25 nov. 2017

EL PADRE MORALES ES YA VENERABLE: MAESTRO, TESTIGO Y PADRE. O “Tomasito” para los más pequeños.


“¿Qué quieres ser de mayor?” -le pregunté no hace mucho a Vitoria, una niña de 9 años-. “Misionera”, umm, o Dentista, no sé…” –me contestó-. “¿Sabes que se puede ser las dos cosas a la vez?”-le expliqué-.  Es una nueva realidad del Espíritu Santo, para seguir construyendo su Iglesia.  Y el Señor se lo inspiró a algunos hombres en la Iglesia, que le secundaron la idea aunque  al principio no sabían qué era lo que Dios quería con ello.  Eso le pasó al Padre Tomás Morales, sacerdote jesuita. Y muchos jóvenes, chicos y chicas, aprendieron con él que se puede ser santo en el mundo, dedicado a las tareas corrientes de la vida y totalmente entregado a Jesús y a María, amando a todos; especialmente a los jóvenes, pobrecitos, que a veces andan muy despistados.   El Padre se fue al cielo hace unos años, en 1994 y ahora el Papa Francisco lo nombró Venerable, que significa que lo propone como modelo para toda la Iglesia.  



Sabes,  yo conocí al Padre cuando tenía 14 años.  Casi muero del susto cuando veo aquel sacerdote tan alto y delgaducho, con una sotana negra. Al presentarme una estampa de la Inmaculada y preguntarme si la conocía, la Virgen con su mirada me conquistó.  Y de eso han pasado ya casi 30 años, pero me acuerdo todos los días.  Así yo también empecé a amar mucho a la Virgen, a quererla con locura, y por eso deseo que todos los niños y los jóvenes del mundo la amen también.  Después estudié para profe y me consagré a Dios, totalmente, como el Padre Morales; podía hablar con él y hacerle preguntas, me animaba cuando me venía abajo y me recordaba “no te canses nunca de estar empezando siempre”. Siempre me invitaba a llevar la alegría a mis compañeros, en casa… Él fue el instrumento de Dios para mí.

¿Quieres saber más cosas del P. Morales? Hay un libro muy chuli que te lo cuenta, se llama “Yo también quiero ir al cielo”, y además cuando lo lees tienes que descubrir un enigma.  



Si en casa, o en la parroquia, o en el cole no lo tienen todavía, pídele a los mayores que te lo cuenten, yo se lo voy a resumir aquí para ellos:

“El pasado día 8 de noviembre el Santo Padre ha proclamado venerable al Padre Morales S.J. (1908-1994) reconociendo sus virtudes heroicas.


Con este reconocimiento el Padre Morales se convierte en patrimonio de la Iglesia, superando los límites de las obras que fundó y las personas que le conocieron. En efecto, su manera de vivir el sacerdocio, su promoción incansable del laicado, su estilo educativo tan sólido y fecundo, su honda vida espiritual cimentada en la oración contemplativa, el amor filial a la Virgen y la pasión por Jesucristo pueden iluminarnos, inspirarnos y sostenernos en estos tiempos difíciles, semejantes a los que a él le tocaron vivir en su juventud.



Hijo de padres canarios, nació en Venezuela aunque enseguida su familia se trasladó a Madrid.  Con la perspectiva de dedicarse a la política estudió derecho en Madrid, donde compaginó sus brillantes estudios que culminaron con el premio extraordinario fin de carrera con un intenso apostolado universitario, llegando a ser presidente de los estudiantes Católicos. Realizando el doctorado en Bolonia recibió la apremiante llamada de Dios por lo que ingresó en el noviciado de los jesuitas en Chevegtone (Bélgica). Ordenado sacerdote en 1942 y completada su formación, su primera misión fue la predicación de Ejercicios espirituales a universitarios, empleados y obreros. Fruto de su labor, surgió en 1946 el Hogar del empleado que desarrolló una extraordinaria obra social en el Madrid de la posguerra. Con algunos de aquellos jóvenes, tras lenta maduración, nacieron varias obras apostólicas y de consagración a Dios en el mundo: los Cruzados y Cruzadas de Santa María, los Hogares de Santa María y la Milicia de Santa María.



ENAMORADO DE DIOS. Algunas caricaturas se han hecho de él. Sin  embargo, yo no puedo menos de constatar que toda su vida fue un gran acto de amor y de servicio, a Dios, Santísima Trinidad, y a los hombres, sus hermanos, enderezando todas las energías y los extraordinarios talentos que poseía al fin de “ayudar y salvar (a la juventud) y encontrar entre ellos y ellas –son sus palabras- almas fervorosas que quieran, mirando a la Virgen, colaborar con Cristo en la salvación de las almas”. Su identificación con Cristo era transparencia para los que fuimos testigos de su vida.

Se hacía todo a todos. Y su finísima sensibilidad, inteligencia  y sentido del humor ganaba la confianza de personas de todas las edades y condiciones. Su esfuerzo porque no nos quedáramos en él y fuéramos a Dios, me produce aún hoy una especial reverencia y ternura. Porque, a pesar de todo, no podíamos menos de quererle mucho. Es natural, ¡él nos dio a luz para Cristo y para su Iglesia!



APOSTÓL DE APÓSTOLES. De su amor han brotado todas sus obras. Que eran para gloria de Dios lo testimonia elocuentemente su afán constante de desaparecer, su conciencia de ser un simple instrumento, su perseverancia en dar protagonismo  a los demás y, singularmente, a los laicos. Practicó asiduamente su principio de hacer-hacer, impulsando, con invencible constancia la acción apostólica de todos los que se acercaban a él buscando, quizá sin saberlo, a Dios.  A todos ayudaba a salir de sí mismos para darse a los demás, a todos hacía conscientes de una gran misión capaz de llenar una vida entera… la de ser colaboradores de Dios: “Cristo te necesita”… De ese llamamiento surgían vocaciones a todos los estados de la vida cristiana, siendo notables las vocaciones contemplativas que suscitó y alentó durante toda su larga vida.

SACERDOTE. Así, a secas. ¡Qué conciencia de su dignidad y de su indignidad, de sus obligaciones pastorales que le llevaron a vivir totalmente expropiado de su tiempo, radicalmente pobre de cosas y de espíritu, amorosamente mortificado en todas las cosas! ¡Qué manera de vivir la Misa y de enseñarla a vivir entrando en el misterio de Jesucristo inmolado por nosotros, y de hacer de la Eucaristía el centro vital, imprescindible, de la existencia! Me parece que hay tres palabras que definen bien cómo vivió su sacerdocio: maestro, testigo, padre.



Fue maestro, viviendo lo que enseñaba con radical coherencia y ejemplaridad.
Fue testigo de lo eterno, de la belleza y novedad permanente del Evangelio de Jesús, del poder transformador de la amistad íntima con Él.  Su oración, unida a su testimonio silencioso, eran ya una poderosa llamada y fue reclamo para muchísimas almas.

Y sobre todo, fue padre. Su paternidad era intensa, generosa, delicada y exigente, realista, humilde, educadora. Tuvo con nosotros la paciencia de los santos, la dulzura de las madres, la firmeza de los padres, la abnegación de los maestros.


El Padre Morales gozó de fama de santidad ya en vida. Esta fama continúa extendiéndose por el mundo y a ello contribuirá notablemente el paso que ha dado la Santa Sede. Nos encomendamos a su intercesión para que muy pronto quiera Dios concedernos el milagro de la beatificación.

Padre Tomás Morales, profeta de nuestro tiempo:



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