30 abr. 2014

Mes de Mayo con María: aprendemos con sus ojos, su corazón, sus manos y sus pies

Los ojos de María


TUS OJOS, MARIA
Son grandes, porque quedaron embelesados
por el anuncio del Ángel.

Están limpios, por las lágrimas de emoción
en el Nacimiento de Cristo.

Son risueños, por la juventud y la hermosura
de Aquella que los lleva.

Son inquietos, 
porque nunca se cansan de mirar al Hijo.

Están sanos, porque siempre miraron
en la dirección adecuada.

No tienen tensión, porque saben cerrarse
ante Aquel que es descanso.

No tienen brizna alguna,
porque Dios los cuida con amor de Padre.

No están ciegos porque, al pie de la cruz,
los mantuviste despiertos.

No son insensibles, porque desde la cruz,
Jesús los llamó a ver a los hombres como a sus hijos.

No parpadean porque, ante la situación del mundo,
saben que han de estar bien abiertos.

No huyen, porque ante el mal tiempo,
han de ayudar a los demás a descubrir el horizonte.

El corazón de María


Tu corazón, María,
rebosa agradecimiento.

Tu corazón, María,
desborda de felicidad.

Tu corazón, María,
se siente engrandecido por la presencia de Dios.

Tu corazón, María,
ama incluso a aquellos que no te aman.

¡Danos, María!
Un corazón sencillo
para acoger a Dios.

Un corazón noble
para sincerarnos con Él.

Un corazón alegre
para sembrar la ilusión.

Un corazón desprendido
para no mirarnos a nosotros mismos.

Un corazón conciliador,
para no cerrarnos a los que nos rodean.

Y, si por lo que sea,
ves que nuestros corazones
están cerrados con potentes candados:
ven a nuestro encuentro, María,
y rompe los eslabones que nos impiden ser libres.

Las manos de María



El tiempo de Pascua, es el tiempo de la alegría. La Resurrección de Jesús ilumina el ser de nuestra vida cristiana.

Las manos de María, acogieron en el pesebre, a un Jesús que -siendo Niño- tenía la grandeza del mismo Dios.

Las manos de María, sostuvieron al pie de la cruz, a un Jesús que siendo fuerte se hizo débil por salvarnos.

El mes de mayo, ayudados por las MANOS DE MARIA, son días para abrir las nuestras y acoger el fruto de la Pascua: ¡Ha resucitado!

Las MANOS DE MARIA supieron acoger, acunar, cuidar, alimentar y -en los momentos de prueba- sostener el cuerpo de Jesús.

Hoy, además, con las manos de María, tenemos un recuerdo especial por los que trabajan. Por aquellos que saben ofrecer su esfuerzo y su tesón por completar y perfeccionar la creación de Dios.

¿Acogemos la Eucaristía con devoción y preparación?
¿Acunamos a los "nuevos cristos" que salen a nuestro encuentro?
¿Cuidamos la fe con una oración sólida, sistemática y convencida?
¿Alimentamos nuestro amor a Dios con nuestra confianza en Él?
¿Ofrecemos el trabajo que realizamos para gloria de Dios y bien de las personas?

 

TUS MANOS, MARÍA

Son grandes, porque en ellas,
todos cabemos.

Son pequeñas, porque en ellas,
se desborda el Misterio de Dios.

Son limpias, porque ellas,
no conocieron la corrupción.

Son delicadas, porque ellas,
acariciaron el tesoro más preciado: Jesús.

Son cuidadas, porque ellas,
fueron bendecidas desde el principio por Dios.

Son orantes, porque ellas,
supieron juntarse para alabar al Creador.

Son señales, porque ellas,
siempre nos enseñan el camino hacia Jesús.

Son decididas, porque ellas,
no se echaron atrás ante las dificultades.

Son amantes, porque ellas,
amaron con locura.

Los pies de María


TUS PIES, MARIA
Van al ritmo de tu pensamiento: tengo que salir.
Caminan con el timón de tu fe.
Sorprenden por la rapidez de tu disposición.
Avanzan sin tener más horizonte que el llegar para servir.

TUS PIES, MARIA
Apuntan en la dirección que Dios te marca.
Corren presurosos para no llegar tarde.
Se resienten cuando se detienen,
y sanan cuando peregrinan.

TUS PIES, MARIA
No saben estar en propia casa,
suspiran siempre otra donde Tú puedas estar,
otros a los que tú puedas lavar o curar.

TUS PIES, MARIA
No conocen el descanso ni la tregua,
siempre están en movimiento,
fecundamente avanzan,
constantemente se mueven
y sin pereza para dejar tu casa.

¿Cuál es, María, el secreto de tus pies?
¿No será acaso, María, los hermanos que te esperan?
¿No será, María, que no puedes permanecer sin hacer el bien?
¿No será, tal vez, que en los mil detalles es donde Tú disfrutas?

Gracias, María, por venir a visitarme.
Como tu prima Isabel
yo también necesito de tus atenciones:
mi corazón anhela una caricia de madre,
mis ideas necesitan ser ordenadas,
mi cabeza un regazo donde repostar un momento.

Gracias, María, por poner tus pies en dirección a mi humilde casa.
Amén

http://www.javierleoz.org/

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