5 jul 2013

VIACRUCIS CON LA VIRGEN MARIA

VIACRUCIS CON LA VIRGEN MARIA
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Textos: Javier Leoz
(Parroquia de San Juan Evangelista de Peralta. Navarra)

Fotografía: Exposición de “La Piedad” de Miguel Ángel, fotografiada por Robert Hupka (+2001)

 

1ª estación: Jesús es entregado

El ángel me lo anunció en Nazaret, yo lo alumbré en Belén, pero uno de los suyos, representando al amigo ingrato, lo entregó a la muerte.
Hoy, recuerdo aquella noche angelical y celestial de su nacimiento: ¡qué gran y humilde señal de Dios a la tierra! ¡Dios amor! Una vez más, mi Hijo, como en el día de su alumbramiento, es puesto delante del mundo sin defensa, sin aplausos, sin grandes reconocimientos, sin proclamar lo que en verdad es: ¡Hijo de Dios!


2ª estación: El Señor con la cruz a cuestas

No hay vida sin cruz. El anciano Simeón, en medio de mi alegría, me alertó “una espada te traspasará el alma”. Así es. Hoy compruebo la certeza de aquella premonición: mi Hijo, Aquel al cual arrullé y acuné en mis brazos, va con una cruz, camino del Calvario. ¡Nunca pensé que, el peso de esos dos maderos, lo iba a sentir en mis entrañas de Madre!

Al ser preguntado Miguel Ángel
 por qué esculpió el rostro de la Madre
tan joven como el del Hijo respondió:
“las personas enamoradas de Dios
 no envejecen nunca”

 

3ª estación: Cae el Señor por primera vez

Con el idéntico silencio, con el mismo con el que “Dios Hombre” bajó a la tierra, se desploma Jesús camino del Monte Calvario. ¡Cuántas veces recuerdo sus pequeñas caídas por las cuestas y calles de Nazaret! Aquellas eran de niño. Estas son las de un joven que lo da todo por los hombres; aquellas fueron caídas inconscientes, éstas son caídas que producen un milagro: el alzamiento del hombre que busca y cree en Dios.


4ª estación: Jesús se encuentra a su Madre

Nunca olvidaré el primer encuentro con mi Hijo. Era entrada la noche. José estaba inquieto ¡hubiera querido tantas cosas para Dios Emmanuel! La coincidencia de hoy, con mi Hijo, es más cruel y, a la vez, similar a la de su nacimiento: entonces lo contemplé con amor de Madre y hoy lo quiero  con un amor de Madre que ha madurado en el árbol del dolor, y…agarrándome a esa cruz, ¡bien lo sabe Jesús y también vosotros!, me podréis encontrar como corredentora, como compañera e  intercesora.


5ª estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Escasos auxilios, por no decir ninguno, tuvimos José y yo, encaminándonos hacia la gruta de Belén.
¡Una! ¡Tan sólo una! La de un cirineo, se atreve a asomarse, aunque sea por obligación, entre la multitud. ¡Ayuda! ¡Ayuda quiere el Señor para que su Palabra jamás se apague! ¡Para que su amor se extienda! ¡Ayuda, quiere el Señor! ¿Se la quieres prestar tu? Te lo aseguro que, El, te lo devolverá con creces.

 
6ª estación: la Verónica enjuga el rostro de Jesús

Aquel al que tantas veces acaricié siendo niño; Aquel al que a multitud de ocasiones ,en la fuente de Nazaret, le calmé la sed; Aquel al que con el agua limpia y cristalina le limpié una y otra vez…Aquel, hoy, es aliviado en su rostro por una verónica. ¡Gracias, buena mujer! Tú si que sabes comprender lo que es descubrir, en el que sufre, en el que llora y en los rostros desfigurados, al mismo rostro de Dios. En mi pensamiento de Madre han quedado muchas imágenes de Jesús, pero hoy, en el lienzo de tus manos quedará para siempre grabado el rostro del pesar de Cristo.


7ª estación: Cae el Señor por segunda vez

En interminable subida por la vía dolorosa, contemplo como Madre, al que tantas veces curé y levanté. Y, hoy, la sangre de mi sangre, corre a ríos por las calles de Jerusalén. Y, hoy, la carne de mi carne, se desgarra por el pecado de los hombres, bajo el peso mortífero de la cruz. ¡Adelante, hijo mío! ¡Por Dios y por los hombres, no hay cruz pesada sino fuertes hombros! Te espera un mañana, una madrugada donde tu cuerpo ha de renacer, para que el de los hombres no caigan en el olvido para siempre y definitivamente.


8ª estación: Jesús habla a las hijas de Jerusalén

Jesús siempre tuvo una palabra para cada hombre; un aliento para cada alma; una respuesta distinta para quien se acercaba con diferentes dramas.
Aquel que tuvo compasión, con su mirada, nos dice que no tengamos compasión de El. Que nos miremos a nosotros mismos.
¿Cómo no compadecerme de Aquel que siendo admirado hasta no hace muchos días, hoy se encuentra bajo el peso de una cruz y sin voces que le defiendan?
Como Madre te admiro. Sé que, al final, la voz de Dios se impondrá a esta tortura que ahora te humilla.


9ª estación: Cae el Señor por tercera vez

Muchas veces me pregunté; ¿Era necesario tanto dolor? ¿Por qué tantas caídas? ¿Sirve esta transfusión de sangre para alguien? ¿Moverá los corazones fríos este cuerpo dolorido?
No tuve respuesta. Tan sólo, en los días de la Pascua, comprendí que la locura de Dios era de tal magnitud que, nuestro Hijo, se había convertido en el precio del rescate por el hombre.
¡Gracias! como Madre os lo digo, por acompañarnos en este momento!


10 estación: Jesús despojado de sus vestidos

Al que desnudo lo abracé en la noche de Navidad, despojado de todo, lo vuelvo a contemplar en la tarde del Viernes Santo. ¡Qué momentos tan dispares y tan similares!

Jesús humillado, Dios desprendido de toda riqueza, Jesús en la soledad. En Belén, en la oscuridad de una gruta; hoy en el vértigo que produce asomarse a este monte calvario.

¡Desnudo vino Dios a la tierra! ¡Desnudo sube mi Hijo, Cristo, a la cruz!
¿Por qué no te vistes tú con el manto de la verdad y de la fe, de la esperanza y del amor a Dios?


11ª estación: Jesús clavado en la cruz

El que nació rey de la gloria, asciende entre burlas al grito burlesco de  “rey” al patíbulo de una cruz.

Yo miraba a todos lados, buscaba a mi Hijo en la cruz. Y me acordaba, de aquellos momentos cuando, ya en la cuna, lo veía desde entonces cargando con la cruz.

¡Rey de los judíos! Para mí si que lo fue. ¡Desde el primer momento! ¡Fue el rey del mundo; mi rey ofrendado por los pastores, mi rey adorado por los reyes. Cuántas veces, siendo pequeño le dije, ¡mi pequeño niño, mi gran rey! Y, cuando desde el pie de la cruz, leo el cartel, lo pienso para mis adentros: ¡AHORA, HIJO, MÁS QUE NUNCA ERES REY! ¡DAS EL TODO POR TU PUEBLO!


12ª estación: Jesús muere en la cruz

Un Dios que descendió sin ruido a la tierra, guarda silencio en mi Hijo Jesús.Yo no lo entendía; no comprendía el por qué, la crueldad y la radicalidad de estos gestos. ¿No te bastó, Dios mío, la sobriedad, la indiferencia ante tu llegada o la calma de Belén? ¡Cuántas veces me lo preguntaba!

En Ti, Jesús, se clavan nuestras penas y nuestros sacrificios, en Ti, Hijo mío, desaparecen las discordias y las enemistades. En Ti, en tu mudez y muerte Jesús, los hombres se hacen más hermanos. La cruz se alza como el pasaporte para alcanzar la eternidad.
Duerme, mi Hijo, duerme que, desde aquí abajo, como Madre, te sigo arrullando y queriendo.


13ª estación: Jesús en los brazos de la madre

¡Bajadlo! ¡Bajadlo! No lo tengáis más tiempo. “Todo se ha cumplido” Lo tuve en mis brazos, siendo pequeño, y lo quiero sostener de nuevo, para que nadie me lo arrebate en estos momentos.

¡Duerme, mi Señor! ¡Descansa! Tu Palabra será fecunda. Tu Reino se extenderá por años sin término.

¡Duerme, mi Señor! ¡Siente el pecho de tu Madre! La que, en Nazaret, te levantó cuando caías, y la que en este Calvario, te recoge con más emoción y con el amor más probado, maternal y puro que nunca.

¡Duerme, mi Hijo! Tu cosecha será fecunda. Tu Pascua, para el hombre, fructífera y definitiva.


14ª estación: Jesús es puesto en el sepulcro

Llega un momento, que una madre, no quisiera vivir para presenciar: desprenderse del tesoro que germinó en sus entrañas durante nueve meses.
Te vas, Jesús. Te vas como viniste; al fondo de una gruta. Entonces prestada, hoy también, pero, además, sellada por una losa.

Entonces los campos de Belén se iluminaron por una estrella; hoy el horizonte se ha oscurecido. No hay cantos, algunos de aquellos pastores han muerto y los reyes tardarán tiempo en enterarse de que, el rey de reyes, ha dejado este mundo con la misma comitiva que lo recibió: su Madre y pocos más.

¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Baja para que Dios cumpla lo que estamos llamados a vivir. Que la muerte ya no se impone. Que la vida es eterna. Que un mañana feliz espera al hombre.

¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Para que a José, tu padre, lo pueda volver a ver.
¡Baja, Hijo mío, al sepulcro! Y, cuando al tercer día escuchemos himnos de gloria y de triunfo, que no olvidemos nunca, que Dios cumple lo que promete y que, a pesar de la cruz, nos espera una inmensa ciudad llena de luz y de felicidad: el cielo.

¡Baja, y vuelve pronto, mi Señor!


DIARIO DE MARIA

Te miro a los ojos y, entre tanto llanto,
parece mentira que te hayan clavado,
que seas el pequeño al que he acunado
y que se dormía tan pronto en mis brazos;
el que se reía  al mirar el cielo
y cuando rezaba  se ponía serio.

Sobre ese madero veo a aquel pequeño
que entre los doctores hablaba en el Templo;
que cuando pregunté respondió con calma
que de los asuntos de Dios se encargaba.

Ese mismo niño el que está en la cruz,
el Rey de los hombres, se llama Jesús.

Ese mismo hombre que no era un niño
cuando en esa boda le pedí más vino.
Que dio de comer a un millar de gentes
y a pobres y enfermos los miró de frente.
Rió con aquellos a quiénes más quiso
y lloró en silencio al morir su amigo.

Ya cae la tarde, se nublan los cielos,
pronto volverás a tu Padre Eterno…

Duérmete pequeño, duérmete mi niño,
que yo te he entregado todo mi cariño.
Como en Nazaret, aquella mañana,
he aquí tu sierva, he aquí tu esclava.

Oración a Nuestra Señora del Carmen: Tú que caminas sobre las aguas


Que miras en cada rincón
buscando una huella de Dios. 

O que, como en Nazaret,
sigues afinando el oído
para escuchar la voz del Ángel Gabriel. 

Tú, María, que sigues visitando
miles, millones de hogares
para que, salte de gozo
la vida y el encanto de la fe. 

Tú, Virgen Santa del Carmelo,
que nos revistes con tu Escapulario
para que no olvidemos
que la fe tiene el color de la esperanza,
el brillo del amor,
el resplandor de la Verdad que es Jesús. 

Míranos, Madre y Reina de los Mares,
y, con la fuerza del Espíritu Santo.
Guíanos con el timón de la fe en Dios.
Condúcenos guiados por Jesús.
Aliéntanos con la presencia de tu ser virginal.
Protégenos con tu Santo Escapulario. 

Y, cuando llegue el momento de nuestra partida,
haz que el Señor nos encuentre:
afinados en nuestras palabras
llenos de buenas obras
sin pliegue alguno en el alma ni en el corazón
y con los pies desgastados
de haber buscado al Señor en toda orilla.

Tú, María y Virgen del Carmen,
que caminas sobre las aguas,
ojalá siempre seas la brújula
que oriente nuestro caminar
hasta el día de nuestra muerte.

Amén.

Padre Javier Léoz

 

Poesía dedicada a la Virgen del Carmen


La vida es un mar con un horizonte incierto
y por ello mismo,  Tú Santa María,
te conviertes en timón con final seguro.

Tú pones en nuestras manos
los remos de la fe y de la esperanza:
con el de la FE nos dices que, con Dios,
todo es posible alcanzar
con el remo de la ESPERANZA,
imprimes optimismo y serenidad.

La vida es un mar sembrado de naufragios
y de altivos oleajes:
en los fracasos eres aliento oportuno
para el que se hunde.
En los momentos de turbación
sales al paso con tu mano certera.
En la tristeza nos enseñas el valor de la alegría
que nunca escondes.
En la debilidad despliegas
el hontanar de tu fortaleza divina.

La vida es un mar con peligros e incertidumbres:
olas de pruebas y de sufrimientos,
diques de soledades y de decepciones,
 tormentas de luchas y de desencantos,
anclas de crisis y de fatigas,
cuerdas de trabajo y de desaliento.

Y, aún en medio de ese mar bravío,
siempre encontramos estrellas
que hacen nuestra travesía cierta y feliz:

¡ERES TU SANTA MARÍA!
Estrella que  guía al que busca, desde el ancho mar,
respuestas para la incertidumbre de su vida.

Estrella que en su refulgir,
empuja mar adentro para luego arribar
hacia el puerto de la buena tierra.

Estrella que, siendo pequeña frente a la de Dios,
acuna y calienta, cuida y mima, alimenta y cobija.

Estrella que, aún estando al lado de Dios,
e incrustada en el mismo cielo,
sabe en  instantáneo meteorito,
subir y bajar, bajar y subir
para colmar con creces y calmar sin medida
las contrariedades de todos sus hijos.

Padre Javier Léoz

Oración a la Virgen del Carmen: Súplica para tiempos difíciles


Tengo mil dificultades:
ayúdame.

De los enemigos del alma:
sálvame.

En mis desaciertos:
ilumíname.

En mis dudas y penas:
confórtame.

En mis enfermedades:
fortaléceme.

Cuando me desprecien:
anímame.

En las tentaciones:
defiéndeme.

En horas difíciles:
consuélame.

Con tu corazón maternal:
ámame.

Con tu inmenso poder:
protégeme.

Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.

Virgen del Carmen,
ruega por nosotros.
Amén.

4 jul 2013

Palabras de Santa Clara de Asís

 
Coloca tus ojos ante el espejo de la eternidad,
coloca tu alma en el esplendor de la gloria,
coloca tu corazón en aquel que es figura de la sustancia divina
y transfórmate totalmente, por medio de la contemplación,
en la imagen de su divinidad.

Entonces también tú experimentarás
lo que está reservado únicamente a sus amigos,
y gustarás la dulzura secreta que Dios mismo ha reservado
desde el inicio a los que lo aman.

Sin conceder siquiera una mirada a las seducciones,
que en este mundo falaz y agitado
tienden lazos a los ciegos para atraer hacia ellas su corazón,
con todo tu ser ama a aquel que por tu amor se entregó.
 
Santa Clara de Asís
 
Fuente dibujo:dibujosparacatequesis.blogspot.com

3 jul 2013

Recursos Catequesis Nuestra Señora del Carmen para niños

El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen:
Colorea y lee la historia de Nuestra Señora del Carmen:




Fuente: elrincondelasmelli

Colorea a Nuestra Señora del Carmen:

 Fuente: pintarcolorear.org


Fuente: dibujosparacatequesis

Historia de Nuestra Señora del Carmen:





Fuente: Enviada por HnoRoque Miguel Vernaz, hermano religioso de la Congregacion de losCooperadores Parroquiales de Cristo Rey perteneciente a la arquidiócesis de Rosario, en Argentina.

2 jul 2013

NOVENA A LA VIRGEN DEL CARMEN


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios mío y Señor mío, postrado delante de vuestra Majestad Soberana, con todo mi ser, con toda mi alma y todo mi corazón te adoro, confieso, bendigo, alabo y glorifico. A ti te reconozco por mi Dios y mi Señor; en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío. Me has de perdonar mis culpas y dar tu gracia y perseverancia en ella, y la gloria que tienes ofrecida a los que perseveran en tu amor. A Ti te amo sobre todas las cosas. A Ti confieso mi suma ingratitud y todas mis culpas y pecados, de todo lo cual me arrepiento y te pido me concedas benignamente el perdón. Pésame, Dios mío, de haberos ofendido, por ser Vos quien sois. Propongo firmemente, ayudado con vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderos, confesarme, satisfacer por mis culpas y procurar en todo serviros y agradaros. Perdóname, Señor, para que con alma limpia y pura alabe a la santísima Virgen, Madre vuestra y Señora mía, y alcance por su poderosa intercesión la gracia especial que en este Novena pido, si ha de ser para mayor honra y gloria vuestra, y provecho de mi alma. Amén.


ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías)

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Virgen santísima del Carmen; yo deseo que todos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu santo Escapulario, que todos estén unidos a Ti, Madre mía, por los estrechos y amorosos lazos de esta tu querida Insignia. ¡Oh hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante tu sagrada imagen, y concédenos benigna tu amorosa protección. Te recomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre, el Papa, y las de la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu divino Hijo y a tantos infieles como gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Así sea.




DÍA PRIMERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que fuiste figurada en aquella nubecilla que el gran Profeta de Dios, Elías, vio levantarse del Mar, y con su lluvia fecundó copiosamente la tierra, significando la purísima fecundidad con que diste al mundo a tu querido Hijo Jesús, para remedio universal de nuestras almas: te ruego, Señora, me alcances de su majestad copiosas lluvias de auxilios, para que mi alma lleve abundantes frutos de virtudes y buenas obras, a fin de que sirviéndole con perfección en esta, vida, merezca gozarle en la eterna. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



DÍA SEGUNDO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que por tu singular amor a los Carmelitas los favoreciste con tu familiar trato y dulces coloquios, alumbrándolos con las luces de tu enseñanza y ejemplo de que dichosamente gozaron. Te ruego, Señora, me asistas con especial protección, alcanzándome de tu bendito Hijo Jesús luz para conocer su infinita bondad y amarle con toda mi alma; para conocer mis culpas y llorarlas para saber como debo comportarme a fin de servirle con toda perfección; y para que mi trato y conversación sean siempre para su mayor honra y gloria y edificación de mis prójimos. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



DÍA TERCERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que te dignaste admitir con singular amor el obsequio filial de los Carmelitas, que entre todos los mortales fueron los primeros que en tu honor edificaron un templo en el Monte Carmelo, donde concurrían fervorosos a darte culto y alabanza. Te ruego, Señora, me alcances sea mi alma templo vivo de la Majestad de Dios, adornado de todas las virtudes, donde El habite siempre amado, adorado y alabado por mi, sin que jamás le ocupen los afectos desordenados de lo temporal y terreno. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



DÍA CUARTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para mostrar tu especialísimo amor a los Carmelitas les honraste con el dulce nombre de hijos y hermanos tuyos, alentando con tan singular favor su confianza, para buscar en ti, como en amorosa Madre, el remedio, el consuelo y el amparo en todas sus necesidades y aflicciones, moviéndoles a la imitación de tus excelsas virtudes. Te ruego, Señora, me mires, como amorosa Madre y me alcances la gracia de imitarte, de modo que dignamente pueda yo ser llamado también hijo tuyo, y que mi nombre sea inscrito en el libro de la predestinación de los hijos de Dios y hermanos de mi Señor Jesucristo. Así Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



DÍA QUINTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para defender a los Carmelitas, tus hijos, cuando se intentaba extinguir la sagrada Religión del Carmen, mostrando siempre el amor y singular predilección con que los amparas, mandaste al Sumo Pontífice, Honorio III, los recibiese benignamente y confirmase su instituto, dándole por señal de que esta era tu voluntad y la de tu divino Hijo, la repentina muerte de dos que especialmente la contradecían. Te ruego, Señora, me defiendas de todos mis enemigos de alma y cuerpo, para que con quietud y paz viva siempre en el santo servicio de Dios y tuyo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



SEXTO DÍA
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para señalar a los Carmelitas por especiales hijos tuyos, los enriqueciste con la singular prenda del santo escapulario, vinculando en él tantas gracias y favores para con los que devotamente lo visten y cumpliendo con sus obligaciones, procuran vivir de manera que imitando tus virtudes, muestran que son tus hijos. Te ruego, Señora, me alcances la gracia de vivir siempre como verdadero cristiano y cofrade amante del santo escapulario, a fin de que merezca lograr los frutos de esta hermosa devoción. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.



DÍA SÉPTIMO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que en tu santo Escapulario diste a los que devotamente lo visten, un firmísimo escudo para defenderse de todos los peligros de este mundo y de las asechanzas del demonio, acreditando esta verdad con tantos y tan singulares milagros. Te ruego, Señora, que seas mi defensa poderosa en esta vida mortal, para que en todas las tribulaciones y peligros encuentre la seguridad, y en las tentaciones salga con victoria, logrando siempre tu especial asistencia para conseguirlo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA OCTAVO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que ejerces tu especial protección en la hora de la muerte para con los que devotamente visten tu santo escapulario, a fin de que logren por medio de la verdadera penitencia salir de esta vida en gracia de Dios y librarse de las penas del infierno. Te ruego, Señora, me asistas, ampares y consueles en la hora de mi muerte, y me alcances verdadera penitencia, perfecta contrición de todos mis pecados, encendido amor de Dios y ardiente deseo de verle y gozarle, para que mi alma no se pierda ni condene, sino que vaya segura a la felicidad eterna de la gloria. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA NOVENO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que extendiendo tu amor hacia los Carmelitas, aún después de la muerte, como piadosísima Madre de los que visten tu santo escapulario consuelas sus almas, cuando están en el Purgatorio, y con tus ruegos consigues salgan cuanto antes de aquellas penas, para ir a gozar de Dios, nuestro Señor, en la gloria. Te ruego, Señora, me alcances de su divina Majestad cumpla yo con las obligaciones de cristiano y la devoción del santo escapulario, de modo que logre este singularísimo favor. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.

1 jul 2013

Decálogo del Catequista


Decálogo para el Catequista
I. Cuidar mi vocación de catequista con la oración y la formación permanente.

II. Estudiar y amar la Palabra de Dios como fuente principal de la catequesis.

III. Crecer en el amor a Cristo, a la Iglesia y a cada hermano.

IV. Desarrollar mi vida espiritual con la vivencia de los sacramentos y la participación activa a favor de la comunidad cristiana.

V. Dar testimonio de Cristo en toda circunstancia.

VI. Trabajar en común unión con los sacerdotes y mis hermanos en la fe.

VII. Preparar con seriedad y creatividad todos los encuentros catequísticos.

VIII. Participar con entusiasmo en los encuentros de formación, de oración y de programación de las catequesis.

IX. Servir con humildad y respeto, confiando más en la acción del Espíritu Santo que en mis méritos.

X. Revisar y purificar mis motivaciones para evitar la rutina y la autosuficiencia.

Fuente: webcatolicodejavier

Oración de Protección de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo


Señor Jesús, en Tu Nombre, y con el poder de Tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.

Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que Él generosamente nos envía para nuestro sustento.

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).

Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.

Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.
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