30 ene. 2014

Faltas Tú - Reflexión

Cuadros para niños personalizados y artesanales

Dios me pidió un poema sobre las bellezas de la creación, 
y yo me puse a hablar de las cosas que Él creó.

Hablé del Sol, 
y sentí sus manos calentándome.

Hablé de la Luna, 
y sentí su brillo envolviéndome.

Hablé de la noche, 
y sentí sobre mí su manto de estrellas.

Hablé de todo lo verde del planeta, 
y sentí su soplo de esperanza.

Hablé de las aguas, 
y sentí su inmersión en el misterio de mi espíritu.

Hablé del cielo, 
y sentí que su azul me protegía.

Hablé del fuego, 
y sentí sus llamas quemando mis penas.

Hablé del aire, 
y sentí su soplo divino renovándome.

Hablé de todos los seres, 
y sentí su presencia en cada forma viviente.

Y a Él le presenté todo lo que escribí: 
"Aquí está el poema que pediste, 
espero que apruebes todo lo que escribí"

Y oí su respuesta: 
"Prosigue, aún no has hablado de ti"

Cuadros infantiles artesanales y personalizados

Fuente: http://www.gabitogrupos.com/

Imágenes: http://www.pequeocio.com/

29 ene. 2014

¿Sabemos perdonar?

 

Crecer no es una tarea sencilla.
Avances, retrocesos, desilusiones, esperanzas
y mucho dolor acompañan el proceso vital
del hombre en este mundo, proceso cuyo
sentido último es el de la evolución del espíritu.

En este trayecto forzosamente existirán
personas que nos lastimen, que nos nieguen
aquello que deseamos, que no nos comprendan
o incluso que nos traicionen.

Se trate de una herida emocional que nos
hayan provocado nuestros padres, de alguien
que nos ha olvidado o de un amigo que no
ha sabido actuar con lealtad, todos hemos
sufrido alguna vez por causa de otra persona.

Ahora bien. ¿Qué sentimos por ese que nos dañó?
¿Intentamos alguna vez comprender por qué actuó
de ese modo? ¿Somos capaces de olvidar
la ofensa sufrida? ¿Sabemos perdonar?

Cuando las cicatrices no logran cerrarse
y el rencor continúa anidando en nuestro
espíritu, su energía actúa como un veneno.

Muchas de nuestras enfermedades se deben
a esta contaminación energética, a la ira
permanente, a los pensamientos de venganza
y destrucción que ocupan nuestra mente.

También muchos de nuestros fracasos nacen
en este aferrarse a dolores pasados porque allí
donde existe el resentimiento difícilmente pueda
florecer una actitud positiva hacia los demás.

Por eso, para curarnos, debemos perdonar.
Perdonar a quien nos olvidó, perdonar
a quien nos agredió, perdonar a quien
destruyó lo que amábamos.
Enviar Luz y paz para que la Luz
y la paz regresen a nosotros.
Perdonarnos a nosotros mismos.

Aceptar y cuidar al niño asustado, enojado
o confundido que llevamos dentro y rodearlo
de un infinito amor. Convertirnos en amor
para que el amor sea. Y entonces así, crecer
libres de toda atadura  y de todo miedo,
crecer en felicidad.

Fuente: nuestraedad.com

El collar de María



María era una linda niña de cinco años de ojos relucientes.
Un día mientras ella visitaba la tienda con su mamá, María vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 euros.
 ¡¡Cuánto deseaba poseerlo!! Preguntó a su mamá si se lo compraría, su mamá le dijo:
 - Hagamos un trato, yo te compraré el collar y, cuando lleguemos a casa, haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar. Y No te olvides que para tu cumpleaños es muy posible que tu abuelita te regale un billete de cinco euros ¡¡enterito!!, ¿Está bien?
 María estuvo de acuerdo y su mamá le compró el collar de perlas.
 María trabajó mucho con tesón todos los días para cumplir con sus tareas, y tal como su mamá le había mencionado, su abuelita le regaló un billete nuevo de cinco euros para su cumpleaños.
 En poco tiempo María canceló su deuda.
 María amaba sus perlas, ella las llevaba puestas a todos lados, al Kinder, a la cama y cuando salía con su mamá hacer los recados. El único momento en el que no las usaba era cuando se bañaba, su mamá le había dicho que las perlas con el agua le pintarían el cuello de verde.
 María tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando María iba a la cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido.
 Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo: "¿María tú me quieres?", Oh sí papá tú sabes que te quiero.
 "Entonces regálame tus perlas"
 "¡Oh papá!" No mis perlas. "Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita ¿la recuerdas? Tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños y te doy su ajuar también ¿está bien papá?
 "Oh No hijita! Está bien. No importa", dándole un beso en la mejilla, "buenas noches pequeña".
 Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento: "¿María, tú me quieres?"
 "¡Oh sí papá tú sabes que te quiero!"
 "Entonces regálame tus perlas"
 ¡Oh, papá No mis perlas! Pero te doy a Lazos, mi caballo de juguete, ¿lo recuerdas? Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas. Tú puedes tenerlo si quieres papá
 "Oh no hijita, está bien," le dijo su papá dándole nuevamente un beso en la mejilla, "Dios te bendiga buenas noches y dulces sueños"
 Algunos dias después, cuando el papá de María entró a su dormitorio para leerle el cuento, María estaba sentada en su cama y le temblaban los labios, "toma papá" dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual regaló a su padre.
 Con una mano él tomó las perla de plástico y con otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la caja había unas hermosas perlas genuinas. Él las había tenido todo ese tiempo, esperando que su hija renunciara a la baratija para poderle dar la pieza de valor.
  Y así es también nuestro Padre celestial. Él está esperando a que renunciemos a las cosas sin valor en nuestras vidas para podernos dar preciosos tesoros.
 ¿No es bueno el Señor? Esto me hace pensar en las cosas a las cuales me aferro y me pregunto qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar.
 Su amor siempre está contigo, sus promesas son verdad. Y cuando le damos a Él todas nuestras inquietudes, tú sabes que él verá por nosotros.
 Así que, cuando el camino por el que viajes parezca muy difícil solo recuerda que yo estaré aquí orando y Dios hará el resto.

  "Ningún ojo ha visto, 
ningún oído ha escuchado, 
ninguna mente humana ha concebido 
lo que Dios ha preparado 
para quienes lo aman". 
(1ª Corintios 2:9)

Fuente: blogcatolicogotitasespirituales

27 ene. 2014

Reflexión Oración Presentación de Jesús en el Templo


LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO:
¡LUZ PARA LA OSCURIDAD!

Como María también nosotros presentamos esa luz, que es Jesús, en el candelero de nuestras manos.

María lo hizo, no solamente porque la tradición empujaba, también desde el convencimiento  que, aquel Niño, estaba llamado a horas más grandes y que, posiblemente, traspasarían su corazón con la espada más afilada del sufrimiento.

Como María, también nosotros, nos adentramos en el gran templo que es el mundo sosteniendo, con luchas y fatigas, el peso de la fe que nos exige verdad y justicia, amor y alegría, entrega y compromiso, claridad, caridad y esperanza.

Como María, también nosotros, necesitamos ser purificados:

* bucear desde la mediocridad hasta la perfección más alta

* saltar de la verdad a medias, a la transparencia y veracidad de nuestras palabras

* alejarnos del relativismo que lo invade todo

* enterrar odios y divisiones que guerrean en nuestro corazón

* dinamitar las dudas que quieren cabalgar sobre las certezas o sobre la fe misma

¡LUZ PARA LAS NACIONES!

Nunca el mundo y sus negocios, el hombre y sus pretensiones han estado tan maquillados de color como vacíos de sentido ni presentados con tanto fuego de artificio. 

Necesitamos a un JESÚS que es LUZ y que haga resplandecer  los rincones más inaccesibles y más difíciles del ser humano.

Necesitamos de este JESÚS que va sembrando  ilusión y  paz en las calles por donde transitan los que son auténticos testigos y candiles de su reino.

Necesitamos a un JESÚS que sustituya aquellas lámparas que han sido apedreadas por las dificultades y las incomprensiones, por las vergüenzas o por los intereses que denunciaban.

Necesitamos de este JESÚS que limpie las lámparas que  un día brillaron en todo su esplendor pero que, el paso del tiempo, las ha ido debilitando con el polvo de la apatía, el cansancio o  la indiferencia.

Necesitamos a un JESÚS que dé urgentemente ese “fluido evangélico” que nos resulta imprescindible para aquellos/as que seguimos pensando que es una respuesta para el momento que vivimos.

Necesitamos de este JESÚS que nos amarre fuertemente a esa gran fuente de energía espiritual que es el Evangelio.

Necesitamos a un JESÚS que nos conecte directamente a esa gran central de amor y de ternura, de gratuidad y de misterios que es el cielo.

Necesitamos de este JESÚS que nos invada con ese arranque (que no es nuclear, eólico ni hidráulico) que viene y nace del corazón que está unido a Dios por el Espíritu.

Necesitamos JESÚS para que, cuando nuestra vida haga cortocircuito, nos ayude a separar lo negativo de lo positivo, la verdad de la mentira, la tacañería del altruismo, la esperanza del abismo, la oscuridad de la luz.

Ante esta fiesta de la Presentación del Señor me gusta pensar que también la Iglesia, como Madre nuestra que es, nos presenta en sus brazos a cada uno de nosotros los cristianos de  a pie,  para que allá donde nos encontremos seamos luz y no apagón, alegría y no caras largas, ilusión y nunca pesimismo, fe antes que incredulidad, etc., en medio de ese gran templo que es el mundo pero que parece querer sostenerse en sí y por sí mismo lejos de ese cimiento fundamental y sólido que es DIOS.


Javier Leoz
http://www.javierleoz.org/

Oración Presentación de Jesús en el Templo

 


NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR


Tu llegada y, con mi esperanza renovada,
sepa aguardar e intuir tu presencia salvadora.
Que nada ni nadie, Señor,
apaguen la lucidez de mi pensamiento para Ti.
Que nada ni nadie, Señor,
adormezcan mis ilusiones por descubrirte
mis sueños de permanecer junto a Ti
mis ideales de vivir contigo y en Tí.

Que no me queme, Señor,
por el fuego de la desesperanza
por aquello que apaga el fuego de mi amor
por aquello que me impide presentarme
como Tú lo hiciste en el templo:
tocado con la Gracia y el dedo del Padre.

¡Nada, Señor, me lo impida!
Y, porque soy más pobre de lo que aparento,
te ofrezco dos tórtolas de mi pobreza
Porque, aun siendo rico como a veces quisiera,
la vida me enseña que ante Ti
la penuria es puerta grande para conocerte.

Que no piense tanto, oh Señor,
en cambiar el mundo cuanto en que Tú
me cambies a mí, primero, por fuera y por dentro.

Que no crea, oh Señor,
que la luz divina la necesita el mundo
y sí, antes que después, mi corazón incierto y roto.

QUE NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR
Tu llegada y tu luz, tu mensaje y tu poder
tu presencia y tu salvación
hasta aquel día en el que cerrando los ojos

pueda proclamar a los cuatro vientos:

¡SIEMPRE HAS SIDO MI LUZ, SEÑOR!

Javier Leoz

22 ene. 2014

Estampa Oración San Pablo


El Papa Francisco en Sta. Marta: Dios tiene una relación personal con su pueblo

El Santo Padre ha afirmado que "protegemos nuestra pequeñez para dialogar con la grandeza del Señor". En la homilía de hoy martes en Santa Marta, Francisco ha subrayado que el Señor tiene una relación personal con nosotros, no es un diálogo con la masa. Asimismo, ha recordado que el Señor elige siempre a los pequeños, quien tiene menos poder porque mira nuestra humildad.
Francisco ha centrado su homilía en la idea de "el Señor y los pequeños" afirmando que "la relación del Señor con su pueblo es una relación personal" es "siempre de tú a tú".

Por ello ha explicado que "en un pueblo, cada uno tiene su sitio. Pero el Señor habla a la gente así, a la masa, nunca. Siempre habla personalmente, con los nombres. Y elige personalmente. El pasaje de la creación es una figura que hace ver esto: es el mismo Señor que con sus manos artesanalmente hace al hombre y le da nombre: 'tú te llamas Adán'. Y así comienza esa relación entre Dios y la persona. Y hay otra cosa, hay una relación entre Dios y nosotros pequeños: Dios, el grande y nosotros pequeños. Dios, cuando debe elegir a las personas, también a su pueblo, siempre elige a los pequeños". Dios, ha continuado Francisco en su homilía, elige a su pueblo porque es "el más pequeño", tiene "menos poder" que los otros pueblos. Hay un "diálogo entre Dios y la pequeñaza humana". También la Virgen María dijo: "El Señor ha mirado la humillación de su sierva". El Señor "ha elegido a los pequeños".
El Papa se ha detenido en la Primera Lectura de hoy para reflexionar sobre esta actitud del Señor, que "se ve claramente". El papa Francisco ha explicado que el profeta Samuel está delante del más grande de los hijos de Jesé y pensó que era "su consagrado, porque era un hombre alto, grande". Pero el Señor le dice que "no mire su aspecto ni su estatura" y añade: "yo lo he descartado, porque no cuenta lo que ve el hombre". De hecho, ha proseguido el Pontífice: "el hombre ve la apariencia, pero el Señor ve el corazón. El Señor elige según sus criterios". Y elige a "los débiles y los humildes, para confundir a los poderosos de la tierra". Así como "el Señor elige a David, el más pequeño" que "no contaba para su padre", el que no estaba en casa porque cuidaba a las ovejas, ha recordado Francisco. Y David fue elegido.
El Santo Padre ha afirmado que "todos nosotros con el bautismo somos elegidos por el Señor. Todos somos elegidos. Nos ha elegido uno a uno. Nos ha dado un nombre y nos mira. Hay un diálogo, porque así ama el Señor. También David después se convirtió en rey y se equivocó. Quizá ha hecho muchos, pero la Biblia cuenta dos errores grandes, dos errores de esos importantes. ¿Qué hizo David? Se ha humillado. Ha vuelto a su pequeñez y ha dicho: 'Soy un pecador'. Y ha pedido perdón y ha hecho penitencia".
Y continúa el Santo Padre señalando que después llega el segundo pecado, David dijo al Señor: "Castígame, no al pueblo. El pueblo no tiene la culpa, yo soy culpable". David, ha reflexionado el Papa, " ha guardado su pequeñez, con arrepentimiento, con oración, con llanto". Prosigue el Santo Padre: "pensando en estas cosas, en este diálogo entre el Señor y nuestra pequeñez me pregunto donde está la fidelidad cristiana".
Y así ha finalizado el Pontífice: "la fidelidad cristiana, nuestra fidelidad, es simplemente mantener nuestra pequeñez, para poder dialogar con el Señor. Mantener nuestra pequeñez. Por esto la humildad, la mansedumbre son tan importantes en la vida del cristiano, porque guarda la pequeñez, a la que le gusta mirar al Señor. Y será siempre el diálogo entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor. Nos dé el Señor, por intercesión de san David - también por intercesión de la Virgen que cantaba gozosa al Dios, porque había mirado su humildad - nos dé el Señor la gracia de mantener nuestra pequeñez delante de Él".

Fuente: educarconjesus

13 ene. 2014

Presentación de la Jornada de la Infancia Misionera 2014


Anastasio Gil García, Director Nacional de Obras Misionales Pontificias España, presenta la Jornada  Infancia Misionera 2014, que este año se celebra el 26 de enero, bajo el lema "Los niños ayudan a los niños".


El pasado 9 de mayo de 2013 se cumplían 170 años del inicio de una hermosa historia. El obispo Carlos-Augusto Forbin-Janson tenía gran amistad con algunos de los misioneros franceses en China, y él mismo deseaba partir hacia el continente asiático, pero Dios tenía otros planes para canalizar su vocación misionera. Monseñor Forbin-Janson conocía de primera mano las dificultades de muchos niños de aquel país para poder sobrevivir; de modo especial, le entristecía profundamente que miles de estas criaturas murieran sin el bautismo.
Siguiendo el ejemplo y la palabra de Jesús, acudió a los más débiles y a los menos poderosos, a los niños y niñas de su diócesis: “¿Queréis ayudarme a salvar a los niños y niñas de China?”. La respuesta no se hizo esperar. Todos se comprometieron a apoyarle con una avemaría diaria y una limosna mensual. Desde entonces, millones de niños se han sumado a esta corriente de solidaridad. Así nació la que hoy llamamos Obra Pontificia de la Infancia Misionera y que durante muchos años fue conocida como Santa Infancia.

La fuerza de la infancia
           
El obispo Forbin-Janson dejó escrito: «El nacimiento de Jesús, hijo de Dios e hijo del hombre, pareció consagrar ya la primera edad de la vida, haciendo a la infancia amable, iluminada por el dulce reflejo de su misma gloria, y muy pronto, un nuevo lenguaje de enseñanzas y de ejemplos quitarán toda duda sobre la voluntad formal de dar a la infancia los derechos negados y, más aún, de añadir privilegios». Estas palabras muestran claramente su convencimiento de que la debilidad de la infancia, tiempo de silencio y de soledad, ha sido divinizada por Jesús y se ha convertido en fuente de gracia para todos, sobre todo para los niños y para los que se hacen como ellos.
Los pequeños, hasta ese momento, eran considerados, en todo caso, beneficiarios de la misión y destinatarios del anuncio; y, de pronto y de manera imprevista, se convirtieron en protagonistas convencidos y determinados. Desde los primeros meses de la fundación, la comunidad cristiana tomó conciencia de la fuerza misionera de los niños, en los cuales se manifestaba una presencia particular del Espíritu.
El protagonismo misionero de los niños fue, efectivamente, un punto sin vuelta atrás en la historia de la Iglesia. En la Antigua Alianza del pueblo de Dios, a los pequeños nunca les había sido confiado un papel de responsabilidad pastoral. A partir de la Nueva Alianza con Jesucristo, el niño se ha convertido en el punto de partida y de llegada del nuevo Reino. Muy a menudo, el Reino que Jesús describe en las parábolas evangélicas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, una pizca de levadura.

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera

Con una rapidez impensable, esta Obra se expandió por las principales diócesis de Francia y, poco más tarde, por Europa. En España, su nacimiento se debe al cardenal Bonel y Orbe, arzobispo de Toledo, quien el 20 de octubre de 1852 escribe a la reina Isabel II solicitando la aprobación de las Constituciones o Estatutos para la instauración de la Asociación de la Santa Infancia en nuestro país. La respuesta de la Reina accediendo a la petición está fechada el 22 de noviembre del mismo año, y se inscribe, como primera asociada, a su alteza real la infanta Princesa de Asturias.
Desde su nacimiento, esta Obra se configuró como un itinerario de fe que, llevando la misión al corazón de los más pequeños, les hacía descubrir la alegría de servir a los hermanos. Este compromiso misionero implicaba un doble sentido: las oraciones, los sacrificios y la simpatía de los niños “de aquí” eran correspondidos con las oraciones, los sacrificios, la simpatía y, a veces, el testimonio del martirio de los niños chinos a quienes deseaban ayudar. Hoy este flujo de ayuda mutua alcanza a los pequeños de todo el mundo.

“Los niños ayudan a los niños”

Con este lema comenzó esta hermosa revolución solidaria, porque por primera vez los pequeños actuaban en la Iglesia como protagonistas humildes, sencillos, pero también creativos y valientes.
El Secretariado de Infancia Misionera, con el fin de conmemorar el 170 aniversario de esta Obra, propone de nuevo este mismo lema para que los niños y niñas de España se sumen a este proyecto misionero. Un proyecto que tiene como principales objetivos colaborar con los padres y educadores en el despertar progresivo de la conciencia misionera universal en los niños y niñas, ayudar a estos a desarrollar su protagonismo misionero, y moverles a compartir la fe y los medios materiales.
Con el impulso de la oración y con las aportaciones recibidas, Infancia Misionera podrá seguir atendiendo a muchos niños y niñas del mundo en sus necesidades más perentorias. Obras Misionales Pontificias da las gracias a todos por anticipado, ya que tiene la esperanza y la certeza de que esta Jornada de Infancia Misionera será de nuevo una manifestación de caridad con aquellos en quienes se nos muestra el rostro de Jesús.

Anastasio Gil García
Director de OMP en España

Fuente: http://www.infanciamisionera.es/2013/11/que-es-infancia-misionera.html

La Revolución de Jeferson - Infancia Misionera 26 de Enero de 2014


9 ene. 2014

Catequesis del Papa Francisco sobre el Bautismo

Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre los Sacramentos, y la primera es respecto al Bautismo. Por una feliz coincidencia, el próximo domingo precisamente la fiesta del Bautismo del Señor.
1. El Bautismo es el sacramento sobre el que se sustenta nuestra propia fe y que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Junto a la Eucaristía y la Confirmación forma la llamada "Iniciación Cristiana", la cual constituye como un único gran evento sacramental que nos configura al Señor y nos convierte en un signo vivo de su presencia y de su amor.
Pero puede nacer en nosotros una pregunta: ¿es realmente necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No se trata en el fondo de un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? Es una pregunta que puede surgir, ¿no? En este sentido, es esclarecedor lo que escribe el apóstol Pablo: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? A través del bautismo, pues, fuimos sepultados con él en la muerte, para que al igual que Cristo resucitó de los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva" (Rm 6,3-4). ¡Así que no es una formalidad! Es un acto que afecta profundamente nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado. ¡No es lo mismo! No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros con el bautismo somos sumergidos en la fuente inagotable de la vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una nueva vida, ya no a merced del mal, el pecado y la muerte, sino en comunión con Dios y con los hermanos.


2. Muchos de nosotros no tienen el más mínimo recuerdo de la celebración de este Sacramento, y es obvio, si hemos sido bautizados poco después del nacimiento. Pero yo he hecho esta pregunta dos o tres veces, aquí en la plaza: quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo, levante la mano. ¿Quién la sabe? ¿Eh, pocos, eh? Pocos. Pero es importante, es importante conocer cuál ha sido el día en el que yo he sido sumergido, puesto justamente en aquella corriente de salvación de Jesús. Y me permito darles un consejo. Pero, más que un consejo, una tarea para hoy. Hoy, en casa, busquen, pregunten la fecha del Bautismo y así sabrán cuál ha sido el día tan bello del Bautismo. ¿Lo harán? No noto entusiamo, ¿eh? ¿Lo harán? ¡Eh, sí! Porque es conocer una fecha feliz, aquella de nuestro Bautismo. El riesgo de no saberlo es perder la conciencia de lo que el Señor ha hecho en nosotros, del don que hemos recibido. Entonces llegamos a considerarlo sólo como un evento que ha ocurrido en el pasado - y ni siquiera por nuestra propia voluntad, sino por la de nuestros padres – por lo que ya no tiene ninguna incidencia sobre el presente. Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo: despertar la memoria del Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo todos los días, como una realidad actual en nuestra existencia. Si conseguimos seguir a Jesús y a permanecer en la Iglesia, a pesar de nuestras limitaciones, nuestras fragilidades y nuestros pecados es precisamente por el Sacramento en el que nos hemos convertido en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Es en virtud del Bautismo, en efecto, que, liberados del pecado original, estamos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva. La esperanza de ir por el camino de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Acuérdense. Esto es verdad. La esperanza del Señor no defrauda nunca. Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los que sufren, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo.


3. Un último elemento importante: Les hago una pregunta. ¿Una persona puede bautizarse a sí misma? ¡No oigo! ¿Están seguros? No se puede bautizar. ¡Nadie puede bautizarse a sí mismo! ¡Ninguno! Podemos pedirlo, desearlo, pero siempre necesitamos a alguien que nos confiera este Sacramento en el nombre del Señor. El Bautismo es un don que se otorga en un contexto de interés e intercambio fraterno. Siempre, en la historia, una bautiza al otro y el otro al otro.. Es una cadena. Una cadena de gracia. Pero yo no me puedo bautizar a mí mismo. Se lo tengo que pedir a otro. Es un acto de fraternidad. Un acto de filiación a la Iglesia. En su celebración podemos reconocer los rasgos más genuinos de la Iglesia, que como una madre sigue generando nuevos hijos en Cristo, en la fecundidad del Espíritu Santo.

Entonces pidamos de corazón al Señor para que podamos experimentar cada vez más, en la vida cotidiana, la gracia que hemos recibido en el Bautismo. Que encontrándonos, nuestros hermanos puedan encontrar a verdaderos hijos de Dios, a verdaderos hermanos y hermanas de Jesucristo, a verdaderos miembros de la Iglesia.
¡Y no se olviden de la tarea de hoy! ¿Cuál era? Buscar, preguntar la fecha de mi Bautismo. Como sé la fecha de mi nacimiento, también tengo que conocer la fecha de mi Bautismo, porque es un día de fiesta. Gracias.

5 ene. 2014

El Niño de la Virgen María - Reflexión

 
El niño de María
Padre Javier Leoz
 
 
En cierta ocasión un explorador de tesoros llevaba consigo a un grupo de alumnos. Cuando llegaron a lo más alto de una colina, y guiados por el maestro, se pusieron a excavar en busca de un pequeño tesoro. 

Después de varias jornadas, con trabajo y fatiga, dieron con un gran cofre de un valor incalculable y ante el que los alumnos, hicieron gran alboroto: lo sacaron, lo limpiaron y se quedaron admirándolo. El explorador no se encontraba, en ese momento, en el campamento.
 
Cuando llegó, les preguntó: ¿Por qué os quedáis contemplando el baul? ¿Por qué tanta vuelta y tantos gritos? ¿No os dais cuenta que, el tesoro auténtico está dentro? Y, ayudados por el explorador, abrieron el cofre. En su interior había una perla gigantesca y de gran valor.
 
 
*Nosotros somos esos alumnos. Venimos, en este mes de mayo, para explorar las minas de Santa María. 
* No podemos conformarnos con contemplarla por fuera.
 
* No es suficiente hacer fiesta en torno a la Madre y no ir mas al fondo.
¿Qué tiene María en sus brazos? ¿Qué gime en el seno de María? ¿Qué tesoro encierra cada advocación mariana? ¿Qué encierra el cofre -cerrado y abierto a la vez- del corazón de la Virgen María? ¡El Niño! ¡El gran tesoro de Dios que es el Niño!
 
Dios puso a María como un cofre en medio de la gran colina del mundo, para que, después de nueve meses y al abrirse en Belén, el mundo se enriqueciera con el don de la paz y del amor, con el oro de la humanidad de Dios y la plata de su sonrisa.
 
Sí, amigos; María es esa caja siempre llena de sorpresas que nos ayuda a revitalizar nuestra fe en Jesús muerto y resucitado. 
 
No nos conformemos con dar vueltas en torno a la Virgen, con dejar unas flores a los pies de su imagen, con unos piropos más o menos acompasados y entonados. Eso, sería poco y superficial.
 
El mayor y mejor homenaje que podemos hacer a nuestra Virgen (Patrona, etc.,) es descubrir el tesoro que lleva en sus manos, que contiene su corazón, que hace grande sus entrañas: JESUCRISTO. 
Ella, como buena exploradora y ayudando a la Iglesia, nos ayudará a descubrirlo.
 
Dejamos ante el altar, representando estos sentimientos, una piqueta. Que María nos ayude a descubrir la presencia del Señor.
 
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