7 nov 2012

Jesús llama a la puerta


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?



¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!



¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!



¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!



Lope de Vega

5 nov 2012

Estampas Oraciones Virgen de la Medalla Milagrosa








SANTO ROSARIO DE JACULATORIAS: Virgen de la Medalla Milagrosa

Por la señal de la Santa Cruz...

Felicitemos a la Santísima Virgen por el singular Privilegio de su Concepción Inmaculada.

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea.

Pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti celestial Princesa, Virgen sagrada María.

Te ofrezco, en este día, alma, vida y corazón.

Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Atendiendo el deseo de la Virgen Santísima Milagrosa: recemos con confianza y fervor las siguientes...

INVOCACIONES AL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA
PRIMERA INVOCACIÓN
Madre mía amantísima, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, en todos los instantes de mi vida acordaos de mí, miserable pecador.

Padre nuestro que estás en el cielo... Diez jaculatorias. ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.


SEGUNDA INVOCACIÓN
Acueducto de las divinas gracias, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados.

TERCERA INVOCACIÓN
Reina de cielos y tierra, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos.

CUARTA INVOCACIÓN
Inmaculada, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, alcanzadme de vuestro Santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación.

QUINTA INVOCACIÓN
Abogada y refugio de nosotros pobres pecadores, Santísima Virgen de la Medalla Milagrosa, asistidme en el trance de la muerte y abridme las puertas del cielo.

Pídase la gracia que por intercesión de la Santísima Virgen se desee alcanzar...

Y denle gracias por las ya obtenidas.


Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.



ORACIÓN:
Señor Nuestro Jesucristo, que quisisteis honrar con innumerables milagros a vuestra Madre la beatísima Virgen María, inmaculada desde el primer instante de su concepción, concédenos que, implorando siempre su patrocinio, consigamos los goces eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

Acudamos a la maternal protección y amparo de la Santísima Virgen con la siguiente súplica (de San Bernardo):

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, hayan sido abandonados de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Virgen Madre de las vírgenes!, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh purísima Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien escuchadlas y atendedlas favorablemente.

(REZADA 0 CANTADA)

Salve Regina Mater misericordie...


LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA, UNA MADRE PARA TODOS
Niños, jóvenes, adultos (solteros o solteras, casados, viudos o viudas, ancianos o ancianas, sacerdotes, religiosos o religiosas).

Cualquiera que sea tu estado actual, ten presente que has nacido para salvarte. Y que para ello, lo mismo que en lo natural necesitas el cuidado solícito de una madre desde que naces, continuando en la infancia, juventud, pubertad, madurez y más especialmente en la ancianidad, necesitas también una madre en lo espiritual.

Esta madre la tenemos por expreso deseo de Jesucristo Redentor, que nos la legó en firme testamento firmado y sellado con su sangre desde la cruz redentora.

El parto fue dolorosísimo, pero la humilde esclava del Señor, que aceptó ser madre del Salvador en Nazaret, acepta ahora la maternidad corredentora que se le encomienda en favor de toda la humanidad.

El día 27 de noviembre de 1830 la bondadosa, solícita y buena madre del cielo, le mostró a santa Catalina Labouré, con una visión, grabada con letras de oro, la jaculatoria ¡OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS!, que tú terminas de rezar cincuenta veces. Esta jaculatoria, junto con llevar colgada al cuello la Medalla Milagrosa que también se le mostró , te garantiza es promesa de la Virgen vivir bien, morir en paz con Dios y salvarte.

Las gracias y favores que la Santísima Virgen concede a los que practican esta devoción son incontables. ¡PRUÉBALO!

CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA



Áncora de salvación eterna que la Santísima Virgen nos tiende misericordiosamente.


ACTO DE CONSAGRACIÓN


¡Oh Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre de los hombres y de las mujeres: Reina y defensora nuestra SANTÍSIMA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA!

Venimos aquí para " CONSAGRARNOS A VOS ANTE ESTE ALTAR Y VUESTRA ESCOGIDA IMAGEN", y ofreceros el homenaje de nuestra vida y de nuestro amor; para felicitarte, como hijos tuyos, por los incomparables privilegios con que Dios te adornó desde el primer instante de tu concepción inmaculada, y para alegrarnos contigo por la gloria sublime de que ahora gozas en el cielo.

Un día feliz, admirada ante la bondad de Dios que acababa de hacerte Madre suya, dijiste aquellas palabras de divina inspiración: <<DESDE AHORA ME LLAMARAN BIENAVENTURADA TODAS LAS GENERACIONES>>

Nosotros queremos cumplir ahora la parte que nos corresponde en esta profecía triunfal, y proclamamos tus glorias y te bendecimos por ellas con todo el fervor de nuestros corazones enamorados de tu hermosura y santidad.



Bendita seas, Santa María, por tu Concepción Inmaculada y por tu Maternidad Divina; por tu santidad y por tu poder de mediadora universal; por tu piedad y tu misericordia.

Tu nunca te olvidas de que has sido levantada hasta el trono de Dios, no sólo para tu gloria, sino también para nuestra salvación; no te olvides de que Dios te ha llevado al cielo en cuerpo y alma, para que así intercedas mejor por nosotros, pobres pecadores.

Llenos de confianza en tu poder y en tu bondad, y sabiendo que, como Madre buena, oyes los ruegos de tus hijos y de tus hijas, te suplicamos con todo el fervor de nuestro corazón, que no nos dejes de tu mano, porque, si tú nos dejas, nos perderemos para siempre.


¡No nos abandones y danos fortaleza, Santa Madre de Dios!

Para luchar contra las malas inclinaciones de nuestra naturaleza, herida por el pecado.

Para dominar las miradas peligrosas, y para impedir las conversaciones atrevidas.

Para apartarnos de compañías que nos lleven al pecado; para cumplir decididamente nuestros deberes de trabajo y estudio.


Para ser buenos y leales con los que convivimos y amigos, caritativos y atentos con los pobres y los enfermos, constantes y devotos en la recepción de los sacramentos de Confesión y Comunión.

Danos fortaleza para luchar y vencer; ¡Oh celestial vencedora de todas las batallas de Dios!



Y concédenos que los que hoy nos hemos reunido ante Ti para haceros entrega de todo nuestro ser mediante esta consagración, cantar tus alabanzas y pedir tu protección, nos reunamos un día en la gloria del paraíso para ofrecer contigo nuestro amor a tu Hijo y Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos.




El áncora de salvación que la Santísima Virgen nos tiende a nosotros y ahora para nuestra santificación y posterior felicidad en el cielo, es:

Primero
El rezo diario y devoto del Santo Rosario.

Segundo
La consagración personal y sincera de todo nuestro ser al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen.

Tercero
Llevar puesta la medalla de la Santísima Virgen Milagrosa, como señal externa de la consagración.

Si lo cumplimos como la Santísima Virgen lo pide y desea, el éxito final del bien sobre el mal está asegurado.

Lo ha prometido la Virgen, que nunca deja de cumplir sus promesas, con estas proféticas palabras:

"AL FINAL, MI CORAZÓN INMACULADO TRIUNFARÁ"




LA CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA



La entrega total de las personas por medio de la consagración a la Santísima Virgen María, ha sido práctica piadosa, usada desde antiguo en la Iglesia.

Se consagraron San Buenaventura, San Bernardo, Santa Matilde, San Bernardino de Sena, y otros...

En 1647, San Juan Eudes se consagraba al Inmaculado Corazón de María, junto con sus religiosos.

En 1700, era San Luis María Grignión de Montfort, quien hacía lo mismo: agregando a la consagración el de esclavo de la Santísima Virgen María.


LA SANTÍSIMA VIRGEN PIDE LA CONSAGRACIÓN A SU INMACULADO CORAZÓN


Parece ser que esta devoción había decaído prácticamente en la Iglesia, de su primitivo fervor.

El día 13 de julio de 1917 era la misma Santísima Virgen la que en una aparición a tres niños pastores en Fátima (Portugal) les decía entre otras cosas que para salvar las almas de los pecadores, quería el Señor establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón: prometiendo la conversión de Rusia y la paz del mundo, mediante la consagración a su Inmaculado Corazón.

Que volvería para decir cómo se tenía que hacer.

En el mes de Junio de 1929, en la capilla de las religiosas Doroteas de Tuy (Pontevedra) de nuevo la Virgen se aparece a la hermana Lucía al pie de una desgarradora visión, y le dice: "HA LLEGADO LA HORA QUE DIOS PIDE AL SANTO PADRE QUE EN UNIÓN CON TODOS LOS OBISPOS DEL MUNDO HAGAN LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA EN PARTICULAR, Y DEL MUNDO EN GENERAL, A MI INMACULADO CORAZÓN, PROMETIENDO SALVARLOS POR ESTE MEDIO."

En el año 1984, el Papa Juan Pablo II, junto con todos los obispos del mundo, hizo esta consagración en la plaza de San Pedro en Roma, delante de la imagen de la Virgen de Fátima, llevada desde su Santuario de Portugal para este acto exclusivamente.

Significado de la Medalla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa


ANVERSO DE LA MEDALLA


María Inmaculada

María Medianera Universal

María Tipo y Modelo de la Iglesia

Maria Reina del Universo

María Asunta al Cielo


REVERSO DE LA MEDALLA


Maternidad Divina de Maria

Maria nueva Eva

María Corredentora

María Madre de la Iglesia



ANVERSO Y REVERSO DE LA MEDALLA


Virginidad de María

María Madre Espiritual de todos los hombres

Canciones para Catequesis

Padrenuestro:

 
 
 
Yo tengo un amigo que me ama:
 
 
 
 
 
María, mírame:
 
 


Ya llegó el Espíritu Santo:




Tenemos tanto:
 
 
 
Así baila el cristiano:
 
 
 
El tren del Evangelio:
 
 
 
 
Una tortuguita:




Vídeo promocionando el Año de la Fe

Un vídeo que nos invita a vivir el Año de la Fe. Incluye la canción "Sígueme" del Grupo San Miguel Arcángel que en numerosas ocasiones nos ha acompañado y también una foto de D. Javier, autor del blog de nuestra parroquia vecina de Baiona.

3 nov 2012

Recursos Catequesis Adviento

Colorea el camino de Adviento que conduce a la Navidad:



Fuente: educarconjesus.com


Enigmas de Adviento, sopas de letras de Adviento y busca las diferencias de Adviento:

Descifra utilizando el código secreto:


Colorea la Corona de Adviento y aprende el significado de los símbolos que aparecen en ella:

Averigua qué mensaje y qué dibujo se esconde:


Criptograma de Adviento:


Crucigrama de Adviento:



Sopa de Letras de Adviento:



Colorea el Árbol de Adviento:



Laberinto de Adviento:
Colorea dibujos de Adviento de Fano:

* Preparémonos para recibir al Salvador como lo hicieron María y Santa Ana



* Preparemos un sitio para el Niño



* Ya es Adviento

* Hagamos una cuna de nuestra alma para acoger a Jesús
 

* Despertad, estad en vela

 

Dibujos de Fano. Fuente: diocesisdemalaga

Colorea los cuatro Domingos de Adviento Ciclo C:



Fuente: http://educarconjesus.blogspot.com.es

No te dejes vencer por el desaliento



Cuenta la historia que un día, el diablo decidió retirarse de su actividad y vender sus herramientas al mejor postor. Cuando llegó la noche de la venta, tenía preparado todo su material, que por cierto, era un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño... y todo lo malo que puedas imaginar.
De entre todas las herramientas había una muy gastada, como si hubiese sido usada muchísimas veces. Sin embargo, era más cara que el resto de las herramientas. Alguien le preguntó al diablo, cual era esa herramienta tan cara. "Desaliento" fue la respuesta.
¿Por qué su precio es tan alto?, siguió preguntando. Porque esa herramienta, respondió el diablo, es la más útil de todas, con ella puedo entrar en la conciencia de las personas y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje.
Está muy gastada, porque la uso con casi todos los seres de este mundo.
A pesar de la explicación y de ver la gran utilidad de esa herramienta, nadie la pudo comprar, porque el precio del desaliento era muy alto. Esa es la razón por la que aún sigue siendo propiedad del diablo.
El desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cual es indispensable fortalecerse. Nos desalentamos con las situaciones económicas, laborales, familiares, con el fracaso, con el engaño, con la mentira, con el desamor...
Debemos mantenernos alertas contra el desaliento.
Si hay un tropezón o una caída no hay que rendirse.
Cada día podemos empezar otra vez desde el punto más alto.
"Comienza haciendo lo que es necesario,
después lo que es posible y de repente
estarás haciendo lo imposible". 
San Francisco de Asís.
Ana y María del Valle nos han enviado esta reflexión para que perseveremos en nuestro caminar y potenciemos nuestra autoestima. Para ellas desde O Sol Xa Saíu:

1 nov 2012

Significado de Santidad. Etapas para llegar a la Canonización.



El concepto de “santo” existe en otras religiones, aunque no exactamente con el mismo significado nuestro. La religión católica romana es la única que posee un mecanismo formal, continuo y altamente racionalizado para llevar a cabo el proceso de canonización de una persona. Sólo en la iglesia de Roma se encuentra un número de profesionales cuyo trabajo consiste en investigar la vida de quienes han sido considerados santos por su comunidad o conocidos.

     * La declaración oficial de santidad de una persona se denomina canonización. Esta palabra procede del griego: kanon. Tiene varias aplicaciones. Pero en nuestro caso significa “lista”: canonizar a una persona es ponerla en la lista de los santos.

    * El papa Gregorio IX formalizó el proceso y en el año 1234 las canonizaciones (declaración oficial de santidad de una persona) quedaron reservadas al Papa. Él debe aprobar los trabajos de los muchos especialistas que intervienen en el proceso y convalidar los milagros requeridos.

     * La Iglesia, al declarar  “santa” a una persona es infalible: al proponerla como modelo y realización de vida cristiana, la Iglesia no puede fallar, por la presencia activa de Cristo y su Espíritu.

     * Al declarar “santa” a una persona, después de un largo y complejo proceso, la Iglesia asegura que esa persona está, con toda certeza, junto a Dios; y ha vivido el Evangelio en su espíritu y específicamente, en determinadas virtudes, en grado heroico. En consecuencia la presenta  como modelo de conducta evangélica e intercesora ante Dios.

    * La canonización implica también que esa persona debe recibir veneración (culto) universal; que el creyente puede rezar confiadamente en ella; que su nombre se inscriba en la lista (canon) de los santos de la Iglesia; y se la “eleve a los altares” es decir, se le asigne un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia entera, y se le puedan dedicar capillas, iglesias y santuarios. (La fecha de la fiesta es el día de “su nacimiento para la eternidad”)


Antes de la canonización el santo debe pasar por tres etapas:

1. Siervo de Dios
El proceso de canonización tiene una fase inicial muy importante.  Se trata de constatar si la persona muerta en concepto de santidad ha vivido las virtudes evangélicas en grado heroico.  Para ello se investiga su conducta, actitudes, obras, escritos, y el testimonio de quienes la han conocido. Si el resultado lo merece, se la declara Siervo de Dios.

2. Venerable
Es un “salto” muy importante.  Supone confirmar la heroicidad de sus virtudes. El Papa promulga, en un decreto, que esa persona es “digna de veneración”, es venerable. La veneración ha de ser privada y nunca en actos públicos.

3. Beato
En rigor, la “investigación” sobre la vida real del “venerable” continúa.  Pero no son los mayores atributos de caridad y virtudes heroicas que quizá sigan apareciendo los que transforman al “venerable” en Beato.  Se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del venerable y verificado después de su muerte. (El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida mártir. Pero también en este caso se examina su vida.) El milagro -generalmente la curación de una enfermedad física- debe ser probado a través de una comisión de expertos en medicina y teólogos. El estudio es muy exhaustivo, sin ningún margen de error.
El Beato es venerado públicamente, pero sólo en la Iglesia local (diocesana o nacional) o en su familia religiosa. A ese propósito la Santa Sede autoriza una oración especial para el beato y una Misa en su honor.

4. Santo
Es la máxima “distinción” que la Iglesia atribuye a sus hijos.  Habiendo llegado a Beato, el candidato ha superado la parte más difícil del camino hacia la canonización. Pero para “llegar a la meta” le falta otro milagro. Este debe ocurrir después de la beatificación. La Iglesia lo considera el “signo” de que Dios sigue obrando por su intercesión y desea que sea propuesto a la veneración universal.  El proceso para verificarlo es igual al practicado para la beatificación. Necesitamos saber que el título de Santo no le agrega más virtudes o santidad al Beato. Como definió Benedicto XIV, “es la última y definitiva sentencia de la santidad”.
Con la bula de canonización el Papa declara que el candidato DEBE ser venerado (ya no se trata de un mero permiso) como santo por toda la Iglesia universal.

Fuente: San Pablo.com.ar

Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de Fieles Difuntos en palabras del Beato Juan Pablo II


La solemnidad de Todos los Santos como la conmemoración de los Difuntos, son dos celebraciones que recogen en sí, de un modo especial, la fe en la la vida eterna. Y aunque estos dos días nos ponen delante de los ojos lo ineludible de la muerte, dan, al mismo tiempo, un testimonio de la vida.


El hombre, que según la ley de la naturaleza está "condenado a la muerte", que vive con la perspectiva de la destrucción de su cuerpo, vive, al mismo tiempo, con la mirada puesta en la vida futura y como llamado a la gloria.


La solemnidad de Todos los Santos pone ante los ojos de nuestra fe a todos aquellos que han alcanzado la plenitud de su llamada a la unión con Dios. El día que conmemora los Difuntos hace converger nuestros pensamientos hacia aquellos que, dejado este mundo, esperan alcanzar en la expiación la plenitud de amor que pide la unión con Dios.


Se trata de dos días grandes para la Iglesia que, de algún modo, "prolonga su vida" en sus santos y también en todos aquellos que por medio del servicio a la verdad y el amor se están preparando a esta vida.


Por esto la Iglesia, en los primeros días de noviembre, se une de modo particular a su Redentor que, por medio de su muerte y resurrección, nos ha introducido en la realidad misma de esta vida.


Juan Pablo II

MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE


Imagínate ahora como si estuvieses en el lecho, a punto de morir y de dejar todas las cosas de este mundo...

Oh Dios mío, dadme una buena y santa muerte, y después la gloria eterna del Cielo...

1.- Soy joven, tengo salud y fuerzas; y casi parece que me he hecho la ilusión de que yo no he de morir. Y sin embargo mi vida pasa. ¡Cuántas veces he visto las aguas de un río, cómo van bajando, bajando hacia el mar! Así mi vida va caminando, caminando hacia el sepulcro. Cada día que pasa estoy un día más cerca de la muerte. Al viajar en ferrocarril, ¿no he visto cómo unos bajan en una estación, otros en otra, hasta que no queda nadie en el tren? Así en esta vida, unos acaban su viaje en la infancia, cuando son aún pequeñitos; otros, en plena juventud. ¿No he visto morir a algunos jóvenes, que quizá eran amigos o conocidos míos? ¿Llegará un día para mí la muerte? Ciertamente que sí. ¿Cuándo será? No lo sé. ¿En dónde moriré? No lo sé. ¿Cómo moriré? No lo sé, no lo sé. Piénsalo unos momentos.



2.- ¿Qué es morir? Es separarse el alma del cuerpo. Han vivido siempre juntos, y es necesario separarse. El cuerpo, cada día lo vemos, es llevado al cementerio, en donde se deshace y se pudre. Pero el alma, ¿a dónde va? Este alma que tengo, que me hace conocer, recordar, querer, ¿dónde va? Ella no va al cementerio, sino que en el mismo instante en que se separa del cuerpo, se presenta ante el tribunal de Dios, el cual le pide cuenta de todo lo que ha pensado, dicho y hecho en toda su vida. Si ahora mismo tuvieras que presentarte delante de Dios, ¿estaría tranquila tu conciencia? Piénsalo bien.




3.- ¡Qué terrible ha de ser presentarse delante de Dios en pecado mortal y oír la sentencia de condenación eternal! Ya no se puede volver atrás; el mundo ha pasado para siempre y la sentencia de Dios se cumplirá, sin que valgan súplicas ni excusas de ninguna clase. ¡Qué dulce y delicioso debe ser presentarse el alma en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal algunol ¡Qué alegría al ver que se le abren las puertas del Cielo, y que allí vivirá eternamente. Piénsalo bien.

 


4- ¿Qué prefieres? ¿Qué desearías haber hecho en la hora de tu muerte? Hazlo ahora, porque después quizá sería ya tarde. Forma el propósito de portarte bien, de cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, de huir del pecado y de frecuentar devotamente los santos Sacramentos. No te dejes engañar de las vanidades del mundo, que a tantos condenan y que pronto han de acabar; trabaja por salvar tu alma, que no morirá nunca. Mira cómo te has portado hasta ahora; y si ves que no vas por el camino del Cielo, procura enmendarte y cambiar de vida. Piénsalo bien.


P. Luis Rivera

Oración para la Conmemoración de los Fieles Difuntos


Nunca será tarde, hermanos

Para, después de la vida,
salpicada de obstáculos y de sobresaltos,
aguardar el momento definitivo,
donde, lo que no entendíamos, lo veremos,
donde, lo que no alcanzábamos,
con nuestros ojos mismos lo contemplaremos.

Nunca será tarde, hermanos.
Para los que fuisteis padres,
recibir el abrazo del que es Padre,
y premiará los desvelos por vuestros hijos,
la mano de los que, anteponiendo el amor,
enseñasteis y dejasteis lo mejor de vosotros mismos.

Nunca será tarde, hermanos.
Para los que, siendo jóvenes o niños,
la muerte os cortó sin previo aviso.
Para los que, teniendo la vida por delante,
el silencio y el absurdo,
os apartó para siempre de nuestros ojos.
No será tarde porque, en el cielo,
seréis eternamente jóvenes,
como joven fue y murió el mismo Jesucristo.
No será tarde porque, en el cielo,
siendo niños disfrutaréis de una Madre
que acoge, con amor de Madre,
a los que acuden pidiendo amor y regazo.

Nunca será tarde, hermanos.
Amigos y consagrados, sacerdotes y religiosos,
enfermos y trabajadores, anónimos y olvidados…
Porque, Dios, lejos de olvidar… siempre recuerda,
con nombre y apellidos,
las huellas que, al pasar por esta tierra,
todos vamos dejando en los mil caminos recorridos.
No será tarde para aquellos que, siendo heraldos,
predicaron lo que hoy celebramos:
la Vida sobre la muerte… Dios venciendo al maligno.
Nunca será tarde, cuando llegue el momento,
de abrazarnos con abrazo eterno,
de sonreír en una inmensa alegría eterna,
de vivir en una VIDA que ya no cesará,
de disfrutar en una ETERNA FIESTA en el cielo.
Nunca, así lo creemos, será tarde,
para, después de la muerte, descubrir el velo
que nos traslada al lugar donde todo es gozo eterno.
Amén.

P. Javier Leoz
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