26 mar. 2015

Oración Domingo de Ramos


TE VISTES DE HUMILDAD, SEÑOR 
En pollino, pequeño y renqueante,
irrumpes en la ciudad de la paz
pasas por delante de los muros que verán  impasibles
cómo se mata al Profeta entre los profetas.

TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Preámbulo de victoria y, a la vez Señor,
aparente derrota o contradicción:
¿Es así como arrolla el Hijo de Dios?
¿Es así como vence el amor?

TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, con laureles en las manos,
los que somos menos humildes
cantamos, pregonamos y proclamamos:
¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Paz al mundo! ¡Paz! ¡Paz!

TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, en nosotros como en los que te aclamaban entonces,
se cumple todo lo que esperábamos de Ti.
Hoy, Señor, bien lo sabes
se mezcla en esta fiesta de la alegría
la vida, y la peregrinación hacia la muerte
el júbilo, y la cruz que se levanta invisible en el monte
nuestro deseo de seguirte
y la cobardía de los que huiremos en la tarde del Jueves.
Déjanos acompañarte, Señor.
Déjanos subir contigo a la ciudad santa.
Déjanos servir como Tú lo haces.

TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, por encima de la multitud de ramos y palmas,
se divisan las horas con más pasión y amor
por ningún hombre, jamás vividas.
Vamos contigo, Señor, hasta el final
Vamos contigo, Jesús, hasta el Calvario.
Nos arrancarás de la muerte, con tu muerte.
Con tu cruz, nos redimirás.
Nos resucitarás, con tu resurrección.

TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR

y… te decimos: ¡HOSANNA! ¡HOSANNA!


(J.Leoz)

17 mar. 2015

Reflexión: El Traje Cuaresmal


Fuente: http://www.javierleoz.org/

Reflexión: Deporte Cuaresmal


Fuente: http://www.javierleoz.org/

Reflexión: Plato Cuaresmal



Fuente: http://www.javierleoz.org/

Vía Crucis con San José


1ª estación: Jesús es entregado

Camino de Belén, el hombre de la vida interior, tal vez recapacitó para sus adentros: “Este, que hoy nacerá, volverá a renacer después de la cruz”. La senda de la fe nos exige acompañamiento, entrega, renuncia y ánimo. Nadie, como José, supo hacer tanto desde el silencio y la obediencia. ¡Por Dios y por los hombres!
¡En cuánto se parecieron en estas horas! ¡José obediente hasta la muerte!
¡Jesús obediente y sin demasiado ruido hasta en su mismo juicio!

2ª estación: Sale el Señor con la cruz a cuestas

No hay vida sin cruz. La vida de José, desde la aldea de Nazaret, fueron noches de dudas, de sueños y de sufrimientos, pero también de certezas.
El Señor, calle del calvario, retorna su mirada a su pasado: allá, en el fondo de una noche hermosa y estrellada, una figura amada y respetada, salta en su pensamiento: ¡José mi padre! El que me enseñó hacer frente y ser fuerte ante el peso de las dificultades.


3ª estación: cae Jesús por primera vez

Deslizando y subiendo por las calles de Nazaret, Jesús, tropezó una y otra vez: de la fuente hasta la casa, de la mies a la sinagoga o del juego hasta el taller. Mas siempre entendió que, una experimentada mano, paternal y amorosa, le habría de levantar. Es la misma, la que en estas horas de ascenso hasta el calvario, la siente sobre su hombro otra vez: ¡ánimo hijo, soy José!
¡Todo sea por la voluntad de Dios!

4ª estación: Jesús encuentra a su madre

La mujer que, desde la mañana hasta entrada la noche, tantas veces limpió el rostro del que fue niño, asoma en la esquina más insospechada para llorar y abrazar a su  hijo. No son sólo dos amores los que se hallan frente a frente, no son solamente dos corazones los que se fusionan en un impresionante abrazo. Pues, en medio de tanto dolor, la Madre lleva a Jesús el cariño y el amor de aquel que nunca murió ni desapareció de sus entrañas: José en el corazón.
Dos tesoros, los más preciados por José, se encuentran camino de la cruz: María y Jesús de Nazaret.

5ª estación: El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

En medio del ruido sobrecogedor y estremecedor de las cruces, una mano amiga levanta el madero y empuja para que se dispare escandalosamente gigante e incomprensible para muchos, y en beneficio de todos, en la cima del Monte Calvario. Tal vez, si José hubiera vivido, aquella cruz la habría aliviado de madera y de peso como buen carpintero, y de sangre y de sufrimiento como genial padre amoroso. Quien sabe, si de haber vivido José, no hubiera cogido esa cruz para soportarla sobre su propio hombro antes que dejarla en el de Cristo.


6ª estación: El rostro de cristo enjugado por la Verónica

Limpio e intachable, como la vida misma de José, acaricia el paño de una mujer, el rostro de Jesús de Nazaret.
Y es que, el día a día, se hace más humano y más divino con el alivio para con el que sufre, con las virtudes de la fe y de la caridad.
Si valiente fue una mujer ante el semblante sangriento de Jesús, no lo fue menos en su día, la audacia y la serenidad del bueno de San José. Guardó limpio su hogar, amó con locura a su pura mujer y siempre pensó que, Jesús, era la transparencia viva y real del amor de Dios.


7ª estación: Jesús cae por segunda vez

Con la única tregua, de la caída como descanso, sigue manifestando públicamente Jesús su más alto ideal: el amor a Dios en los hombres.
Seguramente, en algún momento de su niñez, una voz le susurró al oído: lo malo, hijo mío, no es el caer. Lo triste es caer sin hacer de nuevo, un esfuerzo, por levantarse aun a riesgo de caer... ¿Acaso no florecerían estas palabras del mismo José?

8ª estación: El Señor habla a las Hijas de Jerusalén

Con palabras de fe, de ánimo y de interpelación, alcanza Jesús sus últimos metros oteando el Gólgota. Son mensajes de compasión y de misericordia. Ni aún estando su vida en peligro, y apunto de extinguirse,  ni aspira, ni quiere, ni desea una lágrima por El: ¡Llorad por el hombre! ¡Llorad por vosotros mismos! José me enseñó que, no siempre el hombre, talla, ni trata bien, ni aprovecha dignamente  la madera noble.

9ª estación: Cae el Señor por tercer vez

No hay dos, sin tres. Ni tres caídas en el camino, sino muchas más cuando la locura  del amor quiere ser elevado a su máximo exponente en el estandarte de la cruz.
La rodilla en el suelo, con los ojos rebuscando por la vía dolorosa la luz del cielo, quisieron, por qué no pensarlo, la humildad de aquella otra lámpara que alumbró tantas noches de pobreza y de búsqueda de Dios, el hogar de Nazaret: la llama de José
¿Acaso José no hablaría de tú a tú a Jesús, como un padre lo hace con su hijo,  para prevenirle y estimularle cuando llegasen una y otra vez, dos y tres veces las humillaciones o las espinas que clava la vida?

10ª estación: Jesús despojado de sus vestiduras

Unos pañales en la cuna fueron señero abrigo de Dios con apariencia de niño, y José testigo mudo y sereno ante tanto misterio. En Belén despojado de todo bien. En la cruz desposeído de todo vestido. En Belén le acompañó, María. En el Calvario también. Y José hombre, despojado de riquezas y de abundancia, con convencimiento y fe enseñó a Jesús, que a Dios se  llega, se conquista y se entra por la puerta de la sencillez y de la pobreza.

11ª estación: El Señor clavado en la cruz

Los clavos sujetan a Jesús en la cruz con la misma fuerza, con la que los ojos de José, se fijaron en él. Los clavos hieren a Jesús. El afecto de José le hizo crecer. Los clavos traspasan manos y pies. El amor de José superó todos los límites de bondad y de entrega, de obediencia y de fe.
¡Cuales fueron más fuertes! ¿Los clavos de la cruz o los clavos de amor de José?
¡Cuales fueron más profundos! ¿Los clavos que perforaron la madera, o aquellos otros clavos de prudencia de San José?

12ª estación: Jesús muere en la cruz

El rey del mundo, aquel que siendo niño caminó de la mano de José,  se alza, entre burlas y sollozos, erguido y sufriente apuntando, por el hombre,  hacia el Padre.
El rey del cielo nació en Belén y, por el Calvario, nos trasladará a todos a una nueva vida recién amanecida.
José, el hombre de la dulce muerte, el hombre que acompaña a bien morir, también en aquel instante de desagarro y de abandono, quien sabe si a través del centurión no gritó: ¿No os dais cuenta? ¡Habéis dejado morir al mismo Hijo de Dios!
En una cosa se parece la muerte de Jesús a la mía, en las dos, estuvo cerca Maria.

13ª estación: El Señor es bajado de la cruz

Aquel, que en tantos amaneceres y anocheceres, se sintió protegido  por los brazos de San José ahora, en el atardecer del Viernes Santo, es sostenido, llorado, reverenciado y guardado en los de Maria.
En Nazaret fue cuidado y recogido con mimo, arrullado por las manos de la Virgen María y bendecido muchas veces por San José.
Pero al final, en el cenit del trayecto de la pasión, cuando el cielo y la tierra parecen fundirse en un abrazo por la cruz, es cuando en el silencio de San José se hace cercano y protector del hijo que bajó hasta el abismo de la misma muerte.

14ª estación: Jesús es puesto en el sepulcro

No hay semilla que, cuando es esparcida con pasión y regada con amor, no llegue a dar el ciento por uno.
Jesús, desde Belén, pasando por Nazaret y subiendo a Jerusalén, fue grano del amor de Dios que, siendo pequeño, maduró definitivamente y con sangre, en el árbol de la cruz.
José, el hombre que esperó y creyó contra toda esperanza, también sembró con paciencia y serenidad lo que en Jesús mas tarde ofreció: el amor a Dios y a los hombres. ¿Se puede esperar más del Señor, el hijo del carpintero?

El vía crucis no se queda en la noche oscura ni, mucho menos, teñido por la sangre que Cristo derramó. Es camino hacia la VIDA, pasión que conduce a la GLORIA, puente entre la tiniebla y la LUZ, respuesta, valiente y generosa de Jesús, para llevarnos al don de la RESURRECCIÓN.

Actitudes como las de San José (acogida, respeto, sencillez, interiorización, pobreza, obediencia, disponibilidad y confianza) ayudan a comprender, disfrutar, vivir, festejar y entender LA PASCUA del Señor. ¡Aleluya! ¡El Señor, resucitará!

Fuente: http://www.javierleoz.org/

Oración a San José


ESLABÓN DE CADENA

Eres José, de María, esposo
silencio en medio del ruido
que nos trae, nos descubre y nos lleva al Salvador.

Eres prudencia, cuando sin verlo todo claro,
ves más allá de la nube de la incertidumbre
cuando Dios habla en horas inciertas y amargas.

Eres sencillez que, en los compases complicados,
nos descubres que la vida hay que tejerla
con las agujas de la humildad y de la docilidad.

Que, sólo desde él la apertura de miras,
se puede llegar a comprender que Dios
lejos de pedir imposibles
convierte en real lo que para nosotros es inalcanzable.

Eres, José, eslabón de una cadena pretérita
que se hace fuerte en su Anunciación
se rompe en la noche del nacimiento de Cristo
y fiel en los momentos de su predicación.

Eres, José, oído que escucha y labios que callan
pies que caminan en lo desconocido
y corazón que ama sin saber por qué en verdad amar.

Eres, José, pensamiento que en el cielo descansa
y, además, reflexión que todo lo aclara.

Con razón, José, no hay deseo que tú no lo alcances.
Sabes, como nadie, cómo llegar al Corazón de Cristo
y, en ese corazón, depositar las oraciones
de los que ni somos sencillos ni obedientes
ni, tal vez, soñadores con lo que tú soñaste.

Dirígenos, hombre de calma y paz,
para, en ese silencio, a Dios poder encontrar
Cadena, eres José, que une lo humano y lo divino
lo imposible con lo certero
las lágrimas con el consuelo
las dudas con los dulces y divinos sueños.

Siempre, entre bambalinas, en lugar apartado
eres reflejo de lo que debe ser un gran santo:
siempre escondido
para que Dios brille en todo su esplendor.


Fuente: http://www.javierleoz.org/

9 mar. 2015

Cartel para imprimir Día del Seminario 2015


Estampa Oración Día del Seminario 2015



SUGERENCIAS DEL PAPA FRANCISCO PARA PONERSE EN FORMA EN CUARESMA…


El Papa Francisco ha ido sugiriendo sencillos actos de caridad fraterna que son manifestaciones muy concretas del amor al prójimo por Dios:

1. SONREIR MUCHO, porque un cristiano siempre está alegre…

2. DECIR ¡ GRACIAS! (aunque no se tenga “obligación”)

3. RECORDARLE A LOS DE CERCA que les amas y les quieres…

4. SALUDAR con alegría a las personas que ves a diario.

5. ESCUCHAR la historia del otro, sin prejuicios, con amor…

6. ESTAR ATENTO a las necesidades de otros y DETENERSE a ayudar.

7. LEVANTAR EL ÁNIMO a alguien, dándole optimismo.

8. ALABAR las cualidades o éxitos de otros.

9. SELECCIONAR entre mis cosas lo que no uso y regalarlo al necesitado.

10. DAR DESCANSO a quien está continuamente bajo esfuerzo o tensión.

11. CORREGIR con amor y NO CALLAR por miedo.

12. TENER DETALLES DE CARIÑO con los más cercanos.

13. LIMPIAR Y RECOGER lo que uso en casa.

14. AYUDAR A OTROS A SUPERAR sus obstáculos morales o físicos.

15. LLAMAR POR TELÉFONO a padres o amigos que nos quieren y se preocupan.

Fuente: http://www.diocesetuivigo.org/

Nuevo decálogo sobre Cuaresma y Piedad popular


1. PREPARACIÓN A LA PASCUA

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua.


2. LAS DIMENSIONES Y ÁMBITOS DE LA CUARESMA

La Cuaresma es tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).


3. LA CENIZA, SU SÍMBOLO POR EXCELENCIA

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza.

Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido dereconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


4. TIEMPO PARA DEJAR LO SUPERFLUO E IR A LO FUNDAMENTAL

A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.


5. TIEMPO PARA LA CONFESIÓN Y LA COMUNIÓN

También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.


6. EL SENTIDO DEL AYUNO CUARESMAL

La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un “ejercicio” que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma).


7. CAMINO CUARESMAL, CAMINO HACIA LA CRUZ

El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa in Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la “Adoración de la santa Cruz”.

Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.


8. LO QUE ES Y DICE LA CRUZ DE CRISTO

Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.

En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.


9. ILUMINAR EL SENTIDO DE LA ADORACIÓN DE LA CRUZ DE CRISTO

No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.


10. LOS OTROS ASPECTOS DE LA PIEDAD POPULAR SOBRE EL MISTERIO DE CRISTO CRUCIFICADO

El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el “Ecce homo”, el Cristo vilipendiado, “con la corona de espinas y el manto de púrpura” (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn 19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición. Estas expresiones de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y patrística.

Por: Jesús de las Heras Muela | Fuente: www.revistaecclesia.com
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