29 oct. 2014

Nuestros Difuntos: Reflexión


En el mes de Noviembre se inicia conmemorando la fiesta de todos los Santos, los que ya gozan del Señor y durante todo el mes se vive el recuerdo de los que murieron en el Señor y se purifican en el purgatorio, antes de su entrada en la gloria. Bienaventurados los que mueren en el Señor, nos recuerda el Apocalipsis, también que hagamos memoria de que nada manchado puede entrar en el cielo.

Llamamos purgatorio, pues, a esa situación en la que es necesario purificarse antes de gozar definitivamente de Dios. El purgatorio -se ha dicho- es el noviciado de la visión de Dios, el lugar donde se pulen las piedras de Jerusalén celestial, el lazareto en que el pasajero contaminado se detiene antes de entrar al puerto para poder curarse y entrar en la patria.

Pero en el Purgatorio hay alegría. Y hay alegría, porque hay esperanza. Del lado que caiga el árbol, así quedará para siempre, dice un sabio refrán. Y en el purgatorio sólo están los salvados. En la puerta del infierno escribe Dante: "Dejad toda esperanza los que entráis". En la del purgatorio vio escrito Santa Francisca Romana: "Esta es la mansión de la esperanza". Es una esperanza con dolor: el fuego purificador. Pero es un dolor aminorado por la esperanza. El lingote de oro es arrojado al fuego para que se desprendan las escorias. Así hay que arrancar las escorias del alma, para que, como un vaso perfecto, pueda presentarse en la mesa del rey. La ausencia del amado es un cruel martirio, pues el anhelo de todo amante es la visión, la presencia y la posesión. Si las almas santas ya sufrieron esta ausencia en la tierra -"que muero porque no muero", clama Santa Teresa-, mucho mayor será el hambre y sed y fiebre de Dios que sientan las almas ya liberadas de las ataduras corporales.


Las almas del purgatorio ya no pueden perecer. Pero Dios nos ha concedido a nosotros el poder maravilloso de aliviar sus penas, de acelerar su entrada en el paraíso. Así se realiza por el dogma consolador de la comunión de los santos, por la relación e interdependencia de todos los fieles de Cristo, los que están en la tierra, en el cielo o en el purgatorio. Con nuestras buenas obras y oraciones -nuestros pequeños méritos-, podemos aplicar a los difuntos los méritos infinitos de Cristo.

En el Antiguo Testamento, en el segundo libro de los Macabeos, vemos a Judas enviando una colecta a Jerusalén para ofrecerla como expiación por los muertos en la batalla. Pues, dice el autor sagrado, es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos para que sean liberados de sus pecados. Los paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas en honor de los difuntos. Nosotros debemos hacer más que eso. El ofrecer misas por nuestros difuntos es la mejor oración y ofrenda.

"Un cristiano, dice San Ambrosio,
tiene mejores presentes que las flores.
Cubrid de rosas, si queréis, los mausoleos,
pero envolvedlos, sobre todo,
en aromas de oraciones"



Fuente: Parroquia Diócesis de Tui-Vigo nº 567:
Parroquias de San Benito de Gondomar y de San Miguel de Peitieiros

1 comentario:

  1. En el frontispicio del CEMENTERIO DE MI PARROQUIA, hay una frase que hace meditar a los que van a visitarlo:
    ETERNO BIEN OS ESPERA O ETERNA INFELICIDAD....SED PUES JUSTOS...O TEMBLAD!!!

    Y como en mi tierra, a pesar de fabricar muchos ataúdes, son muy ingeniosos y alegres, porque se ríen de todo, hace muchos años, cuando un ministro español dijo aquello de "MENOS LATÍN Y MÁS DEPORTE",y... "¡MÁS DEPORTE, CONTAMOS CONTIGO!", apareció en lo alto de la valla del cementerio una pancarta muy artística eso sí, que decía: "¡AUNQUE COMAS PATATAS Y HAGAS DEPORTE...CONTAMOS CONTIGO!!!"
    Hubo muchas risas y apareció en algunos periódicos de la región... por ingeniosos.

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