tristes, en acontecimientos santificadores. Sufrir en su compañía es muy distinto que sufrir solos.

Ellos dan la fuerza y el ejemplo para llevar la propia cruz con amor y alegría. También quieren participar en nuestras alegrías. Porque la alegría es cristiana, es fruto maduro del misterio pascual. Si, según Santa Teresa, ”un santo triste es un triste santo”, quiere decir que el cristiano tiene el derecho y el deber de ser un irradiador de alegría. Si Jesús inventó la religión del amor, inventó por lo mismo la religión de los hombres y mujeres más felices. Es la paradoja del cristianismo: Los santos -los mejores cristianos- son los que más han sufrido y también los más felices. “Con la amistad de Cristo, con su presencia, he sido y soy inmensamente feliz, cargando la cruz que Él ha querido darme ...” María adelanta los milagros. Y Jesús condesciende con mucho gusto. Jesús abre el corazón de sus discípulos a la fe, obrando milagros, gracias a la intervención de María.

 


Todos los que quieran ser apóstoles de Jesús, deben aprender a amar a María, para ser eficaces en su labor de salvación de los hombres. En la salvación de los hijos, debe intervenir la presencia de la Madre, por voluntad del Redentor. El rosario que reza el sacerdote habla muy bien de él. Cuantas veces al Papa se le ve con el rosario entre los dedos. El sacerdote que invoca frecuentemente a María, que predica con entusiasmo sobre Ella a los fieles, tiene garantizado el éxito apostólico. No se puede decir lo mismo del ministro -quizás celoso y trabajador- que no tiene tiempo de rezar el rosario y que demuestra hacia su Madre una superficial adhesión. “Totus tuus” fue lema elegido amorosamente por Juan Pablo II. Pero, aunque no esté esculpido en un escudo, cada sacerdote debe hacerlo propio. La importancia de María para llegar a Jesús: La devoción a María es señal de predestinación.

Dios no permitirá que un alma que ame a María no se salve. El amor a María es un elemento muy específico y gratificante de la religión cristiana. La devoción a María otorga al cristianismo una ternura, una finura y delicadeza extraordinaria. La necesidad que en el orden humano experimentan de una mamá todos los seres humanos, no es menos requerida en el orden del espíritu, Y Dios, que quiso darnos una madre de la tierra para las necesidades materiales, tuvo la buena idea de regalarnos una Madre para las necesidades del espíritu.

 


El huérfano de madre lo demuestra, el huérfano de madre en el espíritu lo acusa también. María no es un estorbo para llegar a Jesús, al contrario, es el camino más corto y maravilloso para llegar al Mediador. Esta es la voluntad del mismo Mediador, Jesucristo. Jesús mismo que quiso tener una madre, no ha querido privarnos a nosotros de ella, Más aun, la misma madre suya nos la regaló a nosotros, Con ello no sólo nos ha dado una madre, sino la mejor de todas. El agua convertida en vino: Vida triste convertida en vida feliz; mediocridad en santidad; esterilidad en apostolado fecundo. “En tu nombre echaré la red”, dijo Pedro a Jesús. También podemos decir nosotros: “En tu nombre, María, echaremos la red”. Jesús no es celoso, y llenará también nuestras redes de peces. Sin duda que el vino mejor del mundo se bebió en Caná, como lo atestigua el mayordomo de la fiesta.

Cuantas veces nuestra triste vida se nutre de vinagre, de vino de poca calidad o tiene que conformarse con simple agua. María puede pedir Jesús que convierta esa pobre agua en dulce vino que nos dé gusto y fuerzas para el camino de la vida. “Haced lo que Él os diga”. Siempre nos guía a Él, nos invita a obedecerle, a seguirle, a imitarle. Y los discípulos creyeron en Él, por María. Cuando la presencia de María en la vida de un apóstol es constante, ese apóstol tiene la bendición y el beneplácito de Dios. María nunca se cree ni se nombra Maestra, sino discípula; la mejor de todas. Es la que conoce como nadie la religión del amor y quien la ha vivido mejor que ningún cristiano. Por eso puede enseñar a sus hijos lo que Ella sabe.

Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, María podría decirnos. “Yo soy la caminante más decidida, la seguidora de la verdad, la distribuidora de la vida”. Ella nos dice: ”Hagan lo que Él les diga”. Él nos dice: “Hagan lo que Ella les diga”

 

P. Mariano de Blas LC

Para ser buenos catequistas. Para ser buenos evangelizadores.



1) Para saber

Con motivo del “Año de la Fe”, se dio inicio también a un Sínodo de Obispos cuyo tema es “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Este Sínodo, que reúne a varios obispos de todo el mundo, terminará el 28 de octubre, por lo que podemos estar encomendándolo estos días.

En un discurso que el papa Benedicto XVI había dado a los nuevos evangelizadores, quiso reflexionar sobre las palabras inspiradas en la Sagrada Escritura: “La Palabra de Dios crece y se multiplica”.

El Papa hacía ver la necesidad de transmitir la Palabra de Dios, teniendo en cuenta que hoy en día encuentra un rechazo, hay modos de pensar y de vivir que están lejos de la búsqueda de Dios y de la verdad. El hombre contemporáneo está, a menudo, confuso y no consigue encontrar respuestas a tantas preguntas que agitan su mente con respecto al sentido de la vida y a las cuestiones que alberga en lo profundo de su corazón. Desgraciadamente, al hombre actual se le propone una felicidad efímera, que lo contenta sólo un instante, pero que deja, enseguida, tristeza e insatisfacción.

No obstante, la semilla de la Palabra cae también hoy en un terreno bueno que la acoge y produce fruto. En el mundo, aunque el mal hace más ruido, continúa existiendo un terreno bueno. Por ello no hay que cansarse de esparcir la buena semilla.



2) Para pensar

Además, continúa el Papa, no podemos caer en el pesimismo, sino todo lo contrario. Hemos de tener la certeza de que la Palabra de Dios continúa creciendo y difundiéndose. Esta seguridad proviene de que la fuerza de la Palabra no depende, en primer lugar, de nuestra acción, de nuestro “hacer”, sino de Dios, ¡Debemos dejar que Dios actúe!

Esta actitud la tenía Santa Teresa de Jesús. En su época era utilizada una antigua moneda española llamada maravedí. Así se entiende lo que solía decir la santa con buen humor y no menos sentido sobrenatural: “Teresa sola no puede nada; Teresa y un maravedí, menos que nada; Teresa, un maravedí y Dios, lo pueden todo”.

 


3) Para vivir

Si realmente queremos saber sacarle provecho a nuestra vida, solo Cristo nos enseña el verdadero arte de vivir, el camino de la verdadera felicidad, porque Él mismo es el camino de la vida. El mundo de hoy necesita personas que lo anuncien y testimonien. Pero ese anuncio debe estar fundado en una relación intensa con Él, en una intensa vida de oración. Dice el Papa que el mundo necesita personas que hablen a Dios para poder hablar de Dios. Es decir, primero hemos de hablar con Dios, hacer oración, y así podremos saber hablar de Él.

El Papa nos invita este “Año de la Fe” a ser signos de esperanza, y a comunicar a todos la alegría de la fe con el entusiasmo que proviene del estar movidos por el Espíritu Santo, confiando en la promesa hecha por Jesús a la Iglesia: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Sabiendo, además, que contamos con la protección de la Virgen María, Estrella de la nueva evangelización.
 
Pbro. José Martínez Colín
Imágenes: Fano

23 oct 2012

Ora y confía

 

Padre, escucha mi oración, atiende mi plegaria, porque en Ti confío.
 
Padre alargo a Ti mis manos, porque en Ti confío.

Padre, escúchame pronto, porque me falta el aliento y en Ti confío.

Padre hazme sentir desde la mañana tu gracia, puesto que confío en Ti.

Padre señálame el camino que debo andar, ya que levanto a Ti mi alma porque en Ti confío.

Padre, enséñame a cumplir tu voluntad, ya que Tú eres mi Dios y en Ti confío.

Padre que tu buen Espíritu me guíe y me conduzca por buenos caminos porque en Ti confío.

Padre, por tu Nombre guardarás mi vida; por tu gran compasión me sacarás de las angustias.

Porque en Ti confío y confiaré por siempre.


http://blogcatolicogotitasespirituales.blogspot.com.es/


¿Cómo oras a Jesús?


Cuentan que una mujer oraba siempre a Dios, pero su petición nunca era respondida.

Pidió entonces ayuda a un sabio que habitaba en un convento muy alejado y éste le preguntó: ¿Cómo oras a Dios? Ella respondió:
-Yo más o menos le digo así: Señor, este día tengo muchos problemas, muchas dificultades, necesito ayuda y ya no sé qué hacer. Te pido que tengas compasión de mí pues mis fuerzas se han agotado. Mi familia no me ayuda y tengo muchos enemigos.

 
-Claro, respondió el sabio: Tu problema es muy sencillo. Cuando oras, debes ver a Dios y no ver tus problemas. Dirigirte a Dios confiando en que Él escucha y sabiendo que Su poder está sobre todas las cosas. De esta forma reconocerás a Dios como centro de tu vida y entonces tu oración será escuchada. Pero aunque a ti te parezca que Dios no te escucha, nunca dejes de orar.

 
¿Saben? A veces Dios se convierte en un pañuelo de lágrimas a quien nos acercamos pero no para que nos libre de nuestros problemas, sino para "quejarnos" y nuestras oraciones están llenas de quejas, ira, e incluso rabia, pero pocas veces le decimos a Dios que confiamos en Él, que conoce nuestros problemas y los puede solucionar.

 
Cuando Pedro caminaba sobre el agua, cuenta la Biblia que quitó su mirada de Jesús y fue entonces cuando empezó a hundirse. Cada vez que sientas que te hundes, debes volver tu vista y Él extenderá su mano y te levantará.

 
“De la misma forma, cuando estés orando no debes tener a tus problemas como centro, sino a Jesús”
 

La más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas

 
Ella nos consolará, nos confortará, nos acompañará en el camino toda la vida.
 
El sacerdote y escritor español José Luis Martín Descalzo narra en una de sus obras: «Recuerdo que hace ya muchos años, me encontraba desayunando en la cafetería de un hotel de Roma. Se me acercó una chica japonesa, y me preguntó si yo era sacerdote. Le respondí que sí, y entonces me dijo a bocajarro:

-“¿Podría usted explicarme quién es la Virgen María?”. Sus palabras me sorprendieron tanto que sólo supe responder: -“¿Por qué me hace esa pregunta?”. Y aún recuerdo sus ojos tan conmovidos cuando me explicó: -“Es que ayer oí rezar por primera vez el Avemaría, y no sé por qué me he pasado toda la noche llorando”. Y entonces tuve que explicarle que también yo necesitaría pasarme muchas noches llorando para poder responder a esa pregunta....».

Y para ti, querido amigo, ¿quién es la Virgen María?... 

1) María es la Madre de Dios.

¡Tantas veces lo hemos escuchado y lo rezamos cada día que tal vez ya nos hemos acostumbrado! Debido a nuestra educación y al ambiente en el que vivimos, tal vez ya no nos impresiona ni nos dice nada -como sucede, tristemente, con tantas otras verdades y misterios de nuestra fe-. A fuerza de repetir las cosas, nos hemos arrutinado e insensibilizado.

Pero no era así para los cristianos de los primeros siglos de la Iglesia. Les parecía algo increíble, inaudito y -si me permiten la expresión- algo apoteósico. ¿Cómo era posible que una criatura humana pudiera ser la madre del Dios infinito y omnipotente? Eso sólo cabía en los mitos paganos y en los círculos heréticos de la religión politeísta. Y tanto era así que insignes teólogos de entonces se opusieron rotundamente a esta afirmación. Y cuando no aceptaron la doctrina de la Iglesia, se convirtieron en “herejes”: Arrio, Nestorio y otros. 

¡María Santísima es realmente la Madre de Dios! Así lo había revelado Dios mismo en la Sagrada Escritura y lo ratificaban los Santos Padres y los Concilios de la Iglesia. Fue en Éfeso, el año 431, cuando se proclamó solemnemente a María como la “Theotókos”, la que engendró a Dios. Y después de once siglos exactos, el año 1531, María de Guadalupe se aparecía en México al indio Juan Diego, diciéndole: “Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive”.

María ha engendrado al Hijo de Dios y Dios ha nacido de las entrañas purísimas de María porque Él así lo ha querido. El Verbo se hizo carne en María y así pudo habitar entre nosotros, para redimirnos y realizar el plan de salvación. Gracias a Ella, Dios ha podido hacer nuevas todas las cosas.

Como afirma bellamente san Anselmo: “Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María.

Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y así rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María. Por eso, Dios es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de la creación y María es madre de la universal restauración”.
 
 
2) Y María, por ser la Madre de Dios, es también todopoderosa como Medianera.

San Bernardo y los Santos Padres solían llamarla “Omnipotentia supplex”, la Omnipotencia suplicante. Porque es la más poderosa de las reinas y la más eficaz de las intercesoras. En Caná arrancó a su Hijo el primer milagro “cuando aún no había llegado su hora”. Y puede hacer siempre lo mismo, si acudimos a ella con fe, con confianza y amor filiales, pues una madre no niega nada a un hijo.

Los siglos XV y XVI fueron una gravísima amenaza para la cristiandad. Los turcos arrasaban Europa con la pretensión de conquistarla para el Islam (hoy también se cierne un peligro no muy diferente). Y entonces el Papa Pío V armó a la Iglesia con el santo Rosario para la defensa de la civilización cristiana. El 7 de octubre de 1571 la flota cristiana presentó batalla a los turcos en Lepanto. La victoria fue clamorosa. Por eso el sultán Solimán decía: "Le tengo más miedo a las oraciones del Papa que a los ejércitos europeos". ¡A las oraciones a María Santísima!

Fátima, Lourdes, persecución de la Iglesia en el siglo XX y XXI... Las cosas no han cambiado demasiado. Y María sigue siendo hoy y siempre el “Auxilio de los cristianos”.

3) María es también mi Madre.

Entonces, con María, ¡estamos seguros, somos poderosos! San Estanislao de Kotska solía repetir, lleno de ternura y emoción: “¡La Madre de Dios es también mi madre!”. Y en esta expresión encerraba toda su relación íntima, personal y afectiva con María Santísima. Un amor mutuo que enlazaba ambos corazones y en él se sentía acogido y protegido.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sobra? ¿No estás por ventura, en mi regazo?”... Ya sabemos de quién son estas palabras. ¡Todos necesitamos de una madre, necesitamos de María! Sobre todo en los momentos difíciles de la vida, en la aflicción, en la soledad, en la tribulación. Ella nos consolará, nos confortará, nos acompañará en el camino de la vida hasta llegar al cielo, a la presencia adorable de su bendito Hijo.

Acudamos a nuestra Madre Santísima, postrémonos ante Ella, acojámonos en su regazo maternal y, con todo el afecto de nuestro corazón, consagrémosle todo nuestro ser.

¡Ella es la más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas! Con ella todo lo podemos. Pidámosle con todas las veras de nuestra alma lo que traigamos en lo más íntimo de nuestro corazón y Ella nos lo concederá. Y ojalá que nosotros también podamos decir, como decía el Papa Juan Pablo II:
 
  “Totus tuus, Maria, ego sum!”,
“Todo tuyo, María, yo soy!”.
 
 
 
Autor: P. Sergio Córdova LC | Fuente: Catholic.net

22 oct 2012

Catequesis: Salve meditada

Hoy en el blog de nuestra parroquia vecina, D. Javier, ha editado una auténtica joya que todos deberíamos leer dedicada a Nuestra Madre. Dejo aquí un fragmento y el enlace para que podáis disfrutar leyéndola entera. 



Y esperanza nuestra
 
Todo lo espero de Dios por medio de Ti,
porque Dios te ama muchísimo
y Tú me amas muchísimo.
Contigo no cabe la desesperanza y la tristeza.
En las orillas de tu manso río
crecen los pastos y las flores en toda estación.
Tú eres una eterna primavera,
rosal florido, perfumado, digno de contemplarse.
De Ti lo espero todo y más de lo que esperan
todos los niños de sus mamás.
Espero que me lleves al cielo.
Espero que me hagas feliz.
Espero contemplarte en el cielo
en un éxtasis de amor.
Eres hermosísima paloma blanca
que vuelas en mi jardín.
Alegras mis días y mis noches.
Me haces sonreír y mirar hacia delante
con ilusión y entusiasmo.
La vida sin Ti no tendría sabor ni sentido.
Pero contigo sí quiero vivir.
Quiero contemplarte en el lirio del campo,
en la rosa perfumada, en el blanco clavel,
en todas las flores de las praderas,
en las estrellas de la noche.
 

http://santamariadebaionadiocesistuy-vigo.blogspot.com.es/2012/10/la-salve-para-rezarla-mejor.html

¡Muchísimas gracias, D. Javier!

 

La cajita secreta para mantener un matrimonio fuerte

Un hombre y una mujer estuvieron casados durante más de 60 años. Habían compartido todo, hablaban de todo y no se habían guardado ningún secreto nunca. Lo único que no compartían era que la ancianita tenía una caja de zapatos y le había pedido a su esposo que nunca la abriera y que no le preguntara sobre ella.

Durante todos estos años, él nunca pensó en la caja, pero un día la viejita enfermó de gravedad y el doctor les dijo que no se recuperaría de su enfermedad. El ancianito tratando de arreglar todas las cosas de su esposa antes de que muriera, se topó con la caja de zapatos y se la llevó a la esposa a su cama. Ella le dijo que ya era tiempo de que supiera lo que había dentro.

Cuando la abrió encontró dos muñecas de ganchillo y un fajo de billetes, eran 95000 euros. Él, sorprendido, le preguntó sobre el contenido de la caja y ella le dijo:

- Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era no discutir nunca y que cada vez que me enfadara contigo, debería guardar silencio y tejer una muñequita de ganchillo.

Él se tuvo que contener para no derramar unas lágrimas, ya que solo había dos muñecas en la caja. Así que ella sólo se había enojado con él dos veces, en todos esos años llenos de amor y entendimiento.


Él estaba que no se lo creía y sumamente conmovido.
- "Oye amor", le dijo, "ya entendí lo de las muñecas... pero ¿y el dinero?, ¿de dónde salió?"


- "Ah", le dijo ella, "ese dinero es lo que gané con las muñecas que vendí durante todos estos años".


Plegaria que debemos repetir las esposas:


Dios te pido:
SABIDURÍA para entender a mi hombre,
AMOR: para perdonarlo, y
PACIENCIA: por sus estados de ánimo cambiantes,

porque si te pido que me des:
FUERZA: "seguro no lo aguanto ya que no sé tejer muñequitas de ganchillo".

D. Javier, nos ha enviado esta preciosa reflexión, desde su blog:

Es un blog para seguir día a día porque nos enseña a crecer en Fe, a crecer en Amor a Jesús, a crecer en Amor a María, y por supuesto a crecer como personas.

Desde aquí queremos expresar el más enorme agradecimiento enviándole:


19 oct 2012

No esperes


No esperes una sonrisa,
para ser gentil…

No esperes ser amado,
para amar…

No esperes estar solo, para reconocer
el inmenso valor de un amigo…

No esperes el luto del mañana, para reconocer
la importancia de quienes están hoy en tu vida…

No esperes tener el mejor de los empleos,
para ponerte a trabajar…

No esperes la nostalgia del otoño,
para recordar un consejo…

No esperes la enfermedad, para reconocer
que tan frágil es la vida…

No esperes a la persona perfecta,
para entonces enamorarte…

No esperes el dolor,
para pedir perdón…

No esperes la separación,
para buscar la reconciliación…

No esperes elogios,
para creer en ti mismo…

No esperes que los demás tomen la iniciativa,
cuando sabes que tú mueres de ganas
de un abrazo, una caricia, un beso…

No podemos esperar, el momento es hoy,
y hoy significa ahora, este nuevo día que comienza…

No esperes el día de tu muerte,
si aún no has amado la vida…

No vivamos esperando de los demás,
empecemos a ser protagonistas...
es nuestra vida, es nuestro presente...
aquí y ahora...

 
Debemos aprender a amar, a dar
desinteresadamente, a sentir, a perdonar,
a darle valor a nuestras pequeñas cosas,
a nuestros amigos, a nuestro trabajo,
a nuestra vida de todos los días ...

Si vivimos esperando...
en esa espera… se nos va la vida...
No esperemos de los demás... nunca sabremos
qué nos darán, qué recibiremos...

Muchas personas viven esperando
y en esa espera se olvidan
que aquellos que dan sin esperar,
son los que reciben a manos llenas…

Todo lo que damos es un boomerang,
regresa a nosotros…

Si queremos recibir,
aprendamos primero a dar...

Tal vez nos quedemos con las manos vacías,
pero nuestro corazón estará lleno de amor...
Y quienes aman, la vida tienen el sello
de ese sentimiento en un lugar de su corazón…
 


Únete al Espíritu e Dios


¡Es tan importante invocar con frecuencia al Santo Espíritu de Dios!

Es que en los momentos de dolor, tenemos la tendencia de olvidar cuántas veces, durante las situaciones difíciles del pasado, Dios vino en nuestra ayuda.

Fácilmente olvidamos que, cuando todas las puertas parecían cerradas, se abrió de manera milagrosa, una puerta aun mucho más grande y que ni siquiera sabíamos que existía.

Cuántas veces, en la más negra oscuridad, comenzó a brillar una pequeña luz, que lentamente fue creciendo hasta que llegó el nuevo día.

Pues bien, si invocásemos más frecuentemente al Espíritu de Dios, Él nos recordaría esas intervenciones maravillosas del Señor, y no sucumbiríamos como efecto de la angustia y de la desesperanza.

Él te estaría diciendo: recuerda que así como Dios obró en el pasado, también puede actuar a favor tuyo en el presente.
El Paráclito, el Espíritu Santo,
que el Padre enviará en mi nombre,
les enseñará todo
y les recordará lo que les he dicho.
Juan 14, 26.

22 de Octubre: Estampas Oraciones Beato Juan Pablo II

264- Juan Pablo II





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...