27 ene. 2014

Reflexión Oración Presentación de Jesús en el Templo


LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO:
¡LUZ PARA LA OSCURIDAD!

Como María también nosotros presentamos esa luz, que es Jesús, en el candelero de nuestras manos.

María lo hizo, no solamente porque la tradición empujaba, también desde el convencimiento  que, aquel Niño, estaba llamado a horas más grandes y que, posiblemente, traspasarían su corazón con la espada más afilada del sufrimiento.

Como María, también nosotros, nos adentramos en el gran templo que es el mundo sosteniendo, con luchas y fatigas, el peso de la fe que nos exige verdad y justicia, amor y alegría, entrega y compromiso, claridad, caridad y esperanza.

Como María, también nosotros, necesitamos ser purificados:

* bucear desde la mediocridad hasta la perfección más alta

* saltar de la verdad a medias, a la transparencia y veracidad de nuestras palabras

* alejarnos del relativismo que lo invade todo

* enterrar odios y divisiones que guerrean en nuestro corazón

* dinamitar las dudas que quieren cabalgar sobre las certezas o sobre la fe misma

¡LUZ PARA LAS NACIONES!

Nunca el mundo y sus negocios, el hombre y sus pretensiones han estado tan maquillados de color como vacíos de sentido ni presentados con tanto fuego de artificio. 

Necesitamos a un JESÚS que es LUZ y que haga resplandecer  los rincones más inaccesibles y más difíciles del ser humano.

Necesitamos de este JESÚS que va sembrando  ilusión y  paz en las calles por donde transitan los que son auténticos testigos y candiles de su reino.

Necesitamos a un JESÚS que sustituya aquellas lámparas que han sido apedreadas por las dificultades y las incomprensiones, por las vergüenzas o por los intereses que denunciaban.

Necesitamos de este JESÚS que limpie las lámparas que  un día brillaron en todo su esplendor pero que, el paso del tiempo, las ha ido debilitando con el polvo de la apatía, el cansancio o  la indiferencia.

Necesitamos a un JESÚS que dé urgentemente ese “fluido evangélico” que nos resulta imprescindible para aquellos/as que seguimos pensando que es una respuesta para el momento que vivimos.

Necesitamos de este JESÚS que nos amarre fuertemente a esa gran fuente de energía espiritual que es el Evangelio.

Necesitamos a un JESÚS que nos conecte directamente a esa gran central de amor y de ternura, de gratuidad y de misterios que es el cielo.

Necesitamos de este JESÚS que nos invada con ese arranque (que no es nuclear, eólico ni hidráulico) que viene y nace del corazón que está unido a Dios por el Espíritu.

Necesitamos JESÚS para que, cuando nuestra vida haga cortocircuito, nos ayude a separar lo negativo de lo positivo, la verdad de la mentira, la tacañería del altruismo, la esperanza del abismo, la oscuridad de la luz.

Ante esta fiesta de la Presentación del Señor me gusta pensar que también la Iglesia, como Madre nuestra que es, nos presenta en sus brazos a cada uno de nosotros los cristianos de  a pie,  para que allá donde nos encontremos seamos luz y no apagón, alegría y no caras largas, ilusión y nunca pesimismo, fe antes que incredulidad, etc., en medio de ese gran templo que es el mundo pero que parece querer sostenerse en sí y por sí mismo lejos de ese cimiento fundamental y sólido que es DIOS.


Javier Leoz
http://www.javierleoz.org/

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