31 oct. 2013

Letanías por las Ánimas del Purgatorio



Señor ten Misericordia de nosotros
Señor ten Misericordia de nosotros
Cristo ten Misericordia de nosotros
Cristo ten Misericordia de nosotros
Señor ten Misericordia de nosotros
Señor ten Misericordia de nosotros

Cristo, óyenos
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Cristo, escúchanos

Dios Padre celestial; ten misericordia de nosotros
Dios Hijo redentor del mundo; ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo; ten misericordia de nosotros

Trinidad Santa, un solo Dios; ten misericordia de nosotros
Santa María, auxiliadora de las almas del purgatorio; ruega por nosotros.

 

Por mis hermanos y parientes. (Ten misericordia, Señor)
Por todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Por los que han sido mis amigos y súbditos.
Por cuantos debo amor y oración.
Por cuantos he perjudicado y dañado.
Por los que han faltado contra mí.
Por aquellos a quienes profesáis predilección.

Por los que están más próximos a la unión con Vos.
Por los que os desean más ardientemente.
Por los que sufren más.
Por los que están más lejos de su liberación.
Por los que menos auxilio reciben.
Por los que más méritos tienen por la Iglesia.
Por los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Por los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Por los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Por los vanidosos que malgastaron su tiempo.

Por los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Por los tibios que muy poca oración han hecho.
Por los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Por los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Por los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Por los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Por los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Por los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Por los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas
o talentos para el Cielo.


Por los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Por los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Por los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Por los pontífices, reyes y príncipes.
Por los obispos y sus consejeros. Por mis maestros y pastores de almas.
Por los sacerdotes de nuestra diócesis.
Por los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Por los defensores de la santa fe.
Por los caídos en los campos de batalla.
Por los sepultados en los mares.
Por los muertos repentinamente.
Por los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo; dales el descanso eterno. (tres veces)


 

Oremos:

O Dios, Creador y Redentor del mundo, perdona los pecados de tus servidores y servidoras, que la inconciencia de los hombres olvida en el purgatorio.

Permitid que nuestras oraciones les permita obtener la liberación por la que tanto suspiran!
Señor, vos que castigáis con pesar, y nos mandáis rezar por quienes amáis, dignaos abrir las puertas del Cielo a las almas que han salido de este mundo, y dadles el reposo y la felicidad eterna.
Os lo pido, por la mediación de Nuestra Señora Auxiliadora de las almas del purgatorio y por todos los Santos.

Amén.


¿Por qué y para qué rezar por las almas benditas del Purgatorio?


El gran Mandamiento de Nuestro Señor Jesucristo es que nos amemos los unos a los otros, genuina y sinceramente. El Primer Gran Mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. El Segundo, o mejor dicho el corolario del Primero, es amar al prójimo como a nosotros mismos. No es un consejo o un mero deseo del Todopoderoso. Es Su Gran Mandamiento, la base y esencia de Su Ley. Es tanta la verdad encerrada en esto que Él toma como donación todo aquello que hacemos por nuestro prójimo, y como un rechazo hacia Él cuando rechazamos a nuestro prójimo.


Leemos en el Evangelio de San Mateo (Mt 25:34-46), las palabras de Cristo que dirijirá a cada uno en el Día del Juicio Final.


Algunos católicos parecen pensar que su Ley ha caído en desuso, pues en estos días existe el egoísmo, el amor a sí mismo, y cada uno piensa en sí mismo y en su engrandecimiento personal.


"Es inútil observar la Ley de Dios en estos días", dicen, "cada uno debe mirar por sí mismo, o te hundes".


No hay tal cosa! La ley de Dios es grandiosa y todavía y por siempre tendrá fuerza de ley. Por eso, es más que nunca necesaria, más que nunca nuestro deber y por nuestro mayor interés.


Estamos moralmente obligados a rogar por las Ánimas Benditas

Siempre estamos obligados a amar y ayudar al otro, pero cuánto mayor es la necesidad de nuestro prójimo, mayor y más estricta es nuestra obligación. No es un favor que podemos o no hacer, es nuestro deber; debemos ayudarnos unos a otros.


Sería un monstruoso crimen, por caso, rehusar al poder y desposeído el alimento necesario para mantenerse vivo. Sería espantoso rehusar la ayuda a alguien en una gran necesidad, pasar de largo y no extender la mano para salvar a un hombre que se está hundiendo. No solamente debemos ayudar cuando es fácil y conveniente, sino que debemos hacer cualquier sacrificio para socorrer a nuestro hermano en dificultades.


Ahora, ¿qué puede estar más urgido de caridad que las almas del Purgatorio? Qué hambre o sed o sufrimiento en esta Tierra puede compararse con sus mas terribles sufrimientos? Ni el pobre, ni el enfermo, ni el sufriente que vemos a nuestro alrededor necesitan de tal urgente socorro. Aún encontramos gente de buen corazón que se interesa en los sufrientes de esta vida, pero, escasamente encontramos a gente que trabaja por las Almas del Purgatorio!


Y ¿quién puede necesitarnos más? Entre ellos, además, pueden estar nuestras madres, nuestros padres, amigos y seres queridos.



Dios desea que las ayudemos

Ellas son los amigos más queridos. Él desea ayudarlos; Él desea mucho tenerlos cerca de Él en el Cielo. Ellas nunca más lo ofenderán, y están destinadas a estar con Él por toda la Eternidad. Verdad, la Justicia de Dios demanda expiación por los pecados, pero por una asombrosa dispensación de Su Providencia Él pone en nuestras manos la posibilidad de asistirlos, Él nos da el poder de aliviarlas y aún de liberarlas. Nada le place más a Dios que les ayudemos. Él está tan agradecido como si le ayudáramos a Él.


Nuestra Señora quiere que los ayudemos

Nunca, nunca una madre de esta tierra amó tan tiernamente a sus hijos fallecidos, nunca nadie consuela como María busca consolar sus sufrientes niños en el Purgatorio, y tenerlos con Ella en el Cielo. Le daremos gran regocijo cada vez que llevamos fuera del Purgatorio a un alma.


Las Benditas Ánimas del Purgatorio nos devuelven el mil por uno


Pero, ¿qué podremos decir de los sentimientos de las Santas Almas? Sería prácticamente imposible de describir su ilimitada gratitud con para aquellos que las ayudan! Llenas de un inmenso deseo de pagar los favores hechos por ellas, ruegan por sus benefactores con un fervor tan grande, tan intenso, tan constante, que Dios no les puede negar nada.

Santa Catalina de Bologna dice :"He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas (del Purgatorio)".


Cuando finalmente son liberadas de sus penas y disfrutan de la beatitud del Cielo, lejos de olvidar a sus amigos de la Tierrra, su gratitud no conoce límites. Postradas frente al Trono de Dios, no cesan de orar por aquellos que los ayudaron. Por sus oraciones ellas protegen a sus amigos de los peligros y los protegen de los demonios que los acechan.


No cesan de orar hasta ver a sus benefactores seguros en el Cielo, y serán por siempre sus más queridos, sinceros y mejores amigos.


Si los católicos solamente supieran cuan poderosos protectores se aseguran con sólo ayudar a las Ánimas Benditas, no serían tan remisos de orar por ellos.


Las Ánimas Benditas del Purgatorio pueden acortar nuestro propio purgatorio

Otra gran gracia que obtenemos por orar por ellas es un corto y fácil Purgatorio, o su completa remisión!


San Juan Masías, sacerdote dominicano, tenía una maravillosa devoción a las Almas del Purgatorio. Él obtuvo por sus oraciones (principalmente por la recitación del Santo Rosario) la liberación de ¡un millón cuatrocientas mil almas! En retribución, él obtuvo para sí mismo las más abundantes y extraordinarias gracias y esas almas vinieron a consolarlo en su lecho de muerte, y a acompañarlo hasta el Cielo.


Este hecho es tan cierto que fue insertado por la Iglesia en la bula de decretaba su beatificación.


El Cardenal Baronio recuerda un evento similar.
Fue llamado a asistir a un moribundo. De repente, un ejército de espíritus benditos aparecieron en el lecho de muerte, consolaron al moribundo, y disiparon a los demonios que gemían, en un desesperado intento por lograr su ruina. Cuando el cardenal les preguntó quiénes eran, le respondieron que eran ocho mil almas que este hombre había liberado del Purgatorio gracias a sus oraciones y buenas obras. Fueron enviadas por Dios, según explicaron, para llevarlo al Cielo sin pasar un solo momento en el Purgatorio.


Santa Gertrudis fue ferozmente tentada por el demonio cuando estaba por morir. El espíritu demoníaco nos reserva una peligrosa y sutil tentación para nuestros últimos minutos. Como no pudo encontrar un asalto lo suficientemente inteligente para esta Santa, él pensó en molestarla su beatífica paz sugiriéndole que iba a pasar larguísimo tiempo en el Purgatorio puesto que ella desperdició sus propias indulgencias y sufragios en favor de otras almas. Pero Nuestro Señor, no contento con enviar sus Ángeles y las miles de almas que ella había liberado, fue en Persona para alejar a Satanás y confortar a su querida Santa. Él le dijo a Santa Gertrudis que a cambio de lo que ella había hecho por las ánimas benditas, le llevaría directo al Cielo y multiplicaría cientos de veces todos sus méritos.


El Beato Enrique Suso, de la Orden Dominicana, hizo un pacto con otro hermano de la Orden por el cual, cuando el primero de ellos muriera, el sobreviviente ofrecería dos Misas cada semana por su alma, y otras oraciones también. Sucedió que su compañero murió primero, y el Beato Enrique comenzó inmediatamente a ofrecer las prometidas Misas. Continuó diciéndolas por un largo tiempo. Al final, suficientemente seguro que su santamente muerto amigo había alcanzado el Cielo, cesó de ofrecer las Misas. Grande fue su arrepentimiento y consternación cuando el hermano muerto apareció frente a él sufriendo intensamente y reclamándole que no hubo celebrado las Misas prometidas. El Beato Enrique replicó con gran arrepentimiento que no continuó con las Misas, creyendo que su amigo seguramente estaría disfrutando de la Visión Beatífica pero agregó que siempre lo recordaba en sus oraciones. "Oh hermano Enrique, por favor dame las Misas, pues es la Preciosísima Sangre de Jesús lo que yo más necesito" lloraba la sufriente alma. El Beato recomenzó a ofrecerlas, y con redoblado fervor, ofreció Misas y ruegos por su amigo hasta que recibió absoluta certeza de su liberación. Luego fue su turno de recibir gracias y bendiciones de toda clase por parte de su querido hermano liberado, y muchas más veces que las que hubiera esperado.

Recopilado y corregido por José Gálvez Krüger para Aci prensa prensa: http://www.aciprensa.com/difuntos/difuntos9.htm

Fuente : www.infocatolicos.cjb.net

Oraciones por las Benditas Ánimas del Purgatorio



ORACIÓN PARA LA LIBERACIÓN DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO,
PENETRÁNDOSE EN LOS SENTIMIENTOS
DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES,
 CUANDO ELLA RECIBIÓ EN SUS BRAZOS A SU DIVINO HIJO


 ¡Oh Fuente Inagotable de Verdad, cómo estáis tan agotada!
 ¡Oh Sabio Doctor de los hombres, cómo te has vuelto mudo!
¡Oh Esplendor de la Luz Eterna, cómo estáis tan apagado!
 ¡Oh Amor Verdadero, cómo tu hermosa figura se ha deformado!
¡Oh Altísima Divinidad, cómo me haces ver a mí en una tan grande pobreza!
 ¡Oh Amor de mi corazón, cuán grande es Tu bondad!
¡Oh Delicia de mi corazón, cuán excesivos y múltiples han sido tus dolores!
 Señor mío Jesucristo, Tú que tienes en común con el Padre y el Espíritu Santo una sola y misma naturaleza,
ten piedad de toda criatura y principalmente de las almas del Purgatorio.
 Amén.
NOTA EXPLICATIVA - Esta oración fue aprobada por el Papa Inocencio XI (Papa de 1676 a 1689) que concedió la liberación de QUINCE ALMAS del Purgatorio cuantas veces se rece dicha oración).
 - Los Papas Clemente III (Papa de 1187 a 1191) y Benedicto XIV (Papa de 1724 a 1730) la enriquecieron con Indulgencia Plenaria.
- S.S. Pío IX (1792-1878; Papa desde 1846) confirmó esas disposiciones y agregó 100 días de indulgencia.
Se recomienda vivamente REZARLA TODOS LOS DÍAS E IMPLORAR GRACIAS PARTICULARES O ESPECIALES A CADA UNA DE LA QUINCE ALMAS LIBERADAS CADA VEZ.



ROSARIO "ANIMAS BENDITAS"


PRIMER MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre, en la noche de vuestra dolorosa Pasión y cruel agonía en el huerto de las Olivos.
Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
 
SEGUNDO MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre con el tormento de los crueles azotes que sufristeis amarrado a una columna.
Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos.
 
TERCER MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió Vuestro amantísimo Corazón y el de vuestra Purísima Madre con la cruel coronación de espinas, burlas y escarnios.
Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.



CUARTO MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre en el encuentro de la calle de la Amargura caminando con pesada cruz de nuestros pecados.
Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
 
QUINTO MISTERIO
Os suplicamos, Señor, saquéis tantas almas del purgatorio y convirtáis tantos pecadores, cuantas fueron las sensaciones de dolor que sufrió vuestro amantísimo corazón y el de vuestra Purísima Madre en las tres horas de mortal agonía y afrentosa muerte en la Cruz.
Y vosotras, almas santas, alcanzadnos del Señor las gracias que deseamos conseguir por intercesión de la Santísima Virgen, saludándola diez veces con la jaculatoria. ¡Oh María! sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.





ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO


Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ... (mencione su nombre) 
y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, y por la intercesión de la Santísima Virgen, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.


Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.


Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y mira con misericordia sus pecados pasados y de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.


Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.



Oración a Nuestra Señora Auxiliadora de las almas del purgatorio. 

Oh Gloriosa Virgen María, creemos que Dios os dio todas las gracias para suavizar las penas de las almas del purgatorio e
incluso para liberarlas, por eso acudimos a vos con confianza.

Oh Virgen María, venimos a llamar a la puerta de vuestro corazón maternal. Mirad las penas que enduran estas almas en el fuego purificador, mirad los tormentos de estas almas privadas de la visión de Dios, que Le vieron un corto instante, mirad la impotencia de estas para procurarse el mínimo alivio, mirad su resignación y su sumisión a la justicia divina.

Oh Madre de misericordia, os suplicamos,
visitéis estas pobres almas y les deis alivio y consuelo.

Oh Virgen poderosa, cuyos meritos so inmensos,
abreviad el tiempo de su expiación.

Oh Reina del cielo, nos atrevemos a pediros que liberéis 
todas las almas posibles, a cada una de vuestras visitas.

O Madre de bondad, os rogamos mas especialmente
por las almas olvidadas del purgatorio.
Amén



Oración a San Miguel Arcángel por las Almas del Purgatorio

Gran San Miguel, que Dios encargó de introducir en el cielo las almas
de los elegidos, te ruego por todos aquellos que quise y que ya no están.

Dignaos visitarles, asistirles y socorrerles en medio de las llamas que les queman, en la oscura prisión donde están.

Haced que Dios las admita lo más pronto posible
en el lugar del enfriamiento, de la luz y de la paz.

Y cuando venga para mi alma, la hora de bajar a esa oscura estancia, os conjuro, interceder por ella y venid ayudarla.
Amén.


Oración al Santo Cura de Ars por las Benditas Ánimas del Purgatorio


O Santo Cura de Ars, que Dios todopoderoso y misericordioso
te hizo admirable por tu celo apostólico y tu constante devoción a la oración y penitencia, obten de todos los sacerdotes, la misma virtud y celo apostólico.


Vos, que tuvisteis un corazón puro, interceded por todos los sacerdotes, para que conserven sin mancha el carácter de su ordenación.

Que obtengan y mantengan una admirable devoción a las Ánimas Benditas del purgatorio, y se dignen en ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por ellas durante toda su vida.


Que sean un ejemplo de firmeza en la fe e intrépidos en la propagación del Reinado de Nuestro Señor en la tierra.


Que propaguen sin desfallecer la Verdad revelada, y que extiendan entre sus feligreses el amor a la oración, en particular por las almas del purgatorio.


Os pedimos humildemente por vuestra intercesión,  que a través de nuestras oraciones, podamos aliviar las almas del purgatorio, en particular la de los sacerdotes, obispos y papas que aún permanecen en él.


Por Cristo Nuestro Señor. Amén.





En unión con las almas del Purgatorio



Rezar por ellas es un ida y vuelta, nosotros pedimos por ellas mientras que interceden por nosotros.
¡Cuantos misterios esconde la Voluntad de Dios!. Y muchos de ellos sólo se nos revelarán cuando ya sea tarde para corregir nuestro rumbo, y no nos quede otra opción más que someternos a la Justicia de Dios. ¡Si pudiéramos hablar con las almas purgantes, cuantos consejos nos darían!. Ellas nos enseñarían que la diferencia más grande entre el infierno y el Purgatorio radica en que mientras en el fuego eterno las almas blasfeman y rechazan a Dios (llevando al infinito el rechazo y odio que tuvieron en vida), en el Purgatorio las almas buscan y desean a Dios. Y es ese el mayor castigo: no tener a Dios. Pero también es el mayor consuelo el saber que lo tendrán, luego de purificarse y ser almas dignas de estar en el Reino, en Su Presencia por toda la eternidad.

Ellas nos dirían que no desperdiciemos la gracia de poder hacer que el sufrimiento sirva para evitar la purificación por la que ellas pasan, ya que mientras en vida las buenas obras, el amor y el dolor suman y preparan el alma, en el Purgatorio solo queda sufrir y esperar el momento de subir al Cielo. ¡Que desperdicio el nuestro!. Ellas nos ven malgastar nuestro día en banalidades que luego deberemos pagar, sometidos a la Justicia Perfecta de Dios. Y que nos dirían nuestros ángeles custodios, viendo que vamos camino al sufrimiento, como niños que irresponsablemente juegan al borde del precipicio, inconscientes del peligro que los acecha. Las almas purgantes y los ángeles son testigos de nuestros errores, y con enorme amor ruegan a Dios para que cambiemos nuestro rumbo y busquemos a Jesús, que lo deseemos con un corazón que reconoce que sólo Dios cuenta.





Imaginen que inútil aparece para estas almas todo nuestro superficial mundo, nuestras preocupaciones, mientras tenemos tiempo y la oportunidad de mostrarle a Dios que podemos entrar a Su Reino por el camino del Amor Perfecto, esto es, por medio de la fe, la esperanza y la caridad.

En el Purgatorio se ama, se ama sin limites, y se arrepiente el alma de tanta ceguera vivida en la vida terrenal. Ellas esperan el consuelo de María y de San Miguel, de los ángeles que acuden en su apoyo, recordándoles que después del sufrimiento tendrán la gloria de llegar al gozo infinito. Allí se pide oración: cuando ellos reciben el amor de los que aun estamos aquí hecho alabanza a Dios, no sólo se consuelan sino que acortan su sufrimiento. Y lo devuelven cuando llegan al Cielo, intercediendo por quienes los supieron ayudar a disminuir sus sufrimientos.

¿Quieres hacer un buen negocio, el mejor de todos?. Une tu alma a las de las almas purgantes, ora por ellas, siente que estás unido a su dolor y las consuelas, mientras ellas adquieren la luminosidad que les permita subir a la Gloria. Verás entonces que los dolores de aquí adquieren un significado distinto, son un trampolín para el crecimiento del alma, te hacen sentirte unido a Dios, trabajando para El. Pocas obras son tan agradables a Jesús y María como la oración de quienes se unen espiritualmente a las almas purgantes. Es un ida y vuelta, un fluir de alabanzas que sube y baja, y que ayuda tanto a unos como a otros.

Un día se escuchó, durante la segunda guerra mundial, una multitud aplaudiendo y aclamando en la iglesia de Santa María de la Gracia, en San Giovanni Rotondo. Pero a nadie se vio allí, por lo que los pocos que estaban presentes preguntaron a San Pío de Pietrelcina que había ocurrido. El les dijo: “he estado rezando durante muchos días por los soldados que mueren en el campo de batalla, y una multitud de ellos ha venido a agradecerme porque han salido del Purgatorio y han entrado al Cielo”. La oración de Pío, poderoso intercesor ante Dios, les había acortado el sufrimiento.

Oremos por las almas purgantes, porque serán ellas las que intercederán por nosotros cuando tengamos que purificar nuestra alma. Y serán entonces ellas las que nos darán la bienvenida al Cielo, cuando Dios en Su Infinita Misericordia nos conceda esa Gracia.

¡Trabajemos por ello, tenemos nuestra vida para lograrlo, ese es el sentido de nuestra presencia aquí!.

Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org

En unión con las almas del Purgatorio



Rezar por ellas es un ida y vuelta, nosotros pedimos por ellas mientras que interceden por nosotros.


¡Cuántos misterios esconde la Voluntad de Dios! Y muchos de ellos sólo se nos revelarán cuando ya sea tarde para corregir nuestro rumbo, y no nos quede otra opción más que someternos a la Justicia de Dios. 

¡Si pudiéramos hablar con las almas purgantes, cuántos consejos nos darían! Ellas nos enseñarían que la diferencia más grande entre el infierno y el Purgatorio radica en que mientras en el fuego eterno las almas blasfeman y rechazan a Dios (llevando al infinito el rechazo y odio que tuvieron en vida), en el Purgatorio las almas buscan y desean a Dios. Y es ése el mayor castigo: no tener a Dios. Pero también es el mayor consuelo el saber que lo tendrán, luego de purificarse y ser almas dignas de estar en el Reino, en Su Presencia por toda la eternidad.

Ellas nos dirían que no desperdiciemos la gracia de poder hacer que el sufrimiento sirva para evitar la purificación por la que ellas pasan, ya que mientras en vida las buenas obras, el amor y el dolor suman y preparan el alma, en el Purgatorio solo queda sufrir y esperar el momento de subir al Cielo. 


 ¡Qué desperdicio el nuestro! Ellas nos ven malgastar nuestro día en banalidades que luego deberemos pagar, sometidos a la Justicia Perfecta de Dios. Y que nos dirían nuestros ángeles custodios, viendo que vamos camino al sufrimiento, como niños que irresponsablemente juegan al borde del precipicio, inconscientes del peligro que los acecha. Las almas purgantes y los ángeles son testigos de nuestros errores, y con enorme amor ruegan a Dios para que cambiemos nuestro rumbo y busquemos a Jesús, que lo deseemos con un corazón que reconoce que sólo Dios cuenta.

Imaginen que inútil aparece para estas almas todo nuestro superficial mundo, nuestras preocupaciones, mientras tenemos tiempo y la oportunidad de mostrarle a Dios que podemos entrar a Su Reino por el camino del Amor Perfecto, esto es, por medio de la fe, la esperanza y la caridad.

En el Purgatorio se ama, se ama sin límites, y se arrepiente el alma de tanta ceguera vivida en la vida terrenal. Ellas esperan el consuelo de María y de San Miguel, de los ángeles que acuden en su apoyo, recordándoles que después del sufrimiento tendrán la gloria de llegar al gozo infinito. Allí se pide oración: cuando ellos reciben el amor de los que aún estamos aquí hecho alabanza a Dios, no sólo se consuelan sino que acortan su sufrimiento. Y lo devuelven cuando llegan al Cielo, intercediendo por quienes los supieron ayudar a disminuir sus sufrimientos. 


¿Quieres hacer un buen negocio, el mejor de todos?

Une tu alma a las de las almas purgantes, ora por ellas, siente que estás unido a su dolor y las consuelas, mientras ellas adquieren la luminosidad que les permita subir a la Gloria. Verás entonces que los dolores de aquí adquieren un significado distinto, son un trampolín para el crecimiento del alma, te hacen sentirte unido a Dios, trabajando para Él. Pocas obras son tan agradables a Jesús y María como la oración de quienes se unen espiritualmente a las almas purgantes. Es un ida y vuelta, un fluir de alabanzas que sube y baja, y que ayuda tanto a unos como a otros.

Un día se escuchó, durante la segunda guerra mundial, una multitud aplaudiendo y aclamando en la iglesia de Santa María de la Gracia, en San Giovanni Rotondo. Pero a nadie se vio allí, por lo que los pocos que estaban presentes preguntaron a San Pío de Pietrelcina qué había ocurrido. Él les dijo: “he estado rezando durante muchos días por los soldados que mueren en el campo de batalla, y una multitud de ellos ha venido a agradecerme porque han salido del Purgatorio y han entrado al Cielo”. La oración de Pío, poderoso intercesor ante Dios, les había acortado el sufrimiento.

Oremos por las almas purgantes, porque serán ellas las que intercederán por nosotros cuando tengamos que purificar nuestra alma. Y serán entonces ellas las que nos darán la bienvenida al Cielo, cuando Dios en Su Infinita Misericordia nos conceda esa Gracia.

¡Trabajemos por ello, tenemos nuestra vida para lograrlo, ese es el sentido de nuestra presencia aquí! 


  Imágenes Santísimo Cristo que se venera en la iglesia de Baredo-Baiona

 Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org
Fuente: catholic.net

FUEGO DE AMOR

EL PURGATORIO NO ES UN LUGAR, 
SINO
 “FUEGO DE AMOR”,
 DICE EL PAPA
S. S. BENEDICTO XVI dedica su catequesis a santa Catalina de Génova
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 12 de enero de 2011 (ZENIT.org).- El purgatorio no es tanto un “espacio” donde se purifican las almas, sino un “fuego interior” que purifica a la persona y la hace capaz de contemplar a Dios, afirmó hoy Benedicto XVI, durante la Audiencia General.
Como es habitual en los últimos meses, el Papa quiso dedicar su catequesis de hoy, dentro de la Audiencia General celebrada el Aula Pablo VI, a una mujer, santa Catalina de Génova, conocida sobre todo por sus reflexiones
 sobre la naturaleza del purgatorio.

Esta mujer italiana, que vivió en el siglo XVI, tuvo una fuerte experiencia interior de conversión que la llevó a renegar de la vida mundana que había llevado hasta entonces, dedicándose desde entonces al cuidado de los enfermos, hasta su muerte.
Catalina tuvo una serie de revelaciones místicas, que consignó en su Tratado sobre el purgatorio y el Diálogo 
entre el alma y el cuerpo.

Aunque nunca tuvo revelaciones particulares sobre el purgatorio, explicó el Papa, “ en los escritos inspirados por nuestra Santa es un elemento central, y la manera de describirlo tiene características originales respecto a su época”.
La santa describe el purgatorio no tanto como un “lugar”, como era habitual en su época: “no está presentado como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra:


Un cuadro piadoso del Purgatorio con la 
Santísima Trinidad y la intercesión de La Santísima Virgen. 


es un fuego no exterior, sino interior”.
“Esto es el purgatorio, un fuego interior”, subrayó el Papa.

La Santa, en sus escritos, “habla del camino de purificación del alma hacia la comunión plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios”.

Cuando Catalina, en el momento de su conversión, “siente de repente la bondad de Dios, la distancia infinita de su propia vida de esta bondad y un fuego abrasador dentro de ella. Y este es el fuego que purifica, es el fuego interior del purgatorio”.

Otra de las características de Catalina es que “no parte del más allá para narrar los tormentos del purgatorio – como era habitual en ese tiempo y quizás también hoy – y después indicar el camino para la purificación o la conversión”.
Al contrario, “parte de la experiencia propia interior de su vida en camino hacia la eternidad”.

“Catalina afirma que Dios es tan puro y santo que el alma con las manchas del pecado no puede encontrarse 
en presencia de la divina majestad”.

Si quieres puedes seguir leyendo este artículo que D. Javier ha publicado en el blog de la parroquia de Santa María de Baiona, con el que tanto aprendemos:

 
No te olvides de que DIOS, 
"que te creó sin ti, no te salvará sin ti"
Y si tienes devoción 
a NUESTRA SEÑORA 
LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, 
MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA, 
será un signo de predestinación,
 como lo han dicho muchos santos. 
Ánimo pues,
 y a no cesar en la lucha diaria. 
Que Dios y Santa María
 vengan en nuestro auxilio.
Amén. 
Franja.


Si quieres leer "La Recompensa de los Justos", un artículo creado por D. Javier y con un numeroso número de visitas debido al gran interés que despierta y al gran camino que enseña, entra en:

¿Cómo ayudar a alcanzar el cielo? Viaje virtual al Purgatorio.


Pensemos, antes que nada, en un día lluvioso en el que nos dirigimos a pie a una casa para visitar a unos amigos. Cuando llegamos, nos limpiamos los zapatos en la alfrombilla de la entrada, nos sacudimos un poco la ropa y el paraguas para que caiga el agua. Nuestra intención es, por tanto, entrar a esa casa sin manchar el suelo.

Pues bien, amigos. Cuando nos morimos, puede ocurrir una de las siguientes tres cosas: 
* Vamos al Cielo directamente.
* Vamos al Infierno.
* Vamos al Purgatorio. 

El Purgatorio es un estado en el que se encuentra la persona que ha muerto en gracia de Dios pero que no está plenamente purificada, y donde se es purificado para disfrutar plenamente de la presencia de Dios. 

Se trata de una persona salvada que vive en el amor de Dios y la salvación pero no de una manera plena, ya que ha de esperar ese encuentro hasta que esté preparado, es decir, cuando haya sido perfectamente purificado. Por tanto, tenemos que estar impecablemente limpios para entrar en el Cielo.


¿En qué consiste el Purgatorio?  

Básicamente, se trata de ver una y otra vez, como si de una película se tratase, ciertos pecados que hemos cometido (errores u omisiones) durante nuestra vida. El dolor y la humillación de verlos repetidamente nos provocará sufrimientos.

Alguno puede pensar: ¿Pero dónde se refleja en la Biblia el Purgatorio? 

Aunque no aparece la palabra literalmente, sí que se muestra el concepto en múltiples pasajes bíblicos. San Pablo, por ejemplo, nos narra lo siguiente respecto al día del juicio, refiriéndose con la palabra "fuego" al concepto del "Purgatorio":

"Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. Si lo que has construido resiste el fuego, será premiado. Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará pero no sin pasar por el fuego". (1 Cor 3,13-15).


La "obra" simboliza lo que hemos hecho durante nuestra existencia. Lo que quiere decir San Pablo es que la persona irá al Cielo directamente o bien, se salvará, pero pasando previamente por el fuego, símbolo de purificación (Purgatorio). 

Pensemos ahora en un ser querido que ha tenido que emigrar a otro continente y no tenemos medios actualmente para ir a verle. Esta persona sufre de no poder disfrutar de la presencia del ser querido, pero le ama y sabe que lo volverá a ver pasado un tiempo. Del mismo modo, la persona que está en el Purgatorio tiene la esperanza de que un día podrá estar con Dios, pero mientras se prepara para ese encuentro, sufre por no poder acompañarle. 

Ahora, ustedes se estarán preguntando quizás qué han de hacer para minimizar su estancia en el Purgatorio. Evidentemente, además de ser buenos católicos, hay que hacer algo más. Les voy a contar "el plan de fuga":


¿Conocen el Escapulario

 El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Nos lo dio la Santísima Virgen. Se lo entregó al General de la Orden del Carmen, San Simón Stock, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: «Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno».


Alude a este hecho el Papa Pío XII cuando dice: «No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen». 

El llamado "Privilegio sabatino", reconocido por el Papa Pío XII, consiste en que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expíen en el Purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la patria celestial lo antes posible, o, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte. De esta forma, el tiempo de estancia en el Purgatorio sería como mucho, de siete días.

Si desean saber más sobre el Escapulario, visiten: http://webcatolicodejavier.org/escapulario.html

Supongo que a estas alturas del artículo, ya deben imaginarse que yo llevo un escapulario. ¡En efecto! Les recomiendo que visiten el monasterio o parroquia Carmelita más cercana y soliciten también la imposición de un escapulario a un sacerdote.

¿Necesitan nuestra oración las almas del Purgatorio? 

La respuesta es afirmativa. Hemos de pedir por ellas al Señor, a la Virgen María y a algunos Santos para que las benditas almas  salgan pronto del Purgatorio. 


El abogado de las almas del Purgatorio es San Nicolás de Torentino. 

Podemos rezarle con la siguiente oración:

¡Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mi, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas. Amén.


También podemos dirigirnos al Señor de la siguiente forma en favor de las almas del Purgatorio:

Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.
Javier López
Web Católico de Javier
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